EL FUTURO DE LAS MOTOS
Kawasaki se inventa una moto que no tiene ruedas, sino patas, y que planea vender
Kawasaki llevará al Salón de Milán una sorprendente moto de cuatro patas que funciona con hidrógeno y que pretende comercializar en 2035.

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Estamos acostumbrados a ver prototipos de motocicletas futuristas que nunca llegan a producirse. Pero Kawasaki parece dispuesta a ir mucho más lejos. La marca japonesa ha desarrollado una especie de moto que, en lugar de ruedas, tiene cuatro patas robóticas. Se llama Kawasaki CORLEO, funciona con hidrógeno y, aunque parezca sacada de una película de ciencia ficción, la compañía ya tiene planes para comercializarla.
El CORLEO no es exactamente una motocicleta, aunque comparte con ellas buena parte de su filosofía. Es un vehículo diseñado para desplazarse por terrenos donde incluso las motos de enduro tendrían dificultades, como montañas, superficies rocosas o caminos especialmente accidentados. Y lo más sorprendente es que se conduce como si estuvieras montando a caballo.

El fabricante japonés exhibirá una maqueta a tamaño real durante el EICMA 2026, el Salón Internacional de la Motocicleta de Milán, que se celebra del 5 al 8 de noviembre. No será todavía un prototipo funcional, pero sí una oportunidad para conocer las verdaderas dimensiones de un proyecto que Kawasaki quiere convertir en realidad comercial en 2035.
Una moto con cuatro patas que se conduce como un caballo
La idea detrás del Kawasaki CORLEO es relativamente sencilla de explicar, aunque tremendamente compleja de ejecutar: sustituir las ruedas por cuatro extremidades robóticas capaces de adaptarse a las irregularidades del terreno.
Cada pata incorpora mecanismos independientes de movimiento y termina en una especie de pezuña de goma dividida en dos partes, diseñada para proporcionar agarre sobre diferentes superficies. Además, las patas traseras emplean soluciones inspiradas en los basculantes de las motocicletas para absorber los movimientos del terreno y mejorar la estabilidad.
Pero hay algo todavía más curioso. El conductor no necesita un acelerador ni un manillar convencional para dirigirlo. Kawasaki plantea un sistema que interpreta los desplazamientos del peso corporal del ocupante, de manera parecida a como un jinete controla su montura. Al inclinarse o modificar su postura, el usuario transmite las órdenes al vehículo.
Naturalmente, el CORLEO necesitará sistemas electrónicos que coordinen continuamente sus cuatro patas para mantener el equilibrio, avanzar y superar obstáculos. Es precisamente esa combinación de robótica y experiencia en motocicletas lo que Kawasaki considera una de las grandes fortalezas del proyecto.

Un motor de hidrógeno de 150 centímetros cúbicos
Otra de las particularidades del CORLEO está en su sistema de propulsión. En lugar de utilizar un motor de gasolina convencional o una batería como fuente principal de energía, Kawasaki propone un motor de combustión de hidrógeno de 150 centímetros cúbicos.
Su función no es mover directamente las patas mediante una transmisión mecánica. El motor genera electricidad que alimenta las unidades de accionamiento encargadas de mover las extremidades. El hidrógeno se almacena en depósitos situados en la parte trasera del vehículo.
Es una solución diferente a la de las pilas de combustible, que producen electricidad mediante una reacción electroquímica. El interés de los fabricantes japoneses por este combustible no es nuevo. De hecho, Toyota también está investigando motos de hidrógeno con depósitos intercambiables, aunque con un planteamiento tecnológico distinto.

Kawasaki quiere venderlo en 2035, pero todavía quedan desafíos
Lo que diferencia al CORLEO de muchos otros vehículos conceptuales es que Kawasaki ha establecido una hoja de ruta para llevarlo al mercado. En 2027 pretende disponer de un simulador de conducción y en 2030 espera presentar una versión que ya pueda utilizarse físicamente, coincidiendo con la Exposición Universal de Riad.
Su objetivo es comenzar la comercialización alrededor de 2035, principalmente para aplicaciones turísticas y recreativas. También está desarrollando un sistema de navegación capaz de analizar las condiciones meteorológicas, el estado del terreno e incluso la presencia de animales salvajes para recomendar recorridos seguros.

Eso sí, todavía faltan respuestas importantes. Kawasaki no ha anunciado su precio, autonomía, velocidad máxima ni capacidad real para superar obstáculos. Tampoco ha demostrado públicamente todas las funciones que promete su desarrollo.
Por tanto, no estamos ante una motocicleta que vaya a sustituir a las convencionales, sino ante una nueva forma de movilidad que podría permitir explorar lugares hasta ahora inaccesibles para los vehículos con ruedas. La gran pregunta ya no es únicamente si Kawasaki conseguirá fabricarla, sino cuánto costará tener una montura robótica en el garaje.
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