8.00 de la mañana. Sales de casa, arrancas el coche y pones rumbo al trabajo. Congestión en las calles, lo habitual: kilómetros de coches inundan las carreteras de las principales ciudades españolas en hora punta. Parada en medio del atasco te da tiempo a observar: una persona en cada coche, como mucho dos.

Sumida en mitad de un bosque de vehículos, reflexionas sobre la cantidad de coches que hay: casi 5 millones de vehículos están en circulación en Madrid; en España, la cifra se eleva por encima de los 33 millones, según la Dirección General de Tráfico. Por fin arrancas y una gran nube de humo sale del tubo de escape del coche de delante. Toses, cierras el circuito del aire y continuas.

10.00 de la mañana. A 60 kilómetros de Madrid, en Torremocha de Jarama, nos recibe Antonio Zugasti. laSexta ha viajado hasta el centro social de convivencia para mayores 'Trabensol' para conversar sobre la situación de emergencia climática y reflexionar sobre cómo hemos cambiado.

Antonio tiene 86 años y aún suspira recordando el cielo que veía desde su hogar de infancia en el centro de Madrid: "Me quedaba extasiado. Se veían las estrellas hace 75 años. Ahora es inútil intentarlo", explica resignado.

Las cantidades de gases contaminantes que desprenden los vehículos, sumado a la contaminación lumínica, no permiten que ni Antonio ni nadie pueda observar el firmamento con claridad desde el centro de la capital.

Antonio Zugasti fue mecánico de Iberia durante más de 20 años | Sara Campos Román

Atascos: hoy y siempre

Cuantos más coches, más contaminación. Eso es evidente. Pero ni los atascos son nuevos ni se han inventado ahora: "Ya en los años 70 eran gordísimos", asegura Antonio, que incluso dejó "de subir los domingos a la sierra madrileña por los atascos en el viaje de regreso".

Mientras que la mayoría de sectores han reducido sus emisiones, las del transporte han aumentado

Han pasado muchos años y pese a las mejoras tecnológicas, el transporte es una de las principales fuentes de contaminación atmosférica en las ciudades. Mientras que la mayoría de los sectores económicos han reducido las emisiones desde 1990, las producidas por el transporte han aumentado, según la Agencia Europea de Medio Ambiente.

"Piensan que el problema ecológico se va a paliar con los adelantos tecnológicos, pero eso no es así", dice Antonio que, además de acumular años de experiencia, fue mecánico de Iberia durante más de 20 años. Asegura que es necesario un cambio profundo de mentalidad.

Y este mecánico lleva parte de razón, los avances tecnológicos no han conseguido evitar la contaminación, aunque se ha prosperado. Por ejemplo, "un coche diésel de 1997 emite las mismas partículas contaminantes que más de 30 coches actuales", explica Xavier Querol, investigador del CSIC, que lidera Airuse, un programa europeo enfocado a mejorar la calidad del aire de las ciudades del sur de Europa.

¿Sabes lo que respiras?

En los últimos años, la calidad del aire en España ha mejorado mucho, el número de zonas que superan el valor límite diario de partículas en suspensión ha descendido de 46 en 2005 a una sola en 2018, según el Informe de Evaluación de la Calidad del Aire en España.

Después de años trabajando para reducir las emisiones de la industria, las centrales térmicas, las obras, las calefacciones… Cumplimos con la directiva europea en materia de partículas, un dato positivo a la vez que engañoso. Como explica Querol, España cumple la normativa de partículas "porque los valores son muy permisivos", el doble de los marcados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) a partir de los cuales comienzan a detectarse efectos en la salud.

Las partículas en suspensión causan 374.000 muertes prematuras al año

Para entender realmente lo que significa esta situación, hay que explicar que las partículas en suspensión son las causantes de 374.000 muertes prematuras al año, el óxido de nitrógeno (NO2) se cobra 68.999 muertes y el ozono 16.000; los otros dos contaminantes críticos que respiramos en nuestras ciudades.

Hay coches de 2018 muy contaminantes en óxido de nitrógeno, después del fraude de los motores diésel | Sara Campos Román

"Los efectos a nivel respiratorio y circulatorio ya son tradicionales"

Cristina Linares, científica de la Escuela Nacional de Sanidad en el Instituto de Salud Carlos III, lleva más de veinte años investigando la relación entre contaminación atmosférica y salud. Para la comunidad científica este vínculo está más que demostrado: "Los efectos a nivel respiratorio y circulatorio ya son tradicionales", asegura Linares.

La letalidad de las partículas radica en su tamaño, "cuanto más pequeñas, más tóxicas porque más profundo penetran en el organismo". Lo afirma Linares y lo corrobora Querol, que insiste en que las más dañinas son las que miden 2,5 micras, "cuarenta veces más pequeñas que un cabello", y las ultrafinas, de menos de una micra.

Son tan pequeñas que una vez son inhaladas pueden llegar a cualquier órgano, incluso alcanzar los alvéolos pulmonares y pasar a la sangre con gran facilidad.

Irritación de ojos, dolores de cabeza, empeoramiento de infecciones respiratorias como neumonía, bronquitis o gripe son algunos de los efectos 'típicos' de la contaminación atmosférica. También otros más graves como contribuir a ser el factor precipitante de enfermedades respiratorias, circulatorias y algunos tipos de cáncer.

Cada día que pasa se descubren nuevas consecuencias: "Ahora se están estudiando la participación de la afectación atmosférica en enfermedades como el alzheimer o la obesidad, en problemas de ansiedad y depresión y en otros tipos de cáncer que no sea de pulmón", desarrolla Linares.

"Puedes elegir fumar o no fumar, pero no puedes dejar de respirar. El aire tiene que ser una cuestión pública como lo es el agua potable"

La alergia al polen es una de las afecciones que más ha crecido en las ciudades en los últimos años y en esto también tiene mucho que ver la contaminación: "Las partículas tóxicas aumentan hasta en 27 veces el poder alergénico del polen", alerta Linares.

Un problema de salud pública

Una persona respira 11.000 litros de aire al día, con todos los contaminantes que haya en el ambiente, y no puede dejar de hacerlo. "Es un problema de salud pública. Puedes elegir fumar o no fumar, pero no puedes dejar de respirar", denuncia Linares. "El aire tiene que ser una cuestión pública como lo es el consumir agua potable", sentencia.

La investigadora insiste en que ni el cambio climático ni los efectos de la contaminación en la salud son "cuestión de fe", sino el resultado de años de investigaciones: "Es una emergencia sanitaria: no es una opinión, es un dato", reitera.

Para paliar los efectos de la contaminación del aire es esencial reducir el número de vehículos en nuestras calles. Se tiende a pensar que la contaminación del aire proviene solo del tubo de escape del tráfico rodado, pero "alrededor de un 25-30%" de las partículas se desprenden de la abrasión de los neumáticos con el asfalto y el desgaste de los frenos, enumera Querol.

Los vehículos no contaminan solo a través del tubo de escape, también del desgaste de frenos y neumáticos. | Sara Campos Román

"Madrid Central: pequeño, pero matón"

- ¿Estáis contentos con Madrid Central? Sí, lo estamos.

- ¿Va a resolver Madrid Central el problema? No.

Xavier Querol se anticipa a nuestras preguntas y contesta: "Madrid Central ni lo solucionaba todo, ni es tan malo para eliminarlo; suspender Madrid Central es un atraso".

El área de restricción de Madrid Central era pequeña (4,5 kilómetros cuadrados), pero muy ambiciosa, para la comunidad científica era un avance muy importante. Querol considera que ese área debería conservarse y sumar "otras capas alrededor, con restricciones menos intensas hasta alcanzar los 100 km2".

Los efectos en salud de Madrid Central no iban a "ser vigilables", por eso, para Linares, el mayor logro de Madrid Central era su capacidad para educar a la ciudadanía, "para que entendiese que la contaminación es un problema de salud pública".

"Madrid Central es un arma política y, además, arrojadiza"

Sin embargo, la superficie restrictiva de la capital se convirtió en un "arma política y, además, arrojadiza", protesta Linares. Ahora, parece que la situación se puede remendar en Barcelona. El 1 de enero del 2020 se pondrá en marcha una zona de bajas emisiones de 95 kilómetros cuadrados, sin duda, un avance en nuestro país.

Aunque Querol mantiene la cautela y recuerda que "la misma medida entró en vigor el 1 de enero de 2010 en 50 ciudades alemanas. Llegamos con 10 años de retraso con respecto a Europa".

Tanto las medidas tomadas en Madrid, como las que se tomarán en Barcelona, sirven para reducir la cantidad de partículas en suspensión, "pero para NO2 son mucho menos efectivas", asegura Querol.

Durante el fraude de los motores diésel, entre los años 2005-2019 las marcas de coches no utilizaron toda la tecnología que tenían a su alcance para "reducir emisiones de NO2, entonces hay coches de 2018 muy contaminantes en óxido de nitrógeno", explica Querol.

Coche, tren o avión: tú eliges lo que contaminas

¿Cuántas veces has viajado en avión en este año? Lo más probable es que la cifra sea elevada, sobre todo con respecto a tus familiares de mayor edad. Las compañías low cost han bajado tanto el precio de los vuelos que, muchas veces, es más barato coger un avión que un tren.

Este ejemplo es clave para Querol: "El uso de las vías aéreas de las compañías low cost se ha hecho sin criterios ambientales y de sostenibilidad para poder parar el cambio climático".

El transporte aéreo ha experimentado un enorme crecimiento en los últimos años. En 2018, a nivel mundial, 4.400 millones de pasajeros surcaron los cielos, 284 millones de trayectos más que en 2017. Solo en el pasado mes de julio, Flightradar24, plataforma que muestra el tráfico aéreo en tiempo real, contabilizó 230.000 desplazamientos de forma simultánea. Un dato que dibuja a la perfección el crecimiento exponencial de los viajes aéreos.

 

El año pasado, Ryanair entró en el top 10 de las empresas europeas con más emisiones de CO2 compartiendo ranking con centrales eléctricas y plantas industriales. Pero no fue la única, el crecimiento de las emisiones fue desorbitado en todo el sector. Otras compañías de bajo coste como Easyjet y WizzAir aumentaron en un 11% sus emisiones, según datos de la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente.

El NO2 provoca unas 70.000 muertes prematuras al año en Europa

Los vuelos son una fuente importante de Óxido de Nitrógeno, culpable de casi 70.000 muertes prematuras en Europa, según la Agencia Europea de Medio Ambiente. Pero también de gases efecto invernadero que, aunque no inciden directamente en la salud, son los culpables del calentamiento global.

Ante esta situación, gran parte de la sociedad ya ha comenzado a tomar conciencia. Para recorrer los 630 kilómetros que separan Madrid de Barcelona, podemos elegir contaminar 180 kilos de CO2 en avión, 100 kilos de CO2 en un coche de gasolina o 9 kilos de CO2 en tren. Puedes consultar otras rutas y saber cuánto contamina una sola persona viajando en avión, autobús, coche o tren.

Controlar y ser conscientes de nuestra huella de carbono es solo es un pequeño gesto que influye en la deriva del mundo, pero que no es nada sin el apoyo de los Estados y las empresas. "Tenemos que utilizar muchísimo más el transporte público y electrificar la flota, pero en paralelo tenemos que hacer una transición a las energías renovables", concluye Querol.