A Daniel (28 años, Málaga) el coronavirus le ha cortado el rollo “completamente”. Así, sin medias tintas. El viernes 13 de marzo quedó con una chica con la que llevaba días hablando. Al día siguiente el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decretó el estado de alarma y, con él, el confinamiento de la población. Adiós a las citas.

Daniel no aguantó ni tres días más en Tinder, la app de citas que usaba en ese momento. “Para qué, si no se puede llegar a ningún sitio”, cuenta entre risas resignadas a laSexta.com. “Es aburrido calentar el horno si luego no va a pasar nada, hablando claro”, zanja.

Su caso no es el único: pese a que la empresa no ha querido facilitar datos de uso, casi todas las personas contactadas coinciden en que han dejado de usar estas aplicaciones por el confinamiento, o que las usan menos y, de hacerlo, es solo por aburrimiento.

“Estuve tres días más, una chica me dijo que estaba para entretenerse”, continúa Daniel. Precisamente por aburrimiento, o falta de él, Pablo dejó estas aplicaciones. El joven, también de 28 años y residente en Madrid, cuenta que ya tiene suficiente con hablar con su familia y amigos por WhatsApp y videollamadas. “No me apetece seguir charlando con alguien que no conozco”, cuenta. “El nivel de conversaciones diarias ha aumentado considerablemente estos días, y eso me deja sin ganas de entrar en cualquier app de ligar", añade sin dudar este usuario de Tinder y Grindr.

Pese a que Tinder no ha querido facilitar datos de uso, casi todas las personas contactadas coinciden en que han dejado de usar estas aplicaciones por el confinamiento, o que las usan menos

También se le quitaron las ganas a Irene, zaragozana de 26 años. “Me lo quité porque estos días no tenía sentido conocer a nadie”, relata, y se explica: “No me veo predispuesta. Muchas veces creo que lo mejor es verse cuanto antes si ves que ya fluye la conversación. Ahora es ‘esperar’ y quizás cualquier conversación se enfríe”, comenta.

“Sería hablar con alguien varios días sin conocernos en persona”, añade Vanesa, amiga de Pablo. No se ha borrado la aplicación, pero explica que su uso se ciñe a “momentos muertos”. “Lo uso cuando no tengo nada que hacer y me aburro. Estoy un poco de tiempo y vuelvo a cerrar porque, al menos en mi caso, no me gusta mucho hablar tanto con alguien a quien aún no he conocido en persona”, matiza.

Como Daniel, Irene o Pablo, más de 45 millones de españoles viven desde el 14 de marzo confinados en sus casas a la espera de que la curva de contagios y víctimas del COVID-19 baje y permita regresar a la normalidad. Una situación de impasse social que afecta a todos los ámbitos de la vida. También al de las relaciones de pareja. O las que aspiraban a serlo en medio del caos.

Pereza y aburrimiento para conocer a gente

Mientras algunos como Daniel hablan de que les da “mucha pereza el tema de tontear por teléfono”, para otros no hay otra opción. Irene, de 29 años, justo se ha abierto cuenta en Tinder y Adopta Un Tío en estos días. ¿El motivo? Esgrime dos principales: por un lado, mientras está confinada no tiene otra forma de conocer a gente; por otro, “es un aliciente a la autoestima”, asegura esta granadina.

Lo mismo le pasó a Elena, madrileña de 31 años. “Te sientes sola y aislada y triste, y todo lo que se pueda paliar con algo tan fácil como bajarse una app, pues bueno es. Más que aburrimiento es necesidad de contacto y hablar con alguien que sea distinto a tu familia”, relata al otro lado del teléfono.

¿Cómo, en casos tan similares (todos estamos confinados) las respuestas son tan dispares? Vanessa Fernández, doctora en Psicología y docente de la Universidad Complutense, lo explica de forma simple: “La respuesta humana ante situaciones ambiguas es altamente diferencial. Hay quienes se sienten muy a gusto en casa y tienen capacidad de distracción, mientras que otras personas necesitan del contacto con otras y se sienten angustiadas y encerradas”.

La respuesta humana ante situaciones ambiguas es altamente diferencial. Hay quienes se sienten muy a gusto en casa, mientras que otras personas necesitan del contacto con otras

Un punto de vista muy optimista a este respecto lo tiene Javier, dominicano de 26 años que lleva dos en Madrid. Él decidió volver a Tinder el pasado fin de semana, pensando en la cuarentena como una oportunidad: como no se puede quedar en persona, ahora sí podemos hablar. “Es una oportunidad para conocernos más antes de vernos”, dice.

¿Sexo o conversación?

Frente a una cultura en la que la gente “no se conoce, solo quieren quedar y tener sexo”, la cuarentena invita a la conversación: “realmente he notado que los chicos se dejan conocer un poco más, te hablan y quieren conocerte, pensar en planes para cuando acabe el confinamiento”, cuenta Javier, que dice que ahora recibe más ‘match’ --la fórmula de Tinder para iniciar conversaciones--. Eso sí, también confiesa que en apps como Grindr ha encontrado más personas que querían ir ‘a saco’ y le proponía desde sexting a quedar, algo que califica como “una irresponsabilidad por su parte”. La empresa ha explicado a laSexta.com que ellos promueven que se sigan todas las recomendaciones de la OMS, pero no ha querido hacer más declaraciones al respecto.

Desde Tinder, por su parte, aseguran que ahora las conversaciones que se tienen son “entre un 10 y un 30% más largas” en nuestro país. Irene lo corrobora: “he notado que las conversaciones duran más y las horas en las que se llevan a cabo han cambiado”. Eso sí, al menos su caso no coincide con lo que dicen desde la archiconocida aplicación, que aseguran que los usuarios se ponen en sus biografías notas de ánimo sobre la cuarentena: “No he visto nada en concreto”, responde.

Sí que ha visto algo parecido Gema, de 28 años. Aunque no específicamente mensajes de ánimo, cuenta que el papel higiénico o las terrazas se han vuelto objeto de deseo (y lucimiento) en esta red. “La gente no para de gastar bromas con el coronavirus o suben fotos de terrazas/jardines para ‘quedar’”, detalla. El caso de esta melillense es similar al del resto de personas preguntadas: usa la aplicación contra el aburrimiento de estos días, pero poco más.

En este sentido, Fernández explica que acudir a estas aplicaciones por aburrimiento es “totalmente normal”, pero sí recomienda tener “un control de impulsos”: “Es peligroso porque generan hábitos que pueden tener consecuencias negativas. En las aplicaciones de ligar, puede pasar que tengas contactos con personas que no te interesarían a la primera, y puede ser que luego te cueste más descolgarte de esas personas si no están dentro de lo que es tu perfil”, anota.

Ahora bien, no todo es Tinder: ahí está Instagram, por ejemplo. En tiempos de soledad en casa, cualquier espacio es bueno para conocer a gente, y esta red social es estupenda para este fin. “Si estás en Tinder parece que estás desesperado y en Instagram lo haces igual o intentas conocer a alguien y no influye tanto el qué dirán”, cuenta Tomás, fuenlabreño de 27 años.

Este joven, militar de profesión, asegura que se ha planteado hacerse cuenta en la mencionada app de citas en los últimos días: “Por probar no pierdes nada, el no ya lo tienes”, comenta convencido, y añade: “Si aumento las posibilidades de conocer a alguien interesante, pues mira”. Para él, la clave durante el confinamiento está en que todo el mundo está en casa aburrido: “En estos momentos tenemos más tiempo”, teoriza.

Ligando por el mundo

“Igual tengo que darle una oportunidad”, reflexiona entre risas la zaragozana al ser preguntada sobre el tema. Ese parece ser el pensamiento de otros cuantos de su generación, la que más usa Tinder, según datos de la propia plataforma aportados a laSexta.com --el resto de aplicaciones no han respondido a la petición de datos enviada por este medio--.

Precisamente para animar a los usuarios, la red de contactos más conocida ha lanzado la opción ‘tinder Passport’ de forma gratuita hasta final de marzo. ¿El objetivo? Que el usuario pueda poner su localización en cualquier lugar del mundo y, así, hablar con personas a miles de kilómetros de distancia. “Ahora entiendo por qué me salen chicas que están a 10.000 kilómetros”, bromea Gema. Irene, por ejemplo, dice que no ve utilidad a esta opción (“cuando pase la cuarentena no tendré acceso físico a ellos”, explica la granadina), pero para Elena fue determinante.

“Tenía pensado para Semana Santa irme a Cuba y, como no voy a poder, se me ocurrió ponerme el Tinder en La Habana, como si estuviera allí. Es muy divertido”, narra esta madrileña. “Ya que no voy a poder quedar con nadie, me da igual abrirme el Tinder aquí que en la Cochinchina”, explica. Ella ya ha pasado por Cuba, Uruguay y Colombia, y planea seguir ‘viajando’.

"Tenía pensado para Semana Santa irme a Cuba y, como no voy a poder, se me ocurrió ponerme el Tinder en La Habana, como si estuviera allí. Es muy divertido"

También usuaria recurrente de apps de citas (“aunque nunca he estado más de una semana seguida”, matiza), para Elena Tinder se ha convertido en un sustituto del bar: “La opción más parecida a irme de copas con mis amigas era abrirme tinder”.

“Hay muchas personas solteras que de repente no tienen el abrazo de su mejor amiga, o ese brote de oxitocina de cuando conoces a alguien que te hace tilín”, continúa Elena. Ante esto, Fernández tiene una recomendación clara: “es verdad que personas se sienten solas y van a esas aplicaciones para sentirse acompañadas, pero el objetivo no debería ser buscar cariño”.

“Estas app deberían usarse para conocer gente, nuevos contactos y disfrutar y lo que surja, pero no para cubrir necesidades”, lanza la psicóloga. Gema termina con un mensaje optimista al hilo de esto último: "¡Aprovechemos la cuarentena para conocer un poco más a esa persona y ver si apetece tomar algo cuando podamos salir de casa!". Ya lo dijeron los de La Raíz: "Nos volveremos a ver".