Antonio tiene 80 años y aún lo recuerda con ilusión: "De chico me hicieron un traje, de pantalón corto y chaqueta. Con él hice la Primera Comunión, pero me sirvió para todo. Ese era 'El TRAJE'".

Relata, con una sonrisa, que ponerse 'EL TRAJE' era indicativo de que ese día había fiesta o algún acontecimiento importante. Su madre hacía la ropa en casa y las prendas pasaban de unos a otros. No se tiraba nada. "No había estos derroches de usar y tirar, en absoluto", asegura.

Ahora las cosas son bien distintas. En 2018 los españoles gastamos en ropa una media de 565 euros, según un informe de la EAE Business School. Actualmente estamos comprando un 60% más de ropa que a principios de siglo, según Greenpeace. Y si nada cambia, el consumo de ropa aumentará todavía más: de 62 millones de toneladas en 2017 a 102 millones de toneladas en 2030, un 63% más.

Mayor gasto en ropa

María Salud no es experta en moda ni trabaja en la industria textil, pero a sus 83 años lo tiene muy claro: "Mucha gente se deja llevar, todos queremos aparentar más. El que se sale de la norma es el raro". A ella también le hacía la ropa su madre, al igual que a sus hermanos: "Nos cosía los vestidos a mi hermana y a mí, y los pantalones a mi hermano", recuerda.

María Salud y Antonio son dos de las personas que viven en Trabensol, un centro social de convivencia para mayores situado en Torremocha de Jarama, Madrid. laSexta les ha visitado y ha conversado con ellos sobre la situación de emergencia climática y el impacto medioambiental que está generando la industria textil.

María Salud nos enseña orgullosa su máquina de coser: "Yo les he hecho la ropa a mis cuatro hijos. Se aprovechaba todo".

María Salud en su vivienda del centro social de convivencia Trabensol | Sara Campos Román

Ella nació en Murcia, aunque con tres años se fue a vivir a Madrid. Explica que en esa época existía la figura de los 'teleros' que "iban por las casas con un atillo lleno de telas y se las comprabas para hacerte la ropa". Eran tiempos en los que la necesidad de las familias marcaba las temporadas, un tiempo en el que el concepto 'fast-fashion' ni se avistaba.

"Las empresas que siguen el modelo 'fast-fashion' lanzan una colección a la semana", apuntan desde el ISEM

En la actualidad, las grandes marcas crean entre seis y ocho temporadas al año, frente al ritmo de dos o cuatro colecciones de los primeros años del sector. Es lo que se conoce como 'moda rápida', un modelo de negocio que actualmente mueve millones.

"Las empresas que siguen el modelo 'fast-fashion' están lanzando una colección a la semana", apunta David Luquin, director de Atelier by ISEM (Instituto Superior de Empresa y Moda de Navarra). Pero, ¿de verdad necesitamos tanta ropa? Luquin nos contesta rotundo: "La demanda ahora la está marcando Zara, es quien dice lo que hay que comprar. Fue quien nos trajo la revolución 'fast-fashion'".

Menor vida útil de las prendas

Al tiempo que aumenta la producción, la vida útil de la ropa se ha reducido a la mitad y si te pones esa prenda, tan sólo lo harás una media de tres veces. "Esto nos lleva a una crítica para todos, más allá de la gente joven. En este modelo de vida basado en las redes sociales nadie quiere repetir ropa. Es un modelo que no es sostenible", añade Luquin.

Si cada persona estirara la vida de sus prendas de uno a dos años, las emisiones se reducirían un 24%

Greenpeace calcula que si cada persona estirara la vida útil de sus prendas de uno a dos años, las emisiones contaminantes se reducirían un 24%.

Antonio hace 20 años que no se compra un traje. Cuando le mostramos los datos sobre la vida útil de las prendas reconoce que a él "le cuesta tirar una camisa": "Si tiene el cuello rozado se lo corto y la sigo utilizando, digo: oye, moda 'cuello mao'", bromea.

Antes de marcharse a Madrid en los años 50, Antonio vivió en su pueblo natal: Monterrubio de la Serena, en Extremadura. Recuerda que allí una vecina tenía en casa una máquina de tejer e incluso hacía calcetines. "Las camisas se remendaban. Las medias de nylon se zurcían y también los calcetines. Ahora directamente se tiran", afirma indignado. Un enfado, el de los calcetines, que también comparte María Salud: "¡Ahora nadie cose calcetines!".

Cuatro de cada 10 prendas de nuestro armario nunca se usan | Sara Campos Román

De 'usar y tirar'

El modelo de la industria textil, tal y como lo conocemos, comenzó en los años 70 con un fenómeno al que se llamó deslocalización. Las grandes multinacionales, americanas y europeas, querían vender más ropa y decidieron abaratar los costes trasladando los centros de producción a países sin derechos laborales y con salarios precarios.

Las principales firmas trasladaron la producción de ropa a China, Camboya, India, Vietnam y Bangladesh. Gracias a este modelo, la industria textil logró duplicar su producción, llegando a fabricar 150.000 millones de prendas al año.

Este modelo ha propiciado que el precio de la ropa caiga, pero también ha aumentado la cantidad de prendas que desechamos. En España, cada persona genera 14 kilos de residuos textiles al año y el 85% de la ropa que no se utiliza acaba en un vertedero. Según la ONU, cada segundo se entierra o quema una cantidad de ropa equivalente a un camión de basura.

La industria textil, la segunda más contaminante después del petróleo | Sara Campos Román

Para que te hagas una idea, según datos de Greenpeace, en EEUU los 13,1 millones de toneladas de productos textiles generados en 2010 supusieron un 5,3% de los residuos municipales. Y de eso hace casi una década.

Jaime Moreno tiene unos cuantos años más, 83 para ser exactos. Toda su vida se ha dedicado al periodismo y a la televisión, NO-DO incluido. Recuerda que antes "la ropa vieja se convertía en trapos" y "se utilizaba para hacer papel".

Añade que, a la hora de desechar la ropa, "porque al final se rompía del uso", entraba en juego el trueque: "A la ciudad venía gente en burros con cacharros hechos en barro que se cambiaban por ropa vieja. Las mujeres eran las encargadas de regatear y hacer el trueque", explica sin dejar de atusarse su barba blanca.

De la lana, al poliéster y la viscosa

Los materiales de fabricación también han cambiado, y mucho. Algo que tampoco ayuda a reducir el impacto medioambiental. Antonio apunta que, siendo él niño, la ropa se hacía de algodón, lana y lino: "Eran la base del textil. Mi madre en casa hacía muchos jerseys y rebecas".

Le preguntamos por el primer material sintético o plástico que recuerda y Antonio nos habla del Plexiglás: "Se hacían los impermeables, los paraguas. Se utilizó incluso como elemento erótico para vestir a las mujeres", detalla.

Lo cierto es que, según nos explican desde el ISEM, el primer material sintético que se empleó en la moda fue el nylon. “Es curioso que se acuerden del Plexiglás, un material brillante, utilizado para realizar corpiños y sí, también chubasqueros”, añade el director de Atelier by ISEM.

Ahora, según el informe 'Moda sucia' de Ecologistas en Acción realizado en 2017, algunas de las marcas de ropa más importantes se abastecen de viscosa proveniente de fábricas asiáticas que están causando grandes estragos medioambientales.

Los ecologistas denuncian que las fábricas de viscosa, elemento utilizado para dar ligereza a las prendas, están vertiendo aguas residuales tóxicas en los cursos de agua locales, destrozando la vida marina y exponiendo a los empleados y a la población a sustancias químicas perjudiciales.

En Bangladesh los ríos se tiñen del color de la temporada como consecuencia de los aguas residuales.

Los materiales de fabricación de la ropa también han cambiado, y mucho | Sara Campos Román

Vaqueros, tóxicos y con bien de agua

Para producir un kilo de algodón se necesitan 10.000 litros de agua, lo que convierte a la industria textil en la segunda más contaminante después del petróleo.

Confeccionar unos vaqueros requiere unos 7.500 litros de agua, lo que bebe una persona en 7 años

Según la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), confeccionar unos vaqueros requiere unos 7.500 litros de agua, el equivalente a la cantidad que bebe una persona promedio en siete años.

Así, la industria textil consume cada año 93.000 millones de metros cúbicos de agua, un volumen suficiente para satisfacer las necesidades de cinco millones de personas.

Con esos datos, y en favor del ahorro, el experto medioambiental Miguel Aguado recomienda lavar los vaqueros con un programa de agua fría (menos de 30 grados). Asegura que así se puede llegar a ahorrar 1.000 litros de agua (del total que supone su confección) por cada pantalón.

Desde el ISEM afirman que las marcas están "preocupadas" y apuntan que ya hay tecnologías que permiten lavar un denim con 20 litros en vez de 10.000 o 20.000 o realizar el acabado de un jean utilizando solamente un vaso de agua, “como las que usa la marca Jeanología, empresa que está en Valencia”. Las principales marcas de vaqueros, como Levi’s, H&M o Inditex, ya utilizan las máquinas de esta empresa española.

Sin embargo, a día de hoy, no hay una forma sostenible para poder desechar un vaquero. “No existe una tecnología industrial eficiente para separar los tejidos y poderlos reutilizar”, matiza David Luquin (ISEM).

A Antonio, María Salud y Jaime estas cifras y datos les indignan sobremanera. Son de una generación en la que "no había duchas" y los baños se hacían en grupo: "Lo normal era usar un gran barreño donde los chavales se bañaban por orden. Se usaba ese mismo barreño para todos, empezando por el hermano pequeño", explica Jaime. "Ese agua luego se reutilizaba para el váter", añade María Salud.

No sólo los vaqueros, la confección y producción del resto de prendas también implica el uso de litros y litros de agua. Así, la fabricación de una camisa conlleva un gasto de entre 1.000 o 1.500 litros de agua, dependiendo de si está realizada en fibra sintética o en algodón.

Ropa para ti, comida para los peces

Más datos para el desaliento. Según la Agencia de Medio Ambiente de la ONU, la producción y distribución mundial de ropa y calzado genera el 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Como consecuencia de la deslocalización, la ropa tiene que recorrer miles de kilómetros antes de llegar a nuestra tiendas.

"Si continuamos trabajando con el enfoque de negocio actual, las emisiones de gases contaminantes de esta industria aumentarán casi un 50% para 2030", advierte Elisa Tonda, jefa de la Unidad de Consumo y Producción del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA).

El poliéster contamina nuestras aguas, libera un millón de fibras microplásticas en un solo lavado

Una vez tenemos la prenda en nuestro armario, la agresión al planeta continúa. Un tejido como el poliéster contamina nuestras aguas cuando lo metemos en la lavadora, liberando hasta un millón de fibras microplásticas en un solo lavado. "A través de los lavados se va desgranando, convirtiéndose en micropartículas de plástico que acaban en los océanos", explica Celia Ojeda, responsable de la campaña de consumo de Greenpeace.

Un dato que también conoce Antonio, cuya conciencia medioambiental ya nos queda clara a estas alturas del reportaje: "La ropa nos retorna. Las depuradoras no están preparadas para filtrar esas microfibras, que acaban siendo alimento para el plancton, que a su vez sirve de alimento a otros peces. La cadena se completa y nos llega a nosotros. Es un hecho", sentencia.

María Salud reconoce que antes "no se lavaba tanto la ropa", pero "porque se tenían menos prendas". Eso sí, explica que para hacerlo se empleaba un jabón casero hecho con aceite o grasa animal. Ella recuerda que su madre lo hacía en casa.

No te olvides los zapatos

Al hablar de la industria textil también estamos incluyendo en los datos el calzado, cuya confección puede suponer (si son de piel) 4.400 litros de agua. Antonio también recuerda que su calzado consistía en un par de zapatos. "Vine a Madrid y me compraron unos en Segarra. Esos zapatos debieron ser eternos, me hicieron un callo que todavía tengo en el pie", relata.

La confección de unos zapatos puede suponer 4.400 litros de agua | Sara Campos Román

Según indica ASIRTEX, la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil, el año 2025 es la fecha tope fijada por la Comisión Europea para que todos los Estados miembros hayan implantado un sistema de recogida separada de ropa y calzado usados.

Desde la asociación apuntan a que "ya existen numerosas localidades que disponen de equipos en la vía pública para su recogida selectiva", pero consideran que no son suficientes.

"Para mi el 'fast-fashion' tiene un problema de credibilidad. Nos vamos a empezar a cuestionar si lo que estamos haciendo está bien", añade David Luquin (ISEM), que asegura que "Zara tiene en la agenda como prioridad absoluta abordar toda la parte de sostenibilidad. Pero como Inditex, todas las marcas".

Sin embargo, para Antonio, el problema radica en la "falta de conciencia": "Ojalá la humanidad pudiera dedicar todos sus esfuerzos y recursos a conocer mejor nuestro entorno, nuestro medio ambiente. No se trata de producir para usar y tirar, usar y tirar", reflexiona.

Así, cada vez que vayamos a comprar, deberíamos preguntarnos qué hay detrás de esa camiseta o ese pantalón y cuál es el coste que paga el planeta para que estrenes nuevo look.