Sobre la muerte de su hermano Antonio
Lolita, sobre el documental de Alba Flores 'Flores para Antonio': "Ha sido reabrir una herida, pero era necesario para ella"
"Lo que sea necesario para ella, bienvenido sea", comenta Lolita en La Noche de Aimar acerca del documental de su sobrina 'Flores para Antonio', aunque para ella no ha sido nada sencillo rememorar todo lo que ocurrió. Sin embargo, el bienestar de Alba pesa mucho más que cualquier otra cosa.

El documental de Alba Flores sobre su padre, Antonio, supuso "reabrir heridas que no estaban cerradas", reconoce Lolita en La Noche de Aimar. "Pero era necesario para ella y lo que sea necesario para mi familia, para mi sobrina, bienvenido sea", puntualiza rápidamente.
Para ella, la felicidad y la "curación" de Alba es lo principal. Lo demás queda en un segundo plano. "Creo que mi hermana y yo y todos los que hemos intervenido en ese documental nos hemos abierto de par en par con ella. Teníamos ganas también de que Alba preguntara, de que Alba indagara, de que Alba se curara", cuenta sobre el proceso de grabación y de sanación de la hija de su difunto hermano, que falleció tan solo unos días después de su madre, Lola Flores.
"A ella le ha cambiado la mirada. Ha vuelto a tener la misma mirada que tenía antes de que se fuera su padre", dice con emoción, para después asegurar que ahí está ella, y toda su familia, para cuidarla. "Su abuela se fue muy pronto, antes que su padre, luego perdió a su padre. Luego perdió a mi padre también a los cuatro años, que lo adoraba, y se quedó con su madre, que ha sido una madre excepcional y que ha hecho de madre y de padre", relata. "A mi hermano ya no se le puede cuidar, él ya se cuida solo. Aparte, está mi madre arriba para cuidarle", dice mirando al cielo.
La artista asegura que cree en Dios, aunque no vaya mucho a misa y no se fíe de todos los curas, y que está convencida de que las personas somos energía. Al morir, explica, esa energía se transforma para permanecer alrededor de los que siguen en pie. Solo se enfadó una vez con el cristo de Medinaceli, cuando sufrió un aborto. Pero no ha vuelto a visitarle desde que murió su madre, quien, aprovecha para desmentir, no fue enterrada con una bata de cola.
Ella sí que tiene claro cómo quiere ser enterrada y la lista es extensa: "Yo quiero las llaves del panteón. Quiero un martillo para abrir la lápida, las llaves de la caja. Quiero un Orfidal y una botella de agua, además de 100 euros para un taxi. Si es verano, unas chanclas. Si es invierno, un abriguito, no vaya a ser que me espabile dentro de la caja y no pueda salir de allí".