Con el 20 de abril de 2022 llegó el fin de las mascarillas en (algunos) interiores, pero parte de la sociedad, la seguirá llevando todavía en esos lugares donde ya no es obligatorio. Por diversos motivos. Lo importante es respetar las decisiones y hacer entre todos, más fácil ese proceso de transición y adaptación a la nueva situación.

Y así lo asegura a laSexta.com Rebeca Cordero, profesora de Sociología Aplicada de la Universidad Europea: "El respeto debe existir como sociedad entre aquellos que deciden quitarse la mascarilla porque se ven plenamente seguros y los que aún no están preparados. Y esto tiene que ver con procesos vitales diferentes". Con los ritmos que cada persona lleva.

Entendemos como sociedad que tenemos que calificar a los individuos cuando no debería de ser así. Pensamos que como esa persona lleva mascarilla es porque tiene miedo, cuando realmente no sabemos cuáles son sus circunstancias personales. "Por ejemplo, puede llevarla porque tenga familiares en situación de riesgo, porque haya perdido a alguien importante durante la pandemia, porque tenga un duelo aplazado o porque no se sienta seguro aún sin ella en determinados lugares", señala la experta.

El síndrome de la cara vacía

En los últimos días se ha puesto de moda un término en los medios de comunicación que es "el síndrome de la cara vacía", esto es, "una vivencia de malestar psicológico frente a la propuesta de retirar las mascarillas de la gran mayoría de los espacios que habitamos", explica por su parte Giulia de Benito, psicóloga y directora de la Unidad de Psicología General del Instituto Centta (Madrid).

Aunque la mirada está puesta en los adolescentes y en los jóvenes, "dejar el rostro al descubierto puede despertar inseguridad y temor también en los adultos. No sólo por el miedo al contagio sino por la reconexión con las miradas y la evaluación social y los procesos emocionales que ello implica", añade la psicóloga.

"Las formas de afrontar que han trenzado nuestra relación con el uso de elementos de protección frente a la COVID-19 abarcan sentimientos de rechazo, rebeldía, seguridad, aceptación, control, protección, evitación, anonimato, etc. Sea cual sea la vivencia particular de cada uno, "parece que se trata de un proceso emocional que merece atención, y así debemos tratarlo si queremos lograr una nueva adaptación satisfactoria", sostiene de Benito.

A nivel social, estamos en una fase de transición de la pandemia y por lo tanto de adaptación. "Ya hemos visto la permisividad de las mascarillas en exteriores: desde hace tiempo dejaron de ser obligatorias pero mucha gente aún las lleva por la calle. Por ello, en estas etapas de cambios es importante ser (o seguir siendo) respetuosos, sin ridiculizar a aquel que la lleve puesta (evitando frases del tipo eres un miedoso, un hipocondríaco, esto ya ha pasado...) y respetar igualmente a la otra parte que elige no llevar ya mascarilla. El respeto colectivo es fundamental", afirma Cordero.

Así, añade de Benito, "podemos hacer un esfuerzo como sociedad por entender que las decisiones individuales se caracterizan por el uso de la experiencia personal y los procesos emocionales y vinculares asociados. Cada uno hace lo que puede con los recursos que tiene en el momento vital en el que se encuentra. Intentemos acompañarnos de forma compasiva, dándonos tiempo y confianza".

Lo que sí es cierto es que todos los elementos, sea la mascarilla o sean las informaciones de un menor número de personas ingresadas en los hospitales -gracias a las vacunas- hace que la percepción de normalidad vaya poco a poco imponiéndose. Según Cordero, todos los símbolos importan y será el tiempo, probablemente a la llegada del otoño (en verano estamos más tiempo al aire libre) cuando podamos ver la evolución personal de cada cual, a título individual: "Los procesos de deshabituación son siempre muy paulatinos", asegura esta socióloga.

Claves para vencer el miedo (poco a poco)

En el caso de tener cierto temor todavía por quitarnos la mascarilla en interior, atendiendo a los factores individuales de cada persona, es importante que para lograr un acompañamiento y adaptación saludables, tengamos en cuenta los siguientes aspectos.

Tal como explica de Benito, "en el caso de encontrarnos en la situación privilegiada de acompañar a otra persona en este proceso (un adolescente en el aula, un familiar en casa, etc), podemos tratar de aportar confianza y seguridad". Como explicamos en este artículo dedicado a los adolescentes, cuyas consejos valdrían también para la población en general, es importante validar sus emociones, no forzarlos ni obligarlos e ir proponiendo (no obligando) poco a poco dejar la mascarilla en espacios seguros, para que la persona vaya cogiendo confianza.

En el caso de que la dificultad tenga relación con el temor a la enfermedad, "podemos apoyar la decisión con información sanitaria contrastada que reduzca la incertidumbre de los que no son expertos", afirma la psicóloga. Es importante en cualquier caso, "hacer aproximaciones sucesivas, es decir, podemos probar a retirar la mascarilla en aquellos entornos en los que nos sintamos más seguros y poco a poco ampliar la exposición. Y hacerlo con personas de nuestro entorno que nos hagan sentir acompañados, escuchados y seguros".

Por último, es importante en el caso de que sea necesario, contar con el apoyo de profesionales de la salud mental. "Quitarse o no la mascarilla no es un problema en sí mismo, sin embargo, las dificultades que sustentan la decisión pueden ser causa y consecuencia de realidades emocionales difíciles y dolorosas. Sobre todo aquellas que tienen que ver con síntomas hipocondríacos y de aceptación personal y social", concluye la psicóloga.