ESCAPADA

El pueblo de 350 habitantes del Pirineo navarro para huir del calor

Isaba, en el corazón del Valle del Roncal y a un paso de la frontera francesa, combina arquitectura pirenaica, naturaleza glaciar y una ceremonia milenaria que se celebra cada 13 de julio.

Isaba, en Navarra

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Julio y agosto son los meses con las temperaturas más altas de España y en alguna que otra ocasión te hemos hablado de destinos y lugares de nuestro país para escapar del calor.

Pero si hay un plan que nunca falla es subir al Pirineo. Y en el rincón más oriental de Navarra, casi rozando Francia y la provincia de Huesca, espera uno de los pueblos más bonitos del Valle del Roncal. Hablamos de Isaba, una localidad de apenas 350 habitantes, famosa por su arquitectura tradicional de piedra y sus tejados inclinados, que se ha convertido en refugio perfecto para quienes buscan montaña, senderismo y turismo rural lejos de las aglomeraciones.

Balcón de los Pirineos, en Huesca
Balcón de los Pirineos, en Huesca | iStock

Situada a unos 94 kilómetros de Pamplona, es la localidad más poblada del valle y un lugar ideal para pasear con calma entre calles empedradas y casonas señoriales. A su alrededor, la naturaleza se despliega a lo grande: muy cerca está el Valle de Belagua, el único valle glaciar de Navarra, junto a la Reserva Natural de Larra, célebre por su espectacular paisaje kárstico de roca caliza y pino negro.

Senderismo para todos los niveles

Isaba, en Navarra
Isaba, en Navarra | iStock

Isaba es punto de partida de algunas de las rutas más bonitas del Pirineo navarro. Una de las más recomendables para todos los públicos es la SL Ermita de Idoia, un recorrido corto y sencillo que arranca en el puente de entrada al pueblo por el sur y comparte al principio tramo con el mítico GR 11. El camino atraviesa muros de piedra, tramos empedrados y vegetación hasta llegar a la ermita de Nuestra Señora de Idoia, rodeada de bosque.

Desde allí, se puede continuar hacia el puente de la Perdiz y regresar por la carretera de Uztárroz, o volver por el mismo sendero. Al no ser una ruta de alta montaña, resulta ideal para hacer con niños o como paseo tranquilo, mitad natural mitad cultural, antes de recorrer el casco histórico.

Qué no puedes perderte del pueblo

Lo mejor es empezar por el casco histórico, con sus majestuosas casas de piedra, calles estrechas y esa arquitectura pirenaica tan característica. El edificio más reconocible es la iglesia de San Cipriano, del siglo XVI, sobre la que corre una curiosa leyenda: se cree que las piedras con las que se levantó proceden de un antiguo castillo que se alzaba en la parte alta del pueblo.

Para terminar de entender el valle, merece mucho la pena visitar la Casa de la Memoria, un museo dedicado a las costumbres y tradiciones roncalesas donde descubrir la historia y la forma de vida de esta tierra. Naturaleza, historia y aire fresco de montaña: la escapada perfecta para dejar atrás el bochorno del verano.

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