El coronavirus asola la ciudad de Guayaquil, en Ecuador. Allí las cifras oficiales de fallecidos con COVID-19 dista mucho de la situación real que se está viviendo en la calles y cementerios de la ciudad, donde los servicios funerarios están colapsados.

La saturación ha provocado incluso la construcción de dos nuevos cementerios en la ciudad y la repartición de más de 4.000 ataúdes de cartón para que puedan ser sepultados los cadáveres acumulados.

Solo en marzo, la provincia de Guayas, de la que Guayaquil es capital, registró un desfase de 2.236 muertos. En la primera quincena de abril la cifra subió a 5.703, a los que se sumarían los 2.000 fallecidos que, según los registros, la zona suele tener en un mes normal. En total, 7.939 cadáveres más de los habituales fueron enterrados en Guayas desde la llegada del virus al país el 29 de febrero.

"No me pueden decir que no son porque... ¿De dónde salió tanto muerto? Eso era COVID, no quedaba nada más", explica Merwin Terán, presidente de la Asociación de Funerarias del Guayas, a la Agencia EFE. Y es que en el cementerio 'Jardines de Esperanza', en el norte de la ciudad, aún tenían cola de espera hasta la semana pasada.

La situación es tal que en algunos cementerios los familiares llegaron a hacer colas de hasta cuatro días para poder dar sepultura a sus allegados. "Generalmente tardaban unos tres días en enterrar, imagínese, ¡tres días en los que se pudre el cadáver!", añade el gerente funerario.

Hace diez días la alcaldesa Cynthia Viteri, recién recuperada del virus y volcada en la lucha contra el COVID-19, acusaba al Gobierno de Ecuador de haberles dejado "solos" ante la emergencia sanitaria y pedía ayuda internacional para combatir la epidemia.

"¿Qué está pasando en el sistema de salud pública del país? Empezaron a morir personas en sus casas, afuera de los hospitales, en las calles, aceras, se desbordó el sistema sanitario, las morgues y los cementerios", lamentaba entonces Viteri, muy crítica con la falta de apoyo del Ejecutivo de Lenín Moreno.