La preocupación por la salud, el miedo a enfermar y los trastornos obsesivos compulsivos han aumentado durante este último año y medio, cuando una pandemia ha puesto patas arriba al mundo entero. ¿Somos ahora más cautos con nuestra salud? ¿Somos más aprensivos? ¿Han aumentado los síntomas hipocondríacos? Pero la pregunta clave es: ¿Esos miedos nos están dejando vivir o nos generan ansiedad y malestar? Ahí está, el quid de la cuestión.

No es extraño que después de una pandemia como la que estamos viviendo, las conductas de miedo y preocupación por nuestra salud se hayan disparado: la amenaza ha sido real. No ha sido una película de ciencia ficción a lo 'Blade Runner', aunque hayamos visto cosas que jamás imaginaríamos y "rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser". Pese a nuestros miedos, es importante saber cuándo estamos ante algo que debemos tratar, para ponerle solución y que la ansiedad no vaya a más, y cuándo estamos ante un miedo lógico y normal. Porque tener miedo es lógico y normal. Y humano.

"Lógicamente, en este contexto de pandemia, se han multiplicado estas conductas de miedo y preocupación por nuestra salud, llegando incluso a desarrollar hipocondría, que cursa con niveles muy elevados de ansiedad y un malestar clínico muy significativo", comenta a laSexta Jesús Linares psicólogo de emergencias y coordinador del dispositivo de emergencias del Ministerio de Sanidad y de la Comunidad de Madrid y profesor de la Universidad Europea.

De ahí que podamos decir, con palabras más o menos coloquiales, que el punto máximo de esos miedo y preocupaciones, sería la hipocondría, un trastorno clasificado hoy por hoy, dentro de los trastornos de ansiedad. Y de forma más exacta -señala Linares- como un trastorno de ansiedad a la enfermedad.

En España y según el informe la salud mental en datos, del Ministerio de Sanidad, publicado en diciembre de 2020, "el problema de salud mental más frecuente es el trastorno de ansiedad que afecta al 6,7% de población (8,8% en mujeres, 4,5% en hombres) Si se incluyen “signos/síntomas de ansiedad” la cifra alcanza el 10,4%". Los nuevos casos anules, del trastorno de ansiedad, se sitúan alrededor del 20% en mujeres y de más del 10% en los hombres.

Hipocondría vs aprensión

Según el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, de la American Psychiatric Association) que sería algo así como el santo y seña de la psiquiatría y la salud mental, "la hipocondría o ansiedad por enfermedad es un trastorno mental cuyo principal síntoma es el miedo a tener o contraer una enfermedad grave. Tiene una gran trayectoria en investigación, en cuanto a causas y a síntomas, y cuenta con un tratamiento psicológico de reconocida evidencia empírica", afirma Ana Luque, psicóloga sanitaria del centro de psicología Área Humana, de Madrid.

La hipocondría o ansiedad por enfermedad es un trastorno mental cuyo principal síntoma es el miedo a tener o a contraer una enfermedad grave, provocando un malestar, clínicamente significativo

La hipocondría es, añade Linares, "un trastorno que se caracteriza por una preocupación y miedo a tener la convicción de padecer una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de ciertos síntomas. Esta preocupación persiste a pesar de las exploraciones y explicaciones del profesional de la salud correspondiente, provocando malestar clínicamente significativo, o incluso un deterioro social o laboral".

Sin embargo, la aprensión no se clasifica dentro de los trastornos de la salud mental. No es un trastorno. "Diría más bien que se trata de un término popular para referirse a muchas cosas, entre ellas, el miedo a la contaminación, a la suciedad o el contagio a alguna enfermedad", señala Luque. O como comenta Linares "un recelo, un reparo o un temor por la idea de que algo pueda perjudicarnos. Estas ideas son más bien tendencias de personalidad, pero que no llegan a un nivel de disfuncionalidad en el que la persona no pueda hacer una vida normal". De hecho, a raíz de la pandemia, "se han reforzado las conductas de aprensión (aumento de lavado de manos, uso de geles hidroalcohólicos, desinfección…) como la vía para estar a salvo y seguros".

Podemos decir entonces, aclara Luque, que en ambos casos, en la aprensión y en la hipocondría, "existe un miedo irracional a un contagio o enfermedad, pero en términos generales, en una persona aprensiva el miedo estaría más relacionado con un contaminante externo, es decir, la atención se centra en el ambiente, en todo lo que hay fuera que pueda causar un potencial daño. Mientras que en la hipocondría, la atención se centra principalmente en el cuerpo: la persona está hipervigilante a las sensaciones corporales, se autoobserva continuamente y cualquier cambio lo interpreta de manera catastrófica como un aumento en los latidos del corazón o una peca. En estos casos, la persona cree en el primer caso que tiene una enfermedad cardiovascular y en el segundo, un cáncer de piel". Así, la clave fundamental está en que la hipocondría conlleva una elevada angustia y puede interferir en la vida de la persona, a nivel laboral, social o familiar.

La hipocondría conlleva una elevada angustia y puede interferir en la vida de la persona a nivel personas, social y laboral

No (sólo) es buscar síntomas y enfermedades por Internet, porque esto es algo que hace casi el 90% de las personas. Es cierto que la llegada del 'doctor Google' ha evidenciado muchos casos de hipocondría, incluso algunos han podido agravarse. "Desde el 2020, las búsquedas en internet relacionadas con la salud han aumentado, pero para la mayoría de personas, esas consultas no supondrá ningún problema, sin embargo para una persona con hipocondría, estas búsquedas -a menudo compulsivas- pueden agravar su malestar o incluso llegar a producir otros problemas emocionales, como fobias o crisis de angustia", aclara la experta.

Comprensión y ayuda profesional

No es fácil enfrentarnos a la hipocondría, bien la nuestra o bien la de un familiar o una amigo cercano. Tenemos que recordar que "una persona con una hipocondría vive su vida con un intenso temor a enfermar, lo que le provoca, a menudo y en determinadas ocasiones, niveles altos de ansiedad y depresión, afectando a su autoestima y autoconcepto", afirma Linares. Y esto también "puede resultar agotador para las personas cercanas, pero aunque sean miedos infundados, debemos tener en cuenta que la persona experimenta un verdadero sufrimiento". La paciencia, en estos casos, como en casi todos, es fundamental.

La paciencia y la comprensión son importantes: debemos tener en cuenta que aunque sean miedos infundados, la persona experimenta un verdadero sufrimiento

Es cierto que no resulta nada fácil. Sin embargo, y según añade este experto, lo primero que debemos hacer es ayudarle, en el caso de que sea alguien cercano, primero a que reconozca el problema para después intentar ponerle solución, bien acudiendo a un profesional de la salud mental directamente o bien visitando primero a nuestro médico/a de atención primaria y que sea él quién nos guíe.

Otra de las recomendaciones que debemos tener en cuenta es la comprensión, y no banalizar sus sentimientos. "Además de la angustia con la que estas personas viven su miedo, frecuentemente son incomprendidas y tratadas como exageradas. La expresión ¡qué hipocondríaco/a eres! es un ejemplo de esta falta de empatía", sostiene Luque.

"Si entendemos cómo funciona, cuáles son sus síntomas y el papel importante del entorno, entonces podremos ayudar a la persona a afrontarlo y superarlo", asegura. Ese artículo, escrito por ella misma, puede darte más pistas para ayudar a nuestro amigo/a. "La hipocondría detectada a tiempo y con el tratamiento adecuado, puede evitarte muchas preocupaciones, así como el estrés que supone enfrentarse cada día a la incertidumbre de tener una enfermedad. Por ello es importante acudir a profesionales con los que te sientas comprendido/a", concluye Luque.