"Creo que fue un buen político, que todo lo que hizo lo hizo por Italia. No ha habido políticos como él en los últimos 50 años". Con estas palabras Giorgia Meloni se refería a un político de sobra conocido, pero solo alabado por un determinado sector: el dictador Benito Mussolini. No son palabras recientes, sino de una joven de 19 años que no se podía imaginar que años más tarde no solo se presentaría a unas elecciones generales, sino que lo haría con muchas posibilidades de liderar la formación ganadora. Los sondeos y encuestas más recientes en Italia, los últimos antes del 'silencio electoral' previo a cualquier día de elecciones, la daban por ganadora, con incluso más de un 25% de los votos.

Hija de un padre llamado Franco con tintes comunistas que abandonó a su familia —para irse a las islas Canarias—, se crio en los alrededores de Roma gracias a una madre pluriempleada. Con solo 15 años, Meloni se unió a la sección juvenil del partido heredero del fascismo italiano, la Fronte della Gioventù, y 14 años después vivía su primera incursión en el Parlamento italiano, convirtiéndose en la persona más joven en acceder a la vicepresidencia adjunta de la Cámara. También, y de la mano de Silvio Berlusconi, se convirtió en la ministra más joven en la historia de la república italiana.

Algunos apuntan a un giro hacia la extrema derecha en represalia por el abandono de su padre, comunista

Con un padre ausente, algunos apuntan a su giro a la extrema derecha en represalia por su infancia; sin embargo, ella defiende haber disfrutado de una vida familiar feliz. "Soy testigo de cómo, incluso en una familia en la que falta una de las dos figuras paternas, se puede crecer perfectamente feliz, gracias al sacrificio de la parte que asume su responsabilidad", llegó a escribir en su biografía. "En mi familia tuve lo que necesité; era fuera del círculo familiar donde no encontraba la misma comprensión". Sí reconoce que fue fruto del "desamor" de su padre su "constante necesidad de estar a la altura, de ser aceptada, especialmente en un ambiente masculino".

Pero su relación con su padre fue tan fría que ni siquiera sintió algo cuando él falleció. "Me di cuenta de lo profundo que era el agujero negro en el que había enterrado el dolor de no haber sido lo suficientemente amada". Meloni encontró refugio a la sombra de un Giangranco Fini que, dentro del fascista Movimiento Social Italiano, 'relajó' la ideología del partido; después, en Alianza Nacional convivieron ambos. Fue en esta etapa cuando Fini pronunció unas declaraciones en las que definía al fascismo como "un mal absoluto". "Yo estaba en AN cuando dijo esas palabras, y no me desvinculé [de ellas]", llegó a contar a Rai News la propia Meloni, ya preparada de pleno para las elecciones de 2022.

El nacimiento de Hermanos de Italia

Con idas y venidas, en 2012 fundó el partido que ahora lidera y dirige, una década más tarde, hacia una posible gran victoria electoral, Hermanos de Italia (Fratelli d'Italia, FdI). Ha sido calificada por los medios como postfascista, también como neofascista. Lo cierto es que poco tiene que ver con el fascismo, aunque todos los miembros de su partido, la gente que la rodea, sí está imbuida de la ideología neofascista. Recientemente uno de los integrantes de su partido, Romano la Russa, también concejal en Lombardía, era 'sorprendido' haciendo el saludo fascista en un funeral; a pocos días de las elecciones, otro miembro de su partido, Calogero Pisano, coordinador en Agrigento (Sicilia), fue suspendido por alabar a Hitler.

Pese a sus intentos por blanquear la formación, la ideología de FdI tiene ciertas similitudes con el nacionalsocialismo italiano aunque sus propuestas son primordialmente conservadoras, económicamente neoliberales. La natalidad y la familia son dos de sus puntos centrales, y aunque asegura estar en contra del aborto —su padres pensaron en abortar cuando su madre estaba embarazada de ella, y cambiaron de opinión en la puerta de la clínica— su intención es reforzar las políticas para proteger la maternidad. Estos fueron algunos de los puntos que la propia Meloni 'cantó' como telonera de Vox en un mítin celebrado en Marbella el pasado verano, salpicado de otros términos como "ideología de género" o "universalidad de la cruz". De hecho en aquel discurso defendió la necesidad de que existan "madres y mujeres como Macarena Olona".

Apela al orgullo italiano y a la producción y fomento de consumo del producto local, y habla de recuperación de una "estrategia industrial" para el país. Con un claro interés en reducir la carga impositiva para la ciudadanía, como todo programa liberal, el partido de Meloni también habla de evaluar la gestión sanitaria de Italia con respecto a la pandemia, así como poner fin a la obligatoriedad de las vacunas. Una de sus más claras posturas es la que corresponde a la gestión de la inmigración: Hermanos de Italia quiere "combatir" la inmigración irregular, 'pintada' como un intento por promover la inclusión social y laboral de la inmigración legal. No obstante, la postura de Meloni siempre ha sido la misma: la defensa de las fronteras italianas.

Meloni y la homosexualidad: "Preferiría que no..."

Aunque más de una vez Meloni ha mostrado su condena a cualquier tipo de homofobia, su postura sobre la familia conservadora siempre ha estado por delante: Hermanos de Italia está firmemente en contra, por ejemplo, de la adopción por parte de parejas homosexuales. Italia aprobó en 2016 las uniones civiles entre personas del mismo sexo, concediendo a las parejas homosexuales la mayor parte de los derechos de cualquier matrimonio... salvo el de adopción. En 2017, un tribunal de Florencia sentenció como válida la adopción de dos niños por parte de una pareja de homosexuales por primera vez en la historia. En 2012, el Tribunal de Justicia de la UE reconoció el derecho de los hijos de parejas gais a ser reconocidos como tal en cualquier país, también en aquellos que no prevén en su legislación nacional esta situación.

Meloni no parece tener intención (teórica) de derogar la ley de matrimonio homosexual, pero tampoco ha mostrado ningún interés en aprobar la adopción entre parejas del mismo sexo. Lo cierto es que su postura ha sido similar en el pasado. En una entrevista grabada en 2016 de Meloni junto a la diputada demócrata Paola De Micheli, ambas entonces embarazadas, la líder de Hermanos de Italia llegó a afirmar, en una desafortunada frase que su hija Ginevra podría escuchar en algún momento, que le habría encantado tener un hijo varón. Y al preguntarle sobre si su bebé, en un futuro, le dijera que era gay, su respuesta fue: "Preferiría que no...", seguido del matiz "Pero lo querría igual". "¿Mejor gay o de izquierdas?", le llegaron a preguntar. "Mejor que no sea ninguna de las dos", respondió.

En plena campaña, en uno de los mítines de la política italiana, Meloni se 'enfrentó' a la situación de ver cómo un activista, bandera arcoíris en mano, se subía a su escenario para reivindicar sus derechos. Se libró con un aséptico: "Respeto el valor de las personas que defienden lo que creen". La confrontación siguió después en redes sociales cuando el autor de la escena, Marco Marras, explicó que si bien agradecía que no hubiera habido represalias en su contra ("Le agradezco a Meloni el y a la Policía por haber sido buenos conmigo, porque entendieron que solo era un chico que quería expresar su opinión) acabó dirigiéndose a la líder de Hermanos de Italia para asegurar que "los cambios pueden retrasarse pero serán inevitables". "Y en Italia yo en el futuro podré casarme y adoptar".

El euroescepticismo 'made in Italy'

Más allá de su pasado, de sus vinculaciones con el fascismo y de su entorno, una gran preocupación que genera Meloni es su claro euroescepticismo, característica que comparte con otros partidos de extrema derecha, como el francés Frente Nacional, liderado por Marine Le Pen. La italiana acusa a la Unión Europea de estar centrada en un eje popular-socialista, se ha manifestado abiertamente en contra de las recetas económicas de Mario Draghi y ha llegado a solicitar que se revise el plan de recuperación para gestionar los fondos europeos extraordinarios. Además, aunque no sorprende —ya se ha declarado admiradora de figuras como Donald Trump o Víktor Orbán—, Meloni votó, junto a Salvini, en contra de la resolución para declarar a Hungría como país no democrático.

Ante su posible llegada al Gobierno, Damiano Palano, profesor titular de Filosofía Política y director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, de Milán, aseguraba a la agencia EFE que "las instituciones de la UE y la mayoría de sus miembros miran con preocupación la hipótesis de un gobierno liderado por Meloni". "Criticó duramente las bases del Tratado de Maastricht, durante un tiempo planteó la hipótesis de la disolución de la eurozona y el retorno a las monedas nacionales, expresó su cercanía al gobierno de Viktor Orbán, especialmente en lo que se refiere a la defensa de la tradición y las identidades nacionales, y durante la pandemia estuvo cerca de los círculos antivacunas, o al menos apoyó algunas de sus afirmaciones".

Según Palano, "nadie en Europa (pero ni siquiera en Italia) sabe si Giorgia Meloni, como primera ministra, se parecerá más a la responsable, europeísta, atlantista de los últimos meses, o la antisistema, eurocrítica y soberanista de los diez años anteriores". Por su parte, Francesco Saraceno, profesor de Macroeconomía Europea en la Sciences Po de París y la universidad Luiss de Roma, con Meloni al frente "Italia tendrá un gobierno con componentes euroescépticos muy fuertes y el desafío será convertirse en un socio creíble en Europa y no ser percibido como un aliado de Orbán, sino como un país con el que se puede contar para hacer las reformas que la UE necesita".