En "el muelle de la vergüenza"

"Me quitaron al bebé para prostituirme": los duros relatos que ha escuchado el papa León XIV en Arguineguín

¿Qué han dicho? "Gracias a Dios la patera llegó a la otra orilla, pero durante el viaje quedé embarazada de un hombre de la mafia. Al llegar a España me quitaron al bebé para obligarme a prostituirme", ha contado una mujer que huyó de Nigeria con 22 años.

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El papa León XIV ya está en Canarias y lo primero que ha hecho ha sido escuchar el relato y las duras vivencias de personas migrantes, víctimas de trata de personas y de voluntarios y trabajadores de Cáritas o de Salvamento Marítimo. Personas que miran de frente y a diario a los ojos de los migrantes que llegan exhaustos hasta las costas canarias.

Porque el papa ha estado en Arguineguín, en el puerto que se señaló como el de la "vergüenza" y que se convirtió en un símbolo de la crisis de migración de las islas. Un muelle que este jueves ha cambiado de nombre. Tras el acto de León XIV con migrantes, ha sido rebautizado como "muelle de la esperanza". Aunque las historias que han relatado esos migrantes al santo padre no han sido precisamente de esperanza, sino del sufrimiento de las personas migrantes.

Así, hemos podido conocer a Blessing, una mujer víctima de trata de personas y una migrante forzosa. "No me fui de mi país porque quisiera, me fui porque no había otra salida", ha asegurado. "Con 22 años tomé la decisión más importante de mi vida, dejar Nigeria y a mis hijas, de cuatro y dos años. La mafia me llevó a un local donde me hicieron un ritual y me dijeron que tenía una deuda que debía pagar al llegar a Roma", ha contado entre lágrimas.

Porque Blessing ha visto morir a compañeros, la han apartado de sus hijos, ha sido violada y obligada a prostituirse. "Estuve seis meses sin poder salir. Cuando llegó el momento de cruzar el mar, vi cómo las personas que salieron antes murieron en el mar", relata. "Gracias a Dios la patera llegó a la otra orilla, pero durante el viaje quedé embarazada de un hombre de la mafia. Al llegar a España me quitaron al bebé para obligarme a prostituirme".

Solo al final brilló la palabra "esperanza", porque la policía le devolvió a su hijo. Ahora Blessing dice que, gracias a los voluntarios de la Iglesia, ha podido salir adelante. "He aprendido a creer en mí misma de nuevo".

"He rescatado del mar a más de 20.000 personas"

También hemos podido escuchar la visión de la migración desde otra mirada, desde la de los trabajadores de Salvamento Marítimo. El que ha dado voz a todas estas personas ha sido el capitán de la guardamar, Tito Villarmea.

"Durante estos años con mi equipo he rescatado del mar a más de 20.000 personas; es una cifra que duele, que no se olvida", ha denunciado, para también asegurar que nunca podrá olvidar "a una madre en una patera con su hijo, junto a muertos y personas heridas". "Ya a bordo, la madre le quitó la cazadora al niño y le puso pendientes; era una niña. Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes y podría ser mi hija".

Por ello, Villarmea ha pedido trabajar en sociedad para "que este drama disminuya y este mundo sea más justo". "Hasta ese momento, desde Salvamento Marítimo seguiremos dando nuestra vida por cada vida en el mar", ha prometido.

En la misma línea, se ha mostrado una de las muchas voluntarias de Cáritas, que ha recordado que cada persona que llega es una persona "a abrazar y acompañar". Así, María Reyes Alemán, ha hablado junto al papa de la crisis migratoria que ha sufrido Arguineguín. "Cuando empezaron a llegar a la parroquia, la sensación de desbordamiento era inevitable. Esta limitación nos hacía cuestionar la capacidad real de acompañar a todas las personas que lo necesitaban", ha contado.

Invisibilización de las víctimas

Junto al papa León XIV ha estado en el muelle de Arguineguín el obispo de Canarias, monseñor José Mazuelos. Allí ha lamentado la "invisibilización de víctimas" que "arriesgándolo todo buscan vivir con dignidad"

En su discurso ha destacado que el muelle en el que estaban es conocido por el "dolor y la esperanza que aquí se entrelazan". "Hombres, mujeres y niños que, siguiendo la ruta atlántica, una de las más peligrosas del mundo, llegan sobre todo de Senegal, Mauritania, Gambia, Mali y Marruecos", en busca de una vida digna.

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