"Aquel olor era único. Nunca lo he vuelto a sentir. Era inconfundible". Era el olor del peor incidente en una central nuclear de la historia de España. Braulio Conejo Gutiérrez recuerda ese fatídico 19 de octubre de 1989. Eran las 21.39 horas. La central de Vandellós I (Tarragona) y sus trabajadores tuvieron que hacer frente a un episodio crítico.

"Yo vivo a 6 kilómetros en línea recta de la central y desde mi balcón se veía el vapor de agua que lanzaba. Vi que se habían disparado las seguridades como otras veces había sucedido. Pero esta vez era algo diferente ya que tardaban mucho en pararse y se veía incluso una mezcla con un humo negro que no me gustó", relata Braulio. "Me fui para la central, como muchos otros compañeros. Yo pertenecía al equipo de mantenimiento", añade.

La situación que se encontró allí era "complicadísima". El informe del Consejo de seguridad Nuclear (CSN) al que hemos tenido acceso detalla la secuencia de hechos. A las 21:39 horas se produjo una señal de alarma de alta vibración en uno de los ejes de las turbinas de los generadores eléctricos principales, causado por una rendija en la turbina número 2. Justo después se encendió la alarma de baja presión por falta de aceite en la turbina, lo que puso en marcha las bombas de aceite de emergencia. La avería también provocó una fuga de hidrógeno que en contacto con el aire y la elevada temperatura provocaron una explosión y el incendio.

El entonces inspector residente de la central, Juan Carlos Carles, describe un panorama bastante complicado y caótico. "Había humo y dificultades incluso para respirar. Un panel de mandos con una gran parte en la que nadie era capaz de interpretar algo porque eran todo alarmas. El otro panel, el que daba los parámetros, yo no tenía capacidad para interpretarlo", señala.

Y es que el incendio no fue el problema más grave. Con el incendio, una de las bombas principales de la central que servía para refrigerar el reactor siguió trabajando, "como debía hacer", explica Braulio. "Pero la mancheta se quemó, nadie se dio cuenta porque estaba en la cota más baja y la bomba siguió funcionando metiendo agua para refrigerar el grupo. Cuando nos dimos cuenta se dio la voz de alarma de que había agua en la cava del reactor", continúa.

"Nos tuvimos que meter en la piscina sin saber si estaba contaminada", recuerda más de 30 años después. "Llevábamos unas botas que nos llegaban hasta las ingles, nos metimos para lubricar las bombas que se habían quedado sin aceite y grasa con el agua".

Sala de control (izqda) y piscina (derecha) de Vandellós I

Con los sistemas caídos, sin comunicaciones por megafonía y sin iluminación de emergencia, todo estuvo en manos de los técnicos de control y del equipo de mantenimiento. Junto a los trabajadores en turno llegaron decenas de compañeros que estaban en sus casas. Cada uno sabía lo que tenía que hacer, aunque la coordinación era muy complicada, relata Carles. "Si no hubiera sido por la pericia de los operadores, actuando manualmente los sistemas que habían perdido el control normal desde los paneles, el incidente habría tenido una trascendencia muy importante", añade el inspector. Rafael Cid, director técnico del CSN, coincide en el "comportamiento heroico" de los técnicos. Los bomberos, que no conocían el espacio ni las zonas en las que debían trabajar, tampoco lo tuvieron nada fácil.

Fue un accidente con todas las de la ley que no fue a más porque hubo pericia y suerte

Juan Carlos Carles, inspector residente de Vandellós I

Finalmente, pasadas las cuatro de la madrugada, con el apoyo de los técnicos y de los bomberos, se logró extinguir el incendio y reactivar manualmente el circuito de refrigeración llegando al objetivo de un paro controlado.

"La central la salvó la profesionalidad de sus trabajadores. Nadie se fue, ni el que estaba allí ni el que llegó aunque no le correspondía. Hubo peligro, pero no extremo", insiste Braulio, que pide un reconocimiento de la sociedad para los trabajadores de Vandellós I.

Pero lo cierto es que se había rozado la catástrofe. Se alcanzaron presiones cercanas a los 30 bares, que era el límite máximo en el que estaba programada la liberación automática de presión en el reactor.

"Finalmente el accidente fue clasificado como 'incidente de nivel tres'. Pero para mi fue un accidente con todas las de la ley que no fue a más porque hubo pericia y suerte. Al no haber impacto radiológico se estableció en el 3", explica Carles.

Pero no todos los expertos nucleares coinciden. "No se estuvo tan cerca de un accidente como se puede llegar a pensar. El reactor tenía sistemas de refrigeración alternativos. Fue un incidente industrial en una central nuclear", apunta en conversación con laSexta Alfredo García (@OperadorNuclear), supervisor y divulgador sobre energía nuclear.

"Ni se produjo una emisión de gases radiactivos ni era previsible que se produjera. Tampoco era necesaria una evacuación de la población" porque, señala, una emisión de gases radiactivos no tiene por qué afectar necesariamente a la población ya que intervienen otros factores como la dirección del viento.

Meritxell Bennesar, responsable de nuclear en Greenpeace España, advierte de que se estuvo muy cerca de liberar al medio ambiente una cantidad de radiación muy importante. "Las mejoras que se exigían para permitir que la central volviera a funcionar y su alto coste, provocó que la empresa decidiera su cierre definitivo", cuenta. Está previsto que en 2028 se produzca el desmantelamiento definitivo.

Bennesar es contundente. "La energía nuclear tiene riesgos", aunque más allá de los accidentes que se puedan producir, la responsable pone el foco en la gestión de los residuos radiactivos. "No se ha encontrado aún la solución ideal", sentencia. Por eso, desde Greenpeace siguen apostando por el cierre de todas las centrales nucleares.

En España hay siete reactores que permanecen activos: Almaraz I y Almaraz II, en Cáceres; Ascó I, Ascó II y Vandellós II, en Tarragona; Cofrentes, en Valencia, y Trillo, en Guadalajara.

Ahora, coincidiendo con el aniversario de Chernóbil, el debate sobre la energía nuclear está sobre la mesa. Un debate al que se añade presión con el alza de los precios de la energía y los combustibles, el suministro de gas y las implicaciones geopolíticas que derivan de la guerra de Rusia en Ucrania.

¿Qué falló en Chernóbil?

Chernóbil era diferente a los reactores actuales. Era un reactor diseñado para producir plutonio para fabricar bombas atómicas. La función de producir electricidad era un subproducto, no era la función principal para la que se había diseñado. Pero ese diseño sí afectaba directamente a la forma en la que se comportaba el reactor. Era un reactor intrínsecamente inseguro. Así lo relata en conversación con laSexta Alfredo García (@OperadorNuclear). "En cualquier máquina térmica, cuando tienes un aumento de la temperatura empiezas a tener problemas porque está refrigerando peor. En ese reactor cuando aumentaba la temperatura lo que hacían era aumentar la potencia y al aumentar la potencia subía la temperatura. Eran dos factores que se iban retroalimentando. En un momento en el que perdías el control se disparaba todo, se disparaba potencia y temperatura y terminaba en un accidente", explica el experto.

Lo cierto es que no hubo una única causa en el accidente de Chernóbil. "Fallaron muchas cosas, pero además ellos bloquearon sistemas de seguridad que tampoco ahora se podrían bloquear. Empezó a subir la temperatura, la potencia y cuando ya se calentó tanto el combustible, el agua que hacía de refrigerante se evaporó instantáneamente, lo que se llama una explosión de vapor. Eso fue lo que rompió el reactor. No hubo explosiones nucleares. Eso no se puede producir en una central nuclear. Es físicamente imposible. Pero sí se pueden producir otro tipo de explosiones como fue el caso. La explosión de vapor rompió el reactor, rompió el combustible y se produjeron emisiones radiactivas. A esto se suma otro problema grave. En Chernóbil no tenían edificio de contención. Es un edificio característico de todas las centrales nucleares, un edificio cilíndrico con una cúpula semiesférica. Chernóbil no tenía ese edificio sino uno industrial de chapa, incapaz de contener la emisión radiactiva", describe.

Desde entonces se ha avanzado en seguridad, inspecciones y en protocolos. "Todas las centrales nucleares que tenemos actualmente en España tienen edificio de contención. Los protocolos y las inspecciones han avanzado. Estamos cumpliendo los mayores estándares internacionales", señala García.

Energía nuclear civil vs. energía nuclear militar

"La nuclear tiene muy mala imagen en nuestro país", reflexiona Braulio tras una vida unida al incidente de Vandellós I. Pero no es lo mismo hablar de nuclear civil que de nuclear militar. "Son dos usos diferentes de una tecnología que tiene un origen común que es fisionar núcleos de uranio para producir una energía que tenga un uso concreto. En una central nuclear fisionamos núcleos de uranio para calentar agua, ponerla a hervir, generar vapor y mover una turbina que genera electricidad. Esto lo hacemos de forma controlada y además la proporción de uranio-235 que usamos es muy baja y por tanto no podemos provocar una explosión nuclear en ningún momento. Es importante señalar esta diferencia", explica @OperadorNuclear.

En la naturaleza existen dos tipos de uranio, el uranio-235 y el uranio-238. Son lo que llamamos isótopos. El 235 es el que se fisiona, el que se rompe mediante el bombardeo con neutrones, es el que produce el calor, la energía y la radiactividad. Pero resulta que en la naturaleza el uranio-235 está en una proporción muy baja (en torno al 0,72%) y para que funcione una central nuclear tenemos que aumentar esa proporción hasta valores de entre el 3% y el 5%, eso es lo que se llama enriquecer uranio. Si utilizamos uranio sin enriquecer, una central podría funcionar durante pocas semanas. Con uranio enriquecido una central nuclear funciona durante año y medio sin tener que parar a repostar.

"Sin embargo, para una bomba atómica no nos interesa que las reacciones sean controladas, por lo que la proporción de uranio debe ser mayor del 90%. Eso no se produce en ninguna central nuclear del mundo, por lo que es físicamente imposible que una central nuclear explote", tranquiliza el experto.

Así, compara la central nuclear con un bisturí y una bomba atómica con una bayoneta. "Ambos son elementos cortantes pero con usos diferentes. Uno salva vidas y cura; el otro sirve para quitarlas. Si los metemos en el mismo saco denota interés por denostar esta energía o desconocimiento", añade.

Energía nuclear, ¿salvadora frente al cambio climático?

Para García, una de las principales ventajas de la nuclear es que produce electricidad con muy bajas emisiones de gases invernadero, tan bajas como la eólica. "No hay ninguna energía que tenga emisiones cero. La energía eólica o solar también tienen emisiones", explica frente a los críticos con las emisiones por la extracción de uranio, el carbón, la construcción de las nucleares o el transporte de estas materias.

Una vez que ya están produciendo electricidad, los informes del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) reflejan que la energía nuclear produce 12 gramos de CO2 por KWh, la eólica 11-12 y 48 en la solar fotovoltáica. Luego ya nos vamos a 490 en el gas y 840 en el carbón. Así, una de las ventajas de la nuclear son sus bajas emisiones considerando todo su ciclo de vida.

Otra ventaja que destaca el ingeniero es la capacidad de la nuclear de producir electricidad independientemente de las condiciones meteorológicas y atmosféricas. "La energía solar depende del día y la noche y de si hay nubes o no y la eólica depende del viento. La nuclear no tiene esa dependencia", indica.

Muchos países están apostando en la actualidad por un trabajo en equipo de las renovables y la nuclear, para evitar así la dependencia del gas natural. "Tener más centrales nucleares nos resta dependencia del gas natural", explica García. Pero, ¿y la dependencia del uranio?. Es diferente según el experto ya que las opciones para tener uranio son mayores, incluso la propia España tiene uranio aunque está prohibido extraerlo por ley. "Hay muchos países que tienen capacidad para extraer uranio. Aunque ahora parte del uranio viene de Rusia, recientemente en Canadá se ha abierto una mina que tiene mayor capacidad de producción que toda Rusia. También Australia tiene una gran capacidad de producción y ambos son socios más fiables que Rusia", señala.

Tener más centrales nucleares nos resta dependencia del gas natural

Alfredo García, divulgador y experto nuclear

Su apuesta como experto es no depender solo de las renovables ya que no cree que haya una sola energía que de forma independiente sirva para mitigar el calentamiento global. "Cada país debe adaptarse a sus recursos naturales con un mix combinado. Hay que buscar un equilibrio e ir disminuyendo el consumo de combustibles fósiles, no solo por las emisiones de gases de efecto invernadero sino por la dependencia de socios poco fiables económicamente como Rusia o países del norte de África", matiza.

¿Es posible la independencia energética de España?

Otra cuestión que puede ser clave en el futuro de las renovables es si vamos a tener los minerales necesarios para los paneles solares fotovoltáicos y los aerogeneradores pensando que estos equipos hay que renovarlos cada 25 años aproximadamente. "Esos minerales van a representar un gran problema para la humanidad. Para construir toda la tecnología actual, dispositivos electrónicos de control, vehículos eléctricos, baterías, teléfonos móviles, imanes… se utilizan minerales que se engloban en un grupo conocido como 'tierras raras' (17 elementos químicos). El 60% de esos elementos se extraen en China y además este gigante procesa el 90% de los que se extraen en el mundo. Por tanto, dependemos todos de China. Y eso tiene que ver también con la situación energética", destaca. ¿Cuál es la clave entonces? "Buscar socios fiables y acuerdos internacionales para asegurarnos esos suministros y no hacer demagogia", añade.

Así, la independencia energética cada vez tiene menos sentido ya que España, por ejemplo, tiene algunos de esos materiales (tierras raras) pero no todos.

Sí se está investigando en la fusión nuclear. Es otro tipo de energía nuclear que es la más común en el universo. En lugar de romper núcleos pesados, se combinan núcleos ligeros. En el caso de las estrellas el hidrógeno se combina con hidrógeno y se introduce helio. Al producirse el helio se emite aún más energía que en la fisión nuclear, en lugar de romperse se unen." Así es como funcionan las estrellas, incluido el sol. Son reactores de fusión naturales", detalla el experto. Una investigación en la que se profundiza desde hace años. En la actualidad se está construyendo un reactor experimental internacional en Francia, con la participación de España. Los expertos que trabajan en fusión nuclear creen que se podría conseguir a partir de la segunda mitad de siglo.

¿Qué ventajas tiene? En este caso tendríamos un combustible ilimitado, que es el hidrógeno, que se encuentra en el agua del mar. No produce residuos radiactivos pero al mismo tiempo sí que necesitarían tierras raras para crear toda esa tecnología. La dependencia seguiría siendo un hecho.