A la primera

La reacción de Juan José Millás al presenciar un ataque de cataplexia de Jordi Évole: "¿Esto es así? ¿Se le pasa?"

El desternillante hilo de pensamiento de Juan José Millás que le lleva de observar las vacas en Asturias a admirar al 'desescritor' de El Quijote, deja literalmente KO a Jordi Évole, que sufre un ataque de cataplexia por no poder contener la risa.

"¿No sabes quién desescribió El Quijote? Eres un inculto": Juan José Millás, el Tratado de Maastricht y la cataplexia de Jordi Évole

Hay gente que se va a la costa asturiana a desconectar; otros, como Jordi Évole, se van allí a que le desconecten la lógica. En este programa de Lo de Évole ha hecho las maletas rumbo a la casa que Juan José Millás tiene frente al Cantábrico para compartir un día sin focos, sin plató y sin más banda sonora que las olas empeñadas en poner el ruido ambiente a esta escena que nos hace preguntarnos si verdaderamente no vivimos en un auténtico 'show de Truman'.

La jornada arranca como arrancan las grandes epopeyas... caminando. Millás guía a su invitado por uno de sus senderos habituales, esos que pisa con disciplina casi mística. "Verás, este es un paseo que yo hago regularmente cada día para meditar por la mañana; por la tarde también, que está muy bien", explica. En este programa no hay guion, escaletas ni reloj: solo una conversación que fluye y brota a borbotones, como el pensamiento del escritor.

Millás señala a la luna... y Évole mira al dedo

El primer gran acontecimiento del día no es un acantilado ni una revelación literaria, sino dos palos clavados en la entrada del camino. Dos. Palos. Para Millás, portal interdimensional; para Évole, un detalle sin importancia. "¿Qué quieres decir?", pregunta el periodista, mirando los maderos con indiferencia. El escritor no se rinde: "Hombre, ¿no te parece supermisterioso?". Y, herido en su orgullo metafísico, remata: "O sea, yo te enseño la luna y tú ves el dedo, ¿no?". En ese cruce de miradas aparece el Millás más puro: el que convierte lo cotidiano en algo existencial.

Entre risas y algún que otro resoplido incrédulo, la charla viaja atrás en el tiempo y explica cómo acabó recalando en Muros de Nalón. "Por mi mujer. Porque la familia de mi mujer era de aquí". Recuerda una casa "modesta, pero cómoda", con una cuadra enfrente "para las vacas", cuando en Asturias todavía había vacas. "Ahora ya no hay; ahora es muy difícil verlas", lamenta.

El tratado de Maastricht

¿Te acuerdas tú de los acuerdos de Maastricht?", lanza, metiendo a la Unión Europea en mitad del prado. Según explica, aquellas normas limitaron explotaciones e incluso incentivaron el sacrificio del ganado. Pero para él no fue solo economía: "Maastricht se cargó culturas enteras".

Como buen pensador de lo atípico, Millás decide que si la ganadería puede ser declarada inviable, la literatura también debería correr su misma suerte. Imagina a los ministros de Cultura decretando que la novela contamina. "Tú imagínate entregando tres novelas al ministerio, y el ministerio pagándote y destrozándolas". La idea escala rápido hasta inventar una nueva profesión: el "desescritor". "Llegarías al ministerio y dirías: 'He desescrito...'". Y pone ejemplo propio: "He 'desescrito' El desorden de tu nombre".

En ese universo alternativo habría medallas y egos literarios: "Mira, mira, ese 'desescribió' El Quijote". "¿No conoces al que 'desescribió' El Quijote? Eres un inculto".

El (primer) ataque de cataplexia de Évole

La imagen de alguien presumiendo de haber borrado a Don Quijote provoca tal ataque de risa que Évole, que tiene cataplexia, pide sentarse justo antes de que sus músculos acaben desconectando.

"¿Esto es así?", pregunta desconcertado el escritor al equipo, que intenta tranquilizarle. "¿Se le pasa?", insiste, para asegurarse. Por suerte, sí, Évole se recupera pronto para seguir con este delirio de entrevista.

*Vuelve a ver Lo de Évole: Juan José Millás en atresplayer.com.

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