Irreconocible
De la peseta al Bizum: cómo Europa ha cambiado el bolsillo de España en 40 años desde que entró en la UE
La otra cara De la economía cerrada y trabajos tradicionales en 1986 a un país moderno con fábricas tecnológicas, empleo, ocio y teletrabajo, España ha cambiado mucho en 40 años, y Europa ha sido un motor fundamental en la transformación de nuestro bolsillo y nuestra forma de vivir.

Hace 40 años, España se unía a la Unión Europea y empezaba a dejar atrás décadas de economía cerrada para abrirse al mundo. Era 1986 y nuestro país estaba en plena transición económica, con un mercado laboral mayoritariamente masculino, mucha actividad en la industria y la agricultura y pocas oportunidades de movilidad internacional. Hoy, cuatro décadas después, nuestro bolsillo, nuestra forma de trabajar y nuestra vida diaria son prácticamente irreconocibles.
El rey, en un acto en el Parlamento Europeo con motivo del 40 aniversario de nuestra adhesión, ha querido ponerlo en perspectiva: España ha pasado de ser un país en transición económica a ser un país próspero, competitivo y plenamente integrado en Europa. Y aunque también ha lanzado un mensaje a Europa sobre la importancia de trabajar en la "defensa" y la "autonomía estratégica", lo que más ha destacado ha sido cómo hemos evolucionado como país y cómo ha cambiado nuestro día a día.
Si hay un símbolo de estos cambios es la moneda. En 2002, millones de españoles hicieron cola para cambiar las pesetas por euros, calculadora en mano, temiendo que todo subiera de precio. Lejos de eso, la inflación se redujo, España pudo multiplicar su PIB casi por siete, pasando de 243.000 millones de euros a más de 1,5 billones, y nuestra economía se modernizó a pasos agigantados.
El mercado laboral también ha cambiado radicalmente. Hace 40 años, muchos puestos de trabajo estaban en fábricas y campos, y la presencia femenina era limitada. Hoy contamos con más de 21 millones de empleos, muchos gracias a la contribución de los migrantes, y nuestras fábricas compiten a nivel mundial gracias a la tecnología, mientras las exportaciones mundiales han pasado del 5% al 9% del PIB.
Nuestro nivel de vida ha mejorado: hay más bienestar, ocio y oportunidades. Pero no todo es perfecto. Antes, con trabajos menos cualificados, acceder a una vivienda en propiedad era lo habitual. Hoy, los precios disparados y la burbuja del alquiler y los Airbnb hacen que tener casa propia sea mucho más complicado para las nuevas generaciones.
La historia reciente nos recuerda la importancia de Europa. La crisis de 2008 y la pandemia dejaron huella: 300.000 negocios cerraron, la mayor caída del PIB de toda la Unión Europea y una economía muy resentida. Pero estas dificultades también nos enseñaron que Europa es nuestro paraguas: un tercio de toda la inversión pública de estos 40 años proviene de fondos comunitarios. Además, la pandemia aceleró cambios que han llegado para quedarse, como el teletrabajo.
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