Nunca me creí a Rufián. Pero hice el esfuerzo de ir a escucharlo al acto en Madrid con Emilio Delgado para ver si su movimiento por el entendimiento de todas las izquierdas era sincero. Me bastaron dos frases para entender cuál era la estrategia y darme cuenta de que lo único que buscaba era quitarse competencia en la izquierda en Barcelona mientras buscaba repetir con ERC en un momento en el que la interna en su partido era muy fiera. Hay que reconocerle que ha sido un vendedor de humo efectivo porque ha conseguido labrarse un importante capital político dentro de las izquierdas sin renegar de su independentismo.

No hay que desdeñar que hasta hubo un momento en el que había quien se creía de manera sincera que podría liderar un espacio en la izquierda española. Era todo emoción, porque cada vez que abría la boca y tenía que concretar, se le veían las costuras a su plan, pero aun así no creía que su intención fuera dañina para los intereses de la izquierda; eso es cierto, que nunca lo creí, me parecía de intelectualidad difusa y efectista, pero no le veía una doble cara malintencionada. Ahora sí. Ahora sí creo que su intención era destruir la posibilidad de una izquierda poscomunista con posibilidades de cara al próximo ciclo electoral para beneficiarse personalmente.

Gabriel Rufián, como ERC, siempre ha tenido como objetivo eliminarse la competencia en Cataluña, y los Comunes siempre han sido el verdadero motivo de toda esta campañita que ha hecho durante todos estos meses camelando a incautos que se creían que sus intenciones de llevar a término un verdadero proyecto confederal eran sinceras.

La desafección en la izquierda se produce sobre todo por maniobras aparateras como las de Gabriel Rufián, que por encima de todo han buscado su beneficio personal en detrimento del colectivo después de meses dando lecciones a los demás de responsabilidad ante un ciclo histórico. Su maniobra también facilitará el advenimiento de un gobierno de PP y Vox, aunque se busque algún circunloquio simple y populachero para decir lo contrario.

La memoria es muy corta, pero nos hemos olvidado de cómo desde Moncloa se propulsó como líder a Gabriel Rufián para esa izquierda, siendo sabedores de que eso jamás iba a producirse, pero conscientes de que el nuevo ciclo electoral estaba perdido. Se tenía como fin último acabar con las opciones de la izquierda poscomunista y así el PSOE fagocitar todo el espacio a su izquierda y conseguir, aun perdiendo las elecciones, un grupo potente en la oposición sobre el que reiniciar la reconstrucción. Para ese apaño hacía falta otro actor.

Podemos, el que impulsado desde la televisión pública y Moncloa, con el pacto con Pablo Iglesias, al que solo interesaba en la negociación con el PSOE tener todas las sillas posibles en las tertulias para él y los suyos, a cambio de ceder el voto favorable del consejero de Podemos Roberto Lakidain para poder sacar adelante el contrato de un presentador.

La labor del equipo morado siempre ha sido la de dinamitar cualquier posibilidad de que exista un acuerdo sincero dentro de las izquierdas y ha realizado maniobras arteras para conseguir la mejor posición posible para la pareja de líderes del partido. Por eso se salió de la formación Sumar con una operación tránsfuga para ahora mentir a todo el que atendía a las negociaciones pidiendo primarias abiertas mientras estaba negociando por detrás el apaño con ERC para dejar vendidos a los comunes.

Muchos sabíamos que en los movimientos de Rufián solo había un intento para ganar fuerza negociadora ante Oriol Junqueras para poder repetir como número uno por ERC en Barcelona; el resto ha sido un trampantojo que gente de muy buena voluntad que apreciaba la labor política del de Santa Coloma se ha creído.

Gabriel Rufián formó parte de un intento por tumbar la reforma laboral pergeñado por Podemos para quitarse de en medio a Yolanda Díaz. Aquello salió mal por el voto de Casero, pero inició una alianza estratégica que acaba de ser concretada con ese acuerdo entre ERC y Podemos para acabar con los Comuns en Cataluña y perjudicar a IU, Sumar y Más Madrid en el resto de las circunscripciones.

No existe un mínimo atisbo de interés por la ciudadanía y sus derechos. Todo lo que Rufián venía diciendo sobre la responsabilidad histórica contra el advenimiento del fascismo fue un ejercicio de encantamiento de serpientes para asegurarse cuatro años más de un puesto de diputado en el Congreso.

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