Una voz cantarina penetra en millones de casas: confirma la llegada de un día histórico para el devenir de España. "Vota libertad, la vía segura a la democracia", se puede oír en las televisiones y radios de los hogares españoles: es el lema con el que la Unión de Centro Democrático (UCD), a los mandos de Adolfo Suárez, lanza su candidatura para las Elecciones Generales de 1977, las primeras tras la muerte del dictador Francisco Franco. En las calles reina la expectación y el optimismo. España viene de apoyar masivamente, con más del 87% de los votos, el proyecto de Ley para la Reforma Política que permitirá el avance del país hacia un Estado democrático.

En contraposición, aún sigue la lucha contra los coletazos violentos del franquismo, entre los sucesos de Vitoria de 1976, la matanza de Atocha en enero de 1977 y el asesinato de dos jóvenes en dos manifestaciones llevadas a cabo en la Gran Vía de Madrid ese mismo mes. Se da un clima en el que el régimen ya sufre la disolución de su cara más visible, la política, aunque costará años erradicar de las instituciones y administraciones públicas la herencia franquista. El propio Suárez, en su mensaje electoral, se encarga de recordarlo: "Esta España, que ya es políticamente de todos, debe comenzar a serlo también en lo social, lo económico y lo cultural".

No es el único. A la de UCD se suman otras candidaturas, más de una veintena, que aspiran a liderar el cambio político que se viene anunciando en España desde el 20 de noviembre de 1975. Pero donde reina la expectación y el optimismo también lo hace la incertidumbre. Las campañas que han puesto en marcha las formaciones para llamar al voto demuestran la compleja coyuntura que afronta un país sumergido en un mar de dudas respecto a su propio futuro. Prueba de ello es el anuncio electoral que hace el Partido Comunista (PCE) de Santiago Carrillo, recientemente legalizado, que llama a evitar "una nueva guerra civil", que se "destierre la violencia de las prácticas políticas" y que "cada español, piense como piense, pueda pasear libremente por las calles sabiendo que no va a ser asesinado ni arrestado". En esta misma línea se mueve el Partido Socialista Popular (PSP) de Enrique Tierno Galván, en comunión con la Federación de Partidos Socialistas (FPS), que pide "bajar las espadas, llegar al entendimiento, tener la paciencia necesaria, la honradez que todos necesitamos y sentido común".

Incluso parece moverse en esta dicotomía la Alianza Popular (AP) de Manuel Fraga, exministro franquista. Pero lo hace de una forma un tanto extraña: si bien reclama no votar "por nostalgias, por resentimientos, por sentimientos de revancha", en varios mítines celebrados durante esas mismas semanas se dan elogios y loas a Franco y se afirma que la AP "no está dispuesta a que se entierre la obra de los pasados 40 años". Solo con su partido, dice, se podrá "dar al país seguridad, orden y ley", entre unas promesas, y "plantar cara a los grandes enemigos de España, que son el marxismo y el separatismo", entre otras. Y entre tantos anuncios electorales también los hay que, como Súarez, tienen la vista puesta en su nuevo soberano: el pueblo español, y únicamente a él parecen deberse, como el PSOE de Felipe González, que no Isidoro. En unión con la coalición de los Socialistes de Catalunya, el líder socialista apuesta por "cambiar la sociedad al ritmo que el pueblo marque" porque su partido es "del pueblo, para el pueblo y que nace del pueblo".

 

Un "cóctel molotov" contra AP y otros altercados

El ambiente preelectoral en España es de expectación y optimismo, sí, pero también de miedo y rechazo a un nuevo y desconcertante panorama político. Un ambiente que se resuelve en episodios violentos que marcan una extensa campaña (iniciada a principios de mayo, siendo el día de votación el 15 de junio), del mismo modo que obstaculizan paralelamente los pasos de la llamada Transición hacia un futuro democrático. En los mítines de Fraga se vuelven norma común los incidentes con heridos, detenidos e intentos de boicot; incluso, el lanzamiento de un “cóctel molotov” de manifestantes contra un vehículo frente a la sede de Alianza Popular (poco después se supo que el autor fue Frederic Bentanachs, cofundador del grupo independentista armado Terra Lliure).

Los altercados también afectan a otras formaciones y líderes políticos. Javier Nart, que en el 77 trabaja como secretario general del Partido Socialista Popular Catalá (PSPC) sufre el robo de dinero y documentos del partido en su vivienda, que es destrozada durante el allanamiento. Precisamente, en Barcelona se activa un "dispositivo de orden público", con especial atención a la Plaça de Sant Jaume, como medida de carácter preventivo ante posibles movilizaciones tras la jornada electoral con el objetivo de restablecer el Estatuto de autonomía y la Generalitat, tal y como informó el diario La Vanguardia el 16 de junio. No es de extrañar: dos meses antes, el 23 de abril, día de Sant Jordi, más de 100.000 personas se habían manifestado en la Ciudad Condal a favor del Estatuto de Autonomía catalán. Van más allá: las movilizaciones proindependencia y por los derechos de los trabajadores acaban por influir en los actos de la UCD, que se ve obligada a cancelar un mitin en Tarragona tras la intervención de un grupo de piquetes.

En los mítines del PCE también se suceden de forma habitual, que no continuada, numerosos problemas; en este caso, relacionados con el porte de banderas republicanas en los actos. Son varias las intervenciones de las fuerzas de seguridad en sus eventos electorales para retirar las enseñas tricolor (el PCE aceptó la monarquía como sistema de gobierno y la bandera rojigualda, pero sin el águila de San Juan, como símbolo de identidad nacional a cambio de su legalización). En los mítines comunistas también se observan incidentes entre los miembros del partido y otros grupos de manifestantes posicionados a su izquierda, muy críticos con la línea programática que había adquirido la formación tras su legalización. Problemas con las banderas tienen lugar de igual forma en los eventos socialistas de Felipe González, que en uno de sus actos sufre la muerte de un militante por un infarto, en los últimos días de campaña.

Bandera de España oficial de 1977 a 1981 | Agencias

15J: España vota su futuro

Los españoles llegan a las urnas el 15 de junio en una situación de calma tensa: es 1977, solo ha pasado un año y medio del fin de Franco y no son pocos los que temen que el voto dé lugar a un retroceso en las formas políticas y nazca un nuevo régimen. "Nadie estaba seguro del comportamiento de los españoles una vez muerto Franco y muchos temían sencillamente que volvieran a las andadas", dirá Santos Juliá 20 años después. El 15J, España va a votar condicionada por una campaña repleta de ataques entre candidatos, incidentes (especialmente, las graves inundaciones en el País Vasco que enturbian los últimos días de campaña y la llamada al voto) y con la vista extranjera puesta en el país. En este momento, apunta Santos Juliá, se lucha no solo por la democracia; también, contra el exterior y su "mito de las dos Españas, destinadas a la violencia y al exterminio del adversario".

El voto va destinado a elegir la opción más 'certera' sobre tres cuestiones a solucionar de forma inmediata: el modelo de reforma constitucional de cara a una prometedora democracia, la situación económica que atraviesa el país por la nefasta gestión del régimen franquista y las movilizaciones independentistas. Hay enfado en el sector de la izquierda por la constitución del Senado: la ley de Reforma Política establece la elección directa de los senadores a excepción de 41 de ellos, una quinta parte, que lo son por designación real para dar un carácter independiente a la cámara; una decisión que acaba siendo muy criticada por la posición ideológica de algunos de los nuevos políticos nombrados por el rey y porque muchos de ellos se adscribirán a formaciones políticas y grupos parlamentarios posteriormente. Los nombres se dan a conocer pasadas las 23:30 horas del 15J; entre ellos, Camilo José Cela, José Luis Sampedro, Miguel Primo de Rivera y Urquijo, Belén Landáburu, Marcelino Oreja, Rodolfo Martín Villa o Torcuato Fernández-Miranda.

Artículo del ABC con el listado de los 41 senadores nombrados por designación real | ABC

"Creo que la lista no supone ninguna sorpresa para nadie y me parece que no refleja la situación real del país, que se está expresando a través de las urnas", afirma Felipe González sobre los senadores elegidos por designación real. En la misma línea se expresan otros líderes como Tierno Galván, a quien los rumores habían matado en la mañana del 15J y a quien, demostrando que aún sigue vivo, la lista de senadores por designación real le parece poco representativa de la realidad ideológica de España y advierte de acciones y jugadas sucias en las elecciones. Tampoco es el único que, antes de conocerse los resultados, ya plantea unos nuevos comicios: "Todo esto hay que entenderlo como un ensayo general para la democracia, por lo que, cuanto antes se llegue a unas nuevas elecciones, tanto mejor". Este escenario de dialéctica violenta y dudas sobre el carácter democrático de las elecciones no acaba ni en los momentos posteriores a la votación. Otra de las grandes preocupaciones que ocupa a la clase política aflora: la posición y reacción del Ejército a la decisión de los españoles. Sin embargo, por la posición del rey y la previa destitución de cargos militares descontentos con el panorama democrático que ya se dibuja en España, la mayoría de líderes políticos confía en la correcta respuesta de las Fuerzas Armadas a la decisión del pueblo español.

La noche del 15 de junio nadie duerme: en millones de casas, hoteles reconvertidos en actos electorales improvisados y sedes políticas el nerviosismo es palpable, y lo que arrojan los resultados, que no se conocerán completamente hasta dos días después, lo demuestra. Con una participación de récord, el 78,83%, se dan varias sorpresas: la UCD de Suárez arrasa en casi toda España con más de seis millones de votos y 165 diputados, quedándose a 11 de la mayoría absoluta; el PSOE, que ya las veía venir por la admiración y éxito que cosecha González, se alza como segunda fuerza con 5,3 millones de votos y 118 diputados; en contraposición a la felicidad del PSOE, la esperanza se rompe y las culpas y reproches se suceden en el PCE, que consigue 20 diputados con 1,7 de votantes, un resultado más bajo del que se esperaba para un partido considerado referente en la lucha antifranquista; el batacazo también resuena en la Alianza Popular de Fraga, que si bien vaticinaba un gran resultado en base al voto de los ‘nostálgicos’ acaba con un millón y medio de votos y 16 diputados (13 de ellos fueron anteriormente ministros con Franco); en el PSP, las palabras de Tierno Galván parecían prever sus datos electorales: poco más de 800.000 votos y seis diputados.

Se dibuja así un mapa marcado con el verde de la UCD, a excepción de varias ciudades de Andalucía, la Comunidad Valenciana y Asturias, donde triunfa el PSOE; en Cataluña, donde se impone la coalición del Pacte Democràtic per Catalunya —Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), el Partit Socialista de Catalunya-Reagrupament (PSC-R), Esquerra Democràtica de Catalunya (EDC), Front Nacional de Catalunya (FNC) y un grupo de independientes—; y en el País Vasco, territorio de éxitos para el PNV. Para el recuerdo postelectoral queda el paseo de Dolores Ibárruri, la Pasionaria, y Rafael Alberti por las escaleras del Congreso ante miradas atónitas y despectivas y las palabras de Manuel Vicent 20 años después de las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco: "La democracia es una máquina de achicar la basura que la sociedad va generando sistemáticamente".

Dolores Ibárruri, la Pasionaria, y Rafael Alberti en el Congreso de los Diputados | Marisa Flórez