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UNO DE LOS SÍNTOMAS DE LA COVID-19

Evolución: ¿estamos perdiendo el sentido del olfato?

La pandemia nos ha hecho revaluar la importancia de este sentido y preguntarnos: ¿Qué pasaría si lo perdiéramos para siempre?

¿Estamos perdiendo el sentido del olfato?

KamranAydinov para Freepik ¿Estamos perdiendo el sentido del olfato?

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Es uno de nuestros sentidos más descuidados en primera instancia. La vista, el oído, el tacto y hasta el gusto nos parecen más importantes. Quizás esto se base en una creencia popular: tenemos un pobre sentido del olfato. Desafortunadamente esto es cierto… si nos comparamos con otros animales. Estudios genéticos recientes muestran una disminución en el número de genes de receptores olfativos funcionales a través de la evolución de los primates a los humanos. Si lo pensamos desde lo evolutivo, la consecuencia es lógica.

La evolución humana se caracterizó por el ascenso gradual de la visión y la reducción del olfato: al avanzar en una postura erguida nos alejamos del suelo y de su enorme variedad de olores. Y esto no solo ha ocurrido con los primates. Desde los roedores hasta humanos los científicos detectan una reducción progresiva en la proporción de genes de receptores olfativos funcionales. Los ratones tienen aproximadamente 1300 genes de receptores olfativos, de los cuales unos 1100 son funcionales, mientras que los humanos tenemos solo unos 350. Lo sorprendente es que este sentido está mucho más desarrollado en otros animales que no son ratones… ni perros, ni tiburones. De hecho los buitres, ciertas polillas y los elefantes, se encuentran entre los animales con el sentido del olfato más desarrollado.

La conclusión parece obvia: el bajo número de genes de receptores olfativos funcionales en humanos en comparación con los roedores, y presumiblemente con la mayoría de los otros mamíferos, está directamente relacionado con el declive evolutivo del sentido del olfato humano. Algo que confirma un estudio publicado esta semana en PLOS Genetics. De acuerdo con sus autores, liderados por Sijia Wang de la Academia China de Ciencias, variaciones en los genes de los receptores de olor, sugiere que el sentido del olfato de los humanos se está volviendo gradualmente menos sensible.

El equipo de Wang examinó el genoma de 1000 chinos Han para encontrar variaciones genéticas relacionadas con la forma en que los participantes percibían 10 aromas diferentes. Luego repitieron el experimento en una población étnicamente diversa de 364 personas para confirmar sus resultados. El equipo identificó dos nuevos receptores, uno que detecta un almizcle sintético usado en fragancias y otro para un compuesto en el olor de las axilas humanas.

Los participantes del estudio portaban diferentes versiones de los genes del receptor del olor del almizcle y las axilas, y esas variaciones genéticas afectaron la forma en que la persona percibía los olores. Básicamente una de esas versiones era la moderna y la otra era la ancestral. Aquellos voluntarios con las versiones ancestrales (la versión compartida con otros primates no humanos) de los receptores del olor tienden a calificar el olor correspondiente como más intenso. De acuerdo con Wang, estos hallazgos respaldan la hipótesis de que la sensibilidad del sentido del olfato de los humanos y otros primates se ha degradado con el tiempo debido a cambios en el conjunto de genes que codifican nuestros receptores olfativos.

Y ahora viene la pregunta… ¿qué pasaría si perdiéramos el sentido del olfato? Obviamente podríamos seguir viviendo, pero las consecuencias serían muchas.

“Dos de las grandes alegrías en la vida de las personas son las sensaciones del olfato y el gusto – explica Peter Manes, especialista de la Universidad de Yale –. Cuando estos sentidos están alterados o ausentes, las personas pierden ese placer y pueden sentirse aisladas de quienes las rodean”.

Un sentido del olfato alterado puede plantear otros problemas relacionados con la salud. Las personas con anosmia pueden consumir accidentalmente alimentos perjudiciales o en mal estado ya que no pueden detectar los olores que indican deterioro. También pueden no darse cuenta cuando respiran aire tóxico, contaminado o lleno de humo. Durante la pandemia, muchas personas declararon haber perdido parte del apetito, debido a la falta del olfato, pero también los estudios hablan de otras consecuencias más relacionadas con la salud mental. La dificultad para entablar relaciones íntimas, en las cuales el perfume de la pareja es un desencadenante, problemas para recordar aromas vinculados al pasado y la sensación de aislamiento sensorial, provocó un aumento de más del 30% en los índices de depresión.

Por lo tanto, sí, perder el olfato huele muy mal.

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