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¿Son seguros los tatuajes? Estudios recientes sugieren efectos perjudiciales en el sistema inmunológico

Aunque los tatuajes no se consideran extremadamente peligrosos para nuestra salud, nuevos estudios investigan la relación entre los químicos de la tinta y sus efectos en el sistema inmunológico.

Tatuaje

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Desde pequeños dibujos con significado especial, hasta espaldas enteras, brazos o piernas, muchos hablan de los tatuajes como una forma de expresión propia y otros como un completo error. En cualquiera de los casos, los tatuajes no dejan de ser una inyección química para nuestra piel y aunque no se consideran excesivamente peligrosos, científicos sugieren que esta cantidad de elementos tóxicos podrían tener implicaciones en la salud a largo plazo.

Los tatuajes implican una inyección de tinta en la dermis, la capa de la piel debajo de la superficie. Nuestro cuerpo reconoce estas partículas de pigmento como material perjudicial, por lo que las células inmunitarias intentan eliminarlas. Sin embargo, son demasiado grandes, así que no desaparecen, sino que quedan atrapadas en las células cutáneas, lo que hace que los tatuajes sean permanentes.

Las tintas que se utilizan para hacer tatuajes contienen pigmentos que dan color y muchos de ellos se desarrollan originalmente para aplicaciones industriales y no para inyectarlos en la piel. También contienen líquidos que ayudan a distribuirla de manera homogénea, conservantes para prevenir el crecimiento microbiano y pequeñas cantidades de impurezas.

Algunas tintas pueden contener trazas de metales pesados, como níquel, cromo, cobalto o incluso plomo. En algunos casos, estos metales pueden ser tóxicos o provocar reacciones alérgicas y sensibilidad inmunitaria.

Reacciones alérgicas e inflamación

Uno de los principales riesgos para la salud relacionados con esta cantidad de químicos que contienen las tinas de los tatuajes son las reacciones alérgicas e inflamatorias.

Las tintas de color, especialmente la roja, la amarilla y la naranja, se asocian a picazón, hinchazón y granulomas. Estos últimos son pequeños nódulos inflamatorios que se forman cuando el sistema inmunitario intenta aislar ese pigmento considerado perjudicial ante la imposibilidad de eliminarlo.

Estas reacciones alérgicas pueden aparecer meses o años después de diseñar el tatuaje, pues los compuestos orgánicos que contiene la tinta, como los colorantes azoicos, al exponerse a la luz solar o durante la eliminación de los tatuajes con láser, se descompone en aminas aromáticas potencialmente tóxicas que pueden producir esa inflamación crónica.

La mala higiene de los tatuajes está ligada al riesgo de infecciones, entre ellas Staphylococcus aureus, hepatitis B y C y, en casos extremos, infecciones por micobacterias atípicas.

Sistema inmunológico

Pero en algunos casos, la tinta de los tatuajes no se queda en la piel, y algunos estudios ya han demostrado que el pigmento se puede distribuir por el cuerpo a través del sistema linfático y por lo tanto quedar acumulados en los ganglios linfáticos. Es por ello por lo que un nuevo estudio sugiere que los pigmentos podrían tener un impacto en la actividad inmunológica, desencadenar inflamación e incluso reducir la eficacia de ciertas vacunas.

Los investigadores han mostrado que las células inmunitarias de la piel absorben la tinta de los tatuajes. Sin embargo, cuando estas mueren, liberan señales que mantienen el sistema inmunitario activado, lo que provoca inflamación de los ganglios linfáticos.

Esto sugiere que los pigmentos de los tatuajes pueden interferir con la señalización inmune, que es el sistema de comunicación de las células inmunes para coordinar las respuestas entre infección y vacunación. Aunque actualmente no existe una evidencia epidemiológica que relacione los tatuajes son el cáncer en humanos, diversos estudios sí sugieren posibles riesgos.

Por todo ello, aunque los tatuajes no suelen causar graves problemas de salud, no existe el riesgo cero. A medida que los tatuajes son más grandes, más numerosos o más coloridos, la carga química a la que sometemos a nuestro cuerpo es cada vez mayor, que combinados con la exposición solar, el láser, el envejecimiento o los cambios inmunitarios, pueden derivar en graves consecuencias.

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