Monólogo

Marc Giró se sube al ring en su monólogo y le pisa la cara a una obrera para hablar de "polarización": "¿Sería usted tan amable...?"

Con dos potentes imágenes representadas sobre el escenario, Marc Giró deja clara su opinión sobre la polarización y aquellos que piden que en lugar de alzar la voz contra las injusticias, se bajen los decibelios.

Marc Giró se sube al ring en su monólogo y le pisa la cara a una obrera para hablar de "polarización": "¿Sería usted tan amable...?"

Hay quien empieza un programa dando la bienvenida. Marc Giró prefiere arrancar el suyo organizando un combate.

El presentador abre una nueva entrega de Cara al Show con un monólogo dedicado a una de las palabras más repetidas de los últimos tiempos: la polarización. Y lo hace dejando clara su postura desde el primer asalto. "¿Sabes lo que pasa? Que a mí me encanta la polarización, me chifla", proclama ante el público. No como un defecto de la democracia, sino como una herramienta inevitable cuando determinadas cuestiones entran en juego. De hecho, va todavía más lejos al defender que es "necesaria".

El combate

Para ilustrar la idea, dos boxeadoras aparecen sobre el escenario. Mientras una lanza golpes y la otra intenta cubrirse, Giró desarrollaba su tesis: "Quienes piden que no se polarice, en política, por ejemplo, lo hacen porque no lo necesitan".

A partir de ahí, el humorista va encadenando ejemplos. "¿Cómo podemos evitar la polarización cuando nuestro interlocutor niega, de saque, la violencia de género o la crisis climática o los derechos de las personas trans o migrantes?", plantea. En la lista también tienen cabida los terraplanistas y quienes "niegan la existencia de otras culturas y 'altres llengües'".

"Ya me gustaría a mí no tener que polarizar. Estaría yo tan pichichi", dice con resignación. El problema, viene a decir, aparece cuando determinadas preguntas solo admiten una respuesta clara. ¿Es posible mantener una exquisita neutralidad ante los feminicidios? ¿O ante el derecho a una vivienda digna?

El monólogo se detiene especialmente en la llamada prioridad nacional defendida por Vox. "Imagina que el hijo de una persona migrante necesita un trasplante de corazón a vida o muerte. ¿Qué hacemos: le operamos o echamos mano de la prioridad nacional? ¿Cuál debería ser la respuesta adecuada para evitar la polarización?", pregunta a quien quiera o pueda oírle.

Lo paradójico, según señala, es que quienes suelen reclamar consenso y moderación rara vez muestran dudas cuando toca posicionarse sobre otros asuntos. Ahí aparecen debates donde las medias tintas desaparecen de golpe: los toros, la monarquía o el eterno Barça-Madrid.

La función da entonces un giro inesperado. Giró pide a las boxeadoras que abandonen la pelea, pero una de ellas comienza a golpearse a sí misma. El motivo es otra de las divisiones políticas que marcan la actualidad. "¿socialista o sanchista?". Al verla sufrir, el presentador intenta tranquilizarla: "Cariño, no te tortures, lo de Leire pasará como pasó lo del pequeño Nicolás".

Sin embargo, el golpe definitivo todavía está por llegar.

"¿Sería usted tan amable de quitarme el pie de la cara?"

Tras varios minutos reflexionando sobre quienes reclaman calma frente a las injusticias y apelan constantemente al equilibrio, Giró dirige su ironía hacia los defensores de la templanza permanente. "Son los que apelan a la moderación y al sentido común, que como todo el mundo sabe, han sido dos motores de cambio social a lo largo de la historia", comenta irónicamente antes de recordar conquistas históricas como la abolición de la esclavitud o el sufragio universal.

Es entonces cuando una voz comienza a escucharse desde algún lugar del escenario. El misterio se resuelve cuando la cámara abre plano: durante todo el discurso, Giró ha permanecido con el pie apoyado sobre la cara de una trabajadora tumbada en el suelo durante todo el monólogo. Ella le exige que se aparte. Él, en cambio, finge no entender el problema. "Me está usted pisoteando", reclama ella elevando el tono después de que Marc le pregunte por qué grita. Al presentador no le parece que esas sean "las maneras".

"¿Qué maneras ni hostias? Que me quite ya el pie de la cara, gilipollas", exige la trabajadora. La respuesta de Giró es una caricatura de quienes exigen educación incluso a quien está siendo perjudicado. "Oiga, haga usted el favor de no vociferar. Modere el tono, señorita, que con estas formas pierde usted toda la razón".

Solo después de insistir en que formule la petición con corrección, accede a retirar el pie. La escena, incómoda y cómica al mismo tiempo, cierra un monólogo que transforma un debate político en una sucesión de imágenes absurdas para defender una idea muy concreta: a veces no es el volumen de quien protesta lo que genera el conflicto, sino aquello contra lo que está protestando.

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