Una posibilidad

La guerra civil como estrategia: la idea macabra que EEUU e Israel estarían barajando

El contexto La idea ya se vio en Siria, donde ocho años de lucha interna dejaron al enemigo tan debilitado que pudieron terminar con el régimen de Bashar al-Assad.

La guerra civil como estrategia
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Estados Unidos e Israel siguen eliminando objetivos en Irán, pero el conflicto no termina de acabar. Y, como ha apuntado este lunes Iago Rodríguez en Al Rojo Vivo, podría estar empezando a tomar forma la intención de eliminar al enemigo provocando una guerra civil interminable en su interior.

A Israel no le importaría una guerra civil en Irán que destruyese el país. Eso debilitaría a su gran enemigo, que tendría que centrarse en controlar a sus atacantes internos y dejaría de lado su apoyo a las milicias que atacan Israel. Un plan despiadado que buscaría arrasar el país.

Aunque no es nuevo. El concepto nació con la guerra en Siria. Israel aprendió allí que ocho años de lucha interna dejan a tu enemigo muy debilitado. Tanto que termina con su autoritario líder. Una guerra en la que no tomas parte directamente pero que provocas y vas alimentando.

Para poder extrapolar el modelo a Irán, Estados Unidos e Israel tendrían que armar a los kurdos. Lo harían entregando dinero y armas, proporcionándoles un adiestramiento. Según Iago Rodríguez, esa formación se podría hacer en la parte iraquí de la frontera, lo que permitiría que los grupos guerrilleros se formasen rápidamente.

Y la ofensiva podría ser lanzada en el Kurdistán iraní. Y, aunque no lograsen llegar a la capital, el tener activo un foco de combate provocaría que todos los activos de defensa del país tuviesen que estar centrados en sofocar la rebelión interna. Incluso podría generarse un segundo foco de ataque desde Baluchistán. Las autoridades iraníes tendrían que evitar que los movimientos separatistas se extendiesen por el país.

Las consecuencias de una guerra civil prolongada serían perfectas para Israel y Estados Unidos. Irán se debilitaría, gastaría su munición en su batallas internas, su ejército sufriría bajas, su economía quedaría contra las cuerdas, gran parte de su población se exiliaría y toda una generación quedaría dispersa por los países de la zona. Justo lo que pasó en Siria. Donde, además la guerra, terminó con el gran enemigo: Bashar al-Assad.

Es una idea peligrosa y macabra, pero que ya ha demostrado su eficacia en Siria. Y podría volver a ponerse en marcha en Irán.

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