Crisis en el laborismo
El auge y caída de Starmer en dos años: su victoria histórica, un choque monumental con Trump y un mandato marcado por los escándalos
Los detalles Sus cambios de opinión en políticas sensibles y la presión de su propio gabinete aceleraron su renuncia.

Resumen IA supervisado
Keir Starmer, líder laborista desde 2020, llegó a ser primer ministro en julio de 2024 tras una histórica victoria electoral que puso fin a 15 años de gobiernos conservadores, obteniendo 412 escaños frente a los 121 conservadores. Sin embargo, su gestión rápidamente se vio empañada por polémicas y decisiones controvertidas, como su respuesta a disturbios antimigratorios y recortes en ayudas a la calefacción. Aunque recuperó algo de apoyo con su firme postura ante Donald Trump en la guerra en Irán, el escándalo del embajador Mandelson y las dimisiones en su Gabinete erosionaron su liderazgo, llevándolo a enfrentar una ola de descontento.
* Resumen supervisado por periodistas.
Keir Starmer era la "gran esperanza blanca" británica, la promesa de una política limpia, progresista y pragmática, llamado a reunir al Reino 'des-Unido' tras el Brexit. "Vamos a reconstruir el Reino Unido", prometió Starmer, líder de los laboristas desde 2020, tras la convulsa etapa de Jeremy Corbyn.
Llegó a 'premier' en julio de 2024, tras marcar un histórico tanto: la victoria electoral que acababa con década y media de gobiernos conservadores, los últimos tremendamente caóticos. Obtuvo 412 asientos laboristas en el Parlamento británico frente a los 121 conservadores, superando así la mayoría absoluta por 86 escaños.
Tan grandes fueron las expectativas como rápida su erosión, con una gestión marcada enseguida por polémicas y bandazos. Un ejemplo fue la discutida respuesta a los disturbios antimigratorios y racistas desde ese mismo verano, o sus polémicas rectificaciones en políticas sensibles, como el recorte el año pasado de las ayudas a la calefacción que afectaba hasta a los pensionistas.
Conflicto con Trump y el caso Mandelson
Cundía la sensación de un Gobierno preso de la improvisación e impotente ante la presión. Su firmeza frente a Donald Trump a cuenta de la guerra en Irán le devolvió algo de capital político. "No nos uniremos a estos ataques; esto no es —y nunca será— una operación OTAN", defendió Starmer. Una postura que mantuvo pese a los envites del republicano.
Sin embargo, el caso Mandelson —su embajador elegido para Washington pese a un historial de escándalos, entre los que se incluye el caso Epstein— ha sido como un boomerang para Starmer, devolviéndole sus lecciones sobre ejemplaridad.
El goteo de dimisiones en su Gabinete, una lluvia primaveral de rebeliones en su partido… Y la misma ola de descontento que le aupó, le derriba.