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ISLAS CANARIAS

El valle de las mil palmeras de Lanzarote

El norte de Lanzarote lo preside una pequeña localidad que, además, es una de las más antiguas e importantes de la isla: Haría, que da nombre a un valle cuajado de palmeras. Destaca por gozar de un microclima muy especial, que convierte sus tierras en las más verdes de esta isla canaria.

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Sergio Cabrera | @sergiossen | Madrid
| 18.08.2015 15:20

En el norte de Lanzarote se encuentra un lugar muy especial, que contrasta completamente con el resto de la isla canaria. Se trata del valle de Haría, que también es conocido por el nombre del 'Valle de las mil palmeras', y es que una amplia zona del mismo es un gran palmeral. Se corresponde con una de las zonas más fértiles y con mayor pluviosidad de la isla, lo que ha permitido que una escapada hasta aquí tenga el color verde como prioritario, en vez del dorado de las playas desérticas del sur.

Haría es una de las ciudades más antiguas de Lanzarote, pues ya en los tiempos de la colonización de las Canarias había allí asentamientos, al igual que en Teguise, la capital. De hecho, ya a mediados del siglo XVI hay constancia de una iglesia con pila bautismal, destruida tras el ataque de los argelinos Arraez y Solimán en 1618 (precisamente a un paso de Haría se encuentra la Cueva de los Verdes, en la que se refugió buena parte de la población durante el ataque y que fueron capturados tras una delación).

Hablar de el valle de haría es hacerlo de una de las rutas de senderismo más famosas de Canarias: la de El Bosquecillo. Con tres horas de duración y de fácil recorrido, se trata de un camino que atraviesa el valle, protegido por el macizo de Famara y los volcanes de La Cerca, Los Helechos y La Corona. Discurre por el valle del Rincón, pasando por las faldas de Montaña Ganada, y toma su camino de regreso a través de la rambla de El Vira, por el Barranco del Malpaso, antes de acabar de vuelta en Haría.

El punto más importante del camino es el mirador de Tenesía, en el mismo borde del acantilado de Famara. Desde allí se puede ver todo el valle, así como los palmerales y campos que habremos dejado a un lado durante el camino. También llama la atención la rambla de El Vira, especialmente por la frondosidad de su vegetación.

La propia ciudad también merece la pena. La estructura urbana de Haría está salpicada también de palmeras, que se suceden entre casas bajas y encaladas, siendo el blanco el color protagonista. Pasear por sus laberínticas calles y rincones nos lleva a lugares muy hermosos como las plazas de La Constitución y la de León y Castillo, que da buena cuenta de uno de los patrimonios más importante de Lanzarote. Grandes portones y ventanales de madera se suceden entre balcones con plantas y flores enredadas en sus verjas. Visita obligada es la Casa Museo de César Manrique.

Es un pueblo tranquilo, con pequeñas terrazas en las que tomar un refresco mientras se toman fuerzas para seguir paseando. El mejor día para ir es el sábado. En la plaza León y Castillo, cada semana, se celebra el rastro agrícola y artesanal. Es el mejor momento para hacerse con productos típicos de la zona, así como comprar objetos de artesanía como cerámica, cestería, palma, junco y rosetas.

Un buen broche de oro a una excursión diferente por Lanzarote.

Más información:
Turismo de Lanzarote

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