Matías se encontraba comiendo en la quinta planta del su vivienda de la calle Toledo, en Madrid, cuando se produjo una doble explosión. Un vecino tras el estallido coge su teléfono y se pone a grabar. Pronto observa cómo en el quinto piso del edificio ya envuelto en escombros alguien se mueve.

Era él, Matías, uno de los sacerdotes que habitan en el edificio que pertenece a la Parroquia de la Virgen de la Paloma. Ni si quiera él se explica cómo permanece en pie en un edificio que de un segundo a otro se ha quedado desnudo, sin paredes.

A él también, lo primero que se le ocurre es grabar un vídeo para su familia, por si no sale de allí. "Se acaba de estallar nuestra casa por la tubería del gas. Estoy atrapado en el quinto piso, hay un incendio y no puedo bajar. Reza por mi, no sé si me van a poder rescatar de aquí".

Horas después cuenta en una radio uruguaya que no se cree que haya salido ileso. "De un momento a otro las paredes ya no estaban. Veía el precipicio. Todo fue expulsado de la casa y no puedo explicar cómo yo, que estaba sentado ahí, no fui expulsado por la onda".

Su compañero de piso era el párroco Rubén, uno de los muertos. Había bajado a la planta de abajo a revisar la caldera con un feligrés y la explosión les dio a los dos de lleno. Los cascotes que cayeron a la calle Toledo mataron a otras dos personas que pasaban por allí.

Matías, en el piso de arriba, tuvo que esperar durante 20 minutos a que le rescatasen los bomberos, sin saber que el edificio corría riesgo de venirse abajo con él dentro. "Estaba comiendo y no me había percatado de la magnitud del siniestro hasta que me di cuenta de que estaba apunto de colapsar", confiesa en la entrevista radiofónica.