Racismo

Una ola xenófoba cada vez más global encuentra aliento y freno: el papa en Arguineguín frente a la prioridad nacional en Valladolid y la violencia racista en Belfast

Entre líneas Mientras León XIV pide que no nos acostumbremos a contar cadáveres, en España el PP abraza el 'españoles primero' de Vox y la UE pone en marcha la posibilidad de deportar a migrantes a terceros países.

Los disturbios de Belfast, el papa en Arguineguín y Mañueco en su toma de posesión
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El puerto de Arguineguín, en Gran Canaria, Valladolid y Belfast son tres lugares a miles de kilómetros de distancia entre sí, pero que son claves para entender el mundo actual. Muestra miradas opuestas sobre uno de los grandes retos de nuestro tiempo: la migración.

Belfast (Irlanda del Norte) copa estos días los titulares europeos por la ola de altercados después de que un individuo de origen sudanés intentase asesinar a un irlandés, blanco. Un suceso que la ultraderecha aprovecha para alimentar el odio contra todo el que viene de fuera.

Después está Valladolid, donde Alfonso Fernández Mañueco ha sido reelegido presidente de la Junta de Castilla y León gracias a su alianza con Vox. Tras su toma de posesión, el 'popular' ha abrazado a Carlos Pollán con la misma energía con la que ha asumido la prioridad nacional. En el centro de todos estos hechos está, Arguineguín, donde León XIV ha apostado por lo contrario: por la acogida.

"Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia. (...) No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera", ha esgrimido este jueves el pontífice.

Ola de xenofobia

Sus palabras son un mensaje para todos estos lugares donde se está extendiendo la ola global de la xenofobia. Porque en Belfast se volvió a vivir el miércoles otra noche de disturbios con cócteles molotov, destrozos de comercios y mucha violencia.

En la capital de Irlanda del Norte, la comunidad de minorías étnicas vive con miedo. "Quienes están difundiendo el odio en este momento son una minoría. Son muy pocos, pero sin duda han causado conmoción en toda la comunidad", ha expresado Kashif Akram, del Centro Islámico de Belfast.

La chispa que ha servido como justificación para estos actos fue el apuñalamiento de un hombre blanco a manos de otro de origen sudanés. La respuesta de la extrema derecha no ha sido casual ni espontánea, la policía local ha indicado que existe una "coordinación significativa" en redes sociales, que usan ahora para dirigir la caza al migrante, compartiendo datos y direcciones postales de migrantes.

Por su parte, la familia de la víctima del apuñalamiento ha pedido el cese inmediato de los disturbios. En un comunicado, pide que no se utilice su tragedia para alimentar hostilidad y reclama acabar con la desinformación y las mentiras que solo empeoran una situación ya de por sí muy difícil.

Recado de León XIV a los gobiernos

Mientras Belfast representa el odio, León XIV, la paz. Al menos en sus palabras. Desde Arguineguín, conocido como el muelle de la vergüenza, el epicentro del drama migratorio en España, el papa ha exigido que no nos acostumbremos a que las aguas de Europa se conviertan en cementerios.

Sin embargo, lo hecho sin mencionar explícitamente lo que allí ocurrió en 2020, cuando miles de migrantes permanecieron semanas hacinados a la intemperie. Tampoco ha incluido ni un solo testimonio de alguna de las miles de personas que se jugaron la vida por llegar hasta allí.

El pontífice también ha aludido directamente a los gobiernos y los parlamentos, como las Cortes de Castilla y León, para que acojan a los migrantes. Pero el PP y Vox hacen oídos sordos a las reclamaciones de León XIV y mantienen su apuesta por 'los españoles primero'.

Algo parecido ocurre en toda la Unión Europea, donde a partir de este viernes se impondrá el 'Modelo Meloni' que permitirá que los migrantes sean deportados a terceros países. Una medida a la que se opone el Gobierno de España y muy criticada por organizaciones de derechos humanos.

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