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El pueblo de Almería con un paredón de cinco alturas de cuevas superpuestas donde todavía se vive bajo la roca

Más de 300 casas-cueva excavadas en la roca blanda a dos kilómetros del casco urbano. Te lo contamos.

Cuevas del Calguerín en Cuevas del Almanzora

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Nos vamos al Levante almeriense, a un municipio que se llama exactamente igual que aquello que lo hizo famoso y que hoy sigue siendo una de las escapadas más sorprendentes del sur de España.

Hablamos de Cuevas del Almanzora, de 15.526 habitantes según el último padrón del INE, a hora y media de Almería capital. Y de un paredón de roca que se levanta sobre la vega y que guarda hasta cinco niveles de cuevas superpuestas.

Para ver las cuevas tendréis que ir a Terrera de Calguerín y está a apenas dos kilómetros del casco urbano. Es el conjunto de cuevas-vivienda más numeroso de todo el valle del Almanzora: se han llegado a contabilizar más de 300 cavidades excavadas en la ladera.

El paredón muestra hasta cinco niveles de cuevas apiladas unas sobre otras, y cada nivel llegó a estar conectado con una calle distinta. Un edificio de cinco plantas, pero excavado en lugar de construido, con escaleras labradas en la propia roca. La erosión lleva siglos moldeando ese frente y ha transformado las cuevas hasta darles el aspecto que tienen hoy.

Que todo esto exista tiene una explicación geológica. La roca de la zona es blanda, fácil de excavar, y eso permitió a sus habitantes convertir la montaña en casa durante siglos.

En Cuevas del Almanzora hay cuevas prehistóricas datadas entre 50.000 y 100.000 años de antigüedad, aunque las mejor estudiadas rondan los 5.000. Los árabes también las habitaron y, desde entonces, no han dejado de usarse. A comienzos de este siglo aún había cerca de un millar de cuevas habitadas en el municipio.

Varias casas-cueva siguen habitadas hoy, otras se han rehabilitado como alojamiento rural, y el motivo no es solo sentimental. Son viviendas bioclimáticas de manual: temperatura estable todo el año, frescas en verano y templadas en invierno.

En una provincia como Almería, eso no es poca cosa. Antes de vivienda fueron refugio. Los piratas berberiscos asolaron esta costa durante el siglo XVI, y los barrancos y las cavidades ofrecían un escondite mucho mejor que cualquier muro.

La Cueva Museo

Si quieres pasar de mirar el paredón a entender qué había dentro, la visita obligada es la Cueva Museo. Es una casa-cueva auténtica convertida en museo etnográfico, que reconstruye cómo era la vida ahí dentro hasta mediados del siglo XX: aperos agrícolas, mobiliario, menaje y utensilios de distintos oficios.

Horario:

  • Martes a sábado: de 10:00 a 13:30 y de 16:30 a 19:00
  • Domingos, solo de 10:00 a 13:30.

Para precios y visitas conviene llamar antes a la oficina de turismo, que está en el propio castillo.

El pueblo da para bastante más que las cuevas. En lo alto está el Castillo del Marqués de los Vélez, del siglo XVI, levantado por el linaje que dio nombre al municipio durante siglos. Hoy acoge la oficina de turismo, el Museo Arqueológico Municipal y el museo dedicado al crítico de arte Antonio Manuel Campoy, hijo del pueblo.

Castillo de Cuevas del Almanzora
Castillo de Cuevas del Almanzora | Imagen de leben-in-andalucia.de en Wikipedia, licencia: CC BY-SA 4.0

Y luego está la sorpresa: este municipio de interior tiene costa. En Villaricos, un núcleo pesquero tranquilo, los fenicios fundaron la ciudad de Baria en el siglo VII antes de Cristo, atraídos por la plata de Sierra Almagrera; su necrópolis se puede visitar. A eso súmale playas y calas de perfil bajo, como Quitapellejos, Pozo del Esparto o El Calón, y el poblado argárico de Fuente Álamo tierra adentro.

Cómo llegar

Cuevas del Almanzora está a unos 96 kilómetros de Almería capital, y se llega directo por la autovía del Mediterráneo (A-7). Desde Murcia, la misma vía. Está pegado a Vera, Garrucha y Mojácar, así que encaja perfecto como parada de una ruta más larga por el Levante almeriense.

Cuevas del Almanzora desde Google Maps
Cuevas del Almanzora desde Google Maps | Google Maps

Un consejo: acércate a Calguerín a primera hora de la mañana. Es cuando esas margas sacan los ocres y los dorados, y cuando entiendes por qué un paredón lleno de agujeros lleva siglos dejando a la gente sin palabras.

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