¿ERES DE ESAS PERSONAS?

¿No puedes evitar picar algo antes de dormir? Tu cuerpo tiene una razón

La clave está en distinguir entre el hambre real y el hambre emocional.

Mujer sorprendida al comer

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Ese impulso de abrir la nevera justo antes de acostarte no siempre tiene que ver con el hambre. En la mayoría de los casos, responde a una mezcla de cansancio, estrés o desequilibrio en las rutinas diarias. Según nutricionistas de Harvard y otros expertos en salud, los antojos nocturnos son una señal del cuerpo que busca compensar energía, calma o placer, especialmente cuando no se ha descansado bien o se han saltado comidas a lo largo del día.

La clave está en distinguir entre el hambre real y el hambre emocional. Mientras la primera se alivia con casi cualquier alimento, la segunda aparece con caprichos muy específicos —chocolate, galletas, patatas fritas— y suele tener un componente de ansiedad o recompensa. Por eso, los expertos aconsejan no eliminar los alimentos preferidos, sino integrarlos con moderación durante el día para evitar los atracones nocturnos.

También influye lo que comemos y cuándo lo hacemos. Mantener horarios regulares, incluir carbohidratos complejos, proteínas y grasas saludables ayuda a estabilizar el apetito y el azúcar en sangre. Dormir bien es otro pilar: la falta de sueño altera las hormonas que regulan el hambre y multiplica los antojos. En resumen, escuchar al cuerpo, comer con equilibrio y descansar son las mejores estrategias para dejar de picar sin caer en la culpa.

Además, el contexto del final del día juega un papel importante. La noche suele ser el momento en que bajan las obligaciones y aparecen los espacios de ocio, lo que facilita asociar la comida con descanso o recompensa. Ver una serie, revisar el móvil o simplemente relajarse en el sofá puede activar hábitos automáticos aprendidos, como acompañar ese momento con algo para picar, incluso cuando el cuerpo no necesita energía extra.

Tomar conciencia de ese patrón puede ayudar a cambiarlo sin recurrir a restricciones drásticas. Pequeños gestos como cenar de forma suficiente y equilibrada, tener a mano opciones más saciantes o sustituir el picoteo por otra rutina relajante —una infusión, leer unos minutos o preparar el día siguiente— pueden romper la asociación entre noche y comida. Así, más que luchar contra la nevera, se trata de entender qué necesita realmente el cuerpo en ese momento: alimento, descanso o simplemente desconexión.

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