LA RAZÓN DETRÁS
¿Dejas la luz encendida al dormir? La ciencia revela por qué no deberías
Los especialistas recomiendan mantener el dormitorio lo más oscuro posible.

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Dormir con una luz encendida puede parecer inofensivo, pero la ciencia advierte que esa costumbre podría tener consecuencias más serias de lo que imaginamos. Según una investigación publicada en JAMA Network Open, quienes descansan en ambientes iluminados tienen un mayor riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca o arritmias, incluso sin antecedentes previos de problemas cardiovasculares.
El estudio, basado en datos de casi 89.000 adultos del UK Biobank, reveló que la exposición nocturna a la luz aumenta hasta en un 56 % las probabilidades de sufrir insuficiencia cardíaca. La razón está en el ritmo circadiano, el reloj biológico que regula el sueño, el metabolismo y la presión arterial. Cuando la noche deja de ser noche, la luz —especialmente la azul o blanca— interrumpe la producción de melatonina y altera el equilibrio natural del cuerpo.
Los especialistas recomiendan mantener el dormitorio lo más oscuro posible: apagar pantallas antes de dormir, usar cortinas opacas y evitar luces de dispositivos o relojes luminosos. También destacan el papel positivo de la luz natural diurna, que ayuda a regular el ciclo sueño-vigilia. Dormir en oscuridad total, lejos de ser un capricho, es una forma sencilla y eficaz de cuidar el corazón y el bienestar general.
Más allá del riesgo cardiovascular, la exposición a la luz durante la noche también puede afectar a la calidad del descanso de forma silenciosa. Aunque la persona no se despierte por completo, la iluminación puede fragmentar las fases profundas del sueño, reduciendo su efecto reparador. Con el tiempo, esa falta de descanso de calidad puede traducirse en mayor fatiga diurna, dificultades de concentración o cambios en el estado de ánimo, factores que a su vez influyen en la salud global.
Este tipo de hallazgos refuerza la idea de que pequeños hábitos cotidianos tienen un impacto acumulativo en el organismo. Ajustar el entorno del dormitorio (bajando persianas, eliminando luces innecesarias o usando iluminación cálida solo antes de acostarse) no requiere grandes esfuerzos, pero puede marcar una diferencia significativa a largo plazo. En un contexto donde cada vez se duerme menos y peor, recuperar la oscuridad nocturna se perfila como una de las medidas más simples para proteger tanto el sueño como la salud.
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