PCR, cuarentena, anticuerpos, desescalada, EPI… Seguro que son palabras que hace un año apenas habías escuchado y que, tras todo lo que hemos vivido, se han acabado convirtiendo en protagonistas de tus conversaciones de bar. A este 'diccionario pandémico' podemos añadir otro término, menos conocido en España pero con un significado igual de presente en nuestra vida actual: 'doomscrolling'.

Este neologismo, que se ha popularizado a raíz de un artículo publicado en 'Los Angeles Times' en abril de 2020, hace referencia a la adicción que hemos experimentado muchos de nosotros en los últimos meses de consumir información negativa con demasiada frecuencia, especialmente sobre la pandemia y a través de los teléfonos móviles. De ahí viene precisamente su nombre: en inglés, 'doom' significa 'muerte' o 'fatalidad' y 'scrolling' hace referencia a la acción de desplazarse hacia abajo en las pantallas de nuestros dispositivos.

No es un secreto que pasamos demasiado tiempo enganchados a los móviles y a todas sus redes sociales y aplicaciones. Sin embargo, desde que la pandemia provocada por el coronavirus invadió nuestras rutinas, esa nomofobia ha adquirido un carácter todavía más preocupante, porque buena parte de lo que leemos, vemos o escuchamos tiene que ver con el covid. Lo demuestra, por ejemplo, un estudio publicado en la revista médica 'European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience', según el cual los alemanes, durante la primera ola, consumían información relacionada con la pandemia durante unas dos horas y media diarias.

Esta adicción a las malas noticias, sin embargo, no es exclusiva de estos meses. Lo demostró en 2014 el diario ruso 'The City Reporter', que durante un día completo decidió publicar solo buenas noticias, con titulares como "No hay atascos en la autopista a pesar de la nieve" o "Las obras del túnel estarán terminadas a tiempo". Ese día, la audiencia del periódico cayó en dos tercios respecto a la habitual, según cuenta un artículo de la BBC.

El problema con la llegada del coronavirus es que, desde marzo de 2020, la información en televisiones, radios e Internet se ha vuelto casi monotemática: no se habla de otra cosa y todo lo que se comenta es malo (contagios, muertes, restricciones, quiebras de negocios…). Toda esa información llega a nuestros teléfonos sin pretenderlo y, si no, somos nosotros los que vamos a buscarla, como si disfrutáramos leyendo aquello que sabemos que nos hace daño. Pero, ¿por qué somos tan masoquistas? Y, sobre todo, ¿puede acabar provocando esto consecuencias a nivel psicológico?

El miedo, la inseguridad o la incertidumbre, entre las causas del 'doomscrolling'

Según los expertos, la búsqueda constante de información es un fenómeno típico en situaciones de dificultad. "Cuando estamos preocupados, tenemos una tendencia natural a anticipar qué pasará. Necesitamos estar preparados para lo que pueda venir", explica a laSexta.com Ismael Issa, presidente de la Asociación Nacional de Psicólogos en Acción de España. "Es lo que les sucede a los hipocondriacos: buscan hasta el más mínimo detalle para intuir qué les puede pasar", afirma.

El miedo que nos provoca el contagio, según Issa, es algo instintivo y necesario para la supervivencia del organismo, porque gracias a este sentimiento estamos constantemente en alerta. Esta reacción tiene lugar en la amígdala, una región del cerebro en la que dos tercios de las neuronas están dedicadas a procesar las emociones negativas, que se almacenan para prevenir al cuerpo en caso de futuros problemas, como explica un estudio de la revista científica 'Social Cognitive and Affective Neuroscience'.

Para Cristina Larroy, catedrática de Psicología Clínica en la Universidad Complutense de Madrid y directora de la clínica 'PsiCall', la razón ante esta sobreexposición es, principalmente, la búsqueda de argumentos que reafirmen lo que pensamos. "Buscamos lo que nos interesa. Y lo que nos interesa son las noticias que confirman nuestras hipótesis de que algo va bien o mal. Eso nos da seguridad", cuenta Larroy a laSexta.com. Según ella, leemos este tipo de informaciones cuando nos demuestran que lo que pensamos tiene un sentido lógico y que es algo compartido por todos. "Es natural en el ser humano buscar el apoyo de los demás y creer que tenemos razón", sentencia.

Además, Larroy apunta a otro motivo detrás del 'doomscrolling': el alivio que nos produce compararnos con quienes están peor que nosotros. "Es exactamente el dicho de 'mal de muchos, consuelo de tontos'. Leer que la situación en otras comunidades o en otros países está peor que donde nosotros vivimos nos produce cierto placer", reflexiona la psicóloga, argumentando por qué en la primera ola nos fijábamos más en China o Italia y en la segunda ola buscábamos información de países como Alemania.

Esta idea tiene relación con el hecho de que todo lo negativo nos impacta con una intensidad mayor, generándonos curiosidad y haciendo que prestemos más atención a este tipo de noticias. "El terror, cuando se observa desde la comodidad del hogar, tiene un efecto potencialmente calmante", afirmaba el profesor de psicología Dean McKay en un artículo de la BBC. Según él, nos sentimos "cómodos" porque, aunque estamos atendiendo a "cosas horribles", nada de eso nos está pasando a nosotros directamente en ese momento.

Por último, la incertidumbre respecto al virus y las restricciones tampoco ayuda a este objetivo. "Nadie nos explica bien por qué aplican ciertas medidas, por qué en unos sitios sí y en otros no, por qué las quitan de repente… Eso genera dudas en la gente, y buscamos resolverlas con información", lamenta Larroy.

¿Qué consecuencias tiene el 'doomscrolling'?

La sobreexposición a las noticias negativas durante el tiempo que llevamos de pandemia puede traer, a corto y medio plazo, "nefastas consecuencias", según Larroy. "Consumir mucha información de este tipo es malo siempre. Si las noticias son buenas, bajamos el nivel de alerta ante los contagios y, sin son malas, estaremos todo el rato dándole vueltas, lo que puede conducir a problemas mayores, como ansiedad o depresión", explica.

Por ejemplo, según un estudio publicado en la revista científica 'Brain, Behavior and Immunity', el 18,7% de los españoles afirmaron haber sentido síntomas de depresión durante la primera ola, el 21,6% habían experimentado ansiedad y el 15,8% habían sufrido trastornos por estrés postraumático. Estos sentimientos, según el artículo, están vinculados, entre otros factores, al consumo excesivo de información.

Además, el estudio alemán, mencionado anteriormente, explica que estos problemas se acentúan cuando las noticias se leen a través de las redes sociales en detrimento de las fuentes oficiales. "A día de hoy hay muchísimos recursos y el acceso a las noticias es muy fácil. Por eso es mejor que leamos poca información y de buena calidad", señala Larroy.

La otra solución a este moderno problema, por obvia que parezca, no la aplicamos con mucha regularidad: "separarnos de los teléfonos móviles, disfrutar del mundo real y hacer cosas con los amigos que nos permitan olvidarnos un poco de la pandemia", recomienda Issa. Cumplirlo depende solo de nuestra voluntad.