Un día es un día. Y siete, una semana. Y más en este confinamiento donde hemos pasado de los bizcochos, a las cervezas, y a los panes caseros. El aburrimiento y la ansiedad nos pueden y, quien más y quien menos, algo se ha pasado comiendo y saltándose la dieta normal que solíamos llevar.

Nunca mejor dicho, 'para más INRI', llega la Semana Santa y, con ella, a pesar de no viajar y no tener vacaciones (para quienes normalmente las tenía, hay otra mucha gente que es una de las épocas del año donde más trabajo tenían), las torrijas y otros dulces tradicionales de estas fechas no faltan. Nos gusta lo dulce, no es nada nuevo. De hecho, por decirlo de alguna manera, nuestro cerebro está programado para que nos guste y para que lo busquemos como mecanismo de supervivencia heredado de nuestros antepasados homínidos.

Las torrijas con moderación, pero no con obligación

Es verdad que no pasa nada por comernos una o dos torrijas en este tiempo. Y mucho menos si, además, estamos aprovechando los millares de tutoriales de ejercicio de internet y las redes sociales para hacer más ejercicio físico. Lo que se dice 'comerlas con moderación'. Pero parece que esta moderación es sinónimo de obligación. Y tampoco pasa nada por decidir no comerlas.

Pero como hemos dicho, nos gusta el dulce. Y, muchas veces, negarnos a él o tratar de evitar no va a hacer más que aumentar el deseo de consumirlo, haciendo que pasemos de una o dos unidades, a acabar con la fuente que hemos preparado. Una opción es no hacerlas (me viene a la cabeza la frase que oí en mis tiempos de estudiantes: 'lo que no engorda es lo que no se compra'), pero muchas veces pecamos de buena intención y las hacemos para la familia y amigos. Incluso convenciéndonos a nosotros mismos de que no vamos a comerlas o, como mucho, una para probarlas a ver si nos han salido bien.

Otra opción, la que hoy traemos, es hacerlas, pero tratando que sean lo más ligeras posibles con respecto a su receta tradicional. Aunque tampoco sea sinónimo de libertad a la hora de comerlas, sí que sea una opción un poco más adecuada a lo que nuestro cuerpo necesita y evitando los excesos de lo que no necesita en tanta cantidad. Por decirlo de otra manera, evitando el exceso de azúcar y grasa que este postre supone.

Valor nutricional de las torrijas

Reconozco que soy yo el que ha repetido hasta la saciedad la frase de "no hay alimentos que engorden ni que adelgacen, es el total de la dieta a lo largo del tiempo la que hace que aumentemos, mantengamos o disminuyamos de peso". Es verdad. Pero es tan verdad como que hay alimentos y preparaciones que nos van a ayudar más o menos a mantener una buena alimentación, una buena salud, y un peso en su rango más saludable.

Y las torrijas son uno de esos alimentos que no ayudan mucho a estos objetivos, seamos honestos. Una torrija, dependiendo de la receta y de cómo haya sido preparada, puede llegar a aportar unas 300 kilocalorías, o, para que nos hagamos una idea, la misma cantidad de calorías que dos latas de refresco con azúcar o una bolsa de patatas fritas pequeña. Ahora multiplica esto por el número de torrijas que te has llegado a comer en un mismo día.

También soy yo el que ha dicho la frase de 'no hay que contar calorías, si no hacer que las calorías cuenten'. A si que, dejando a un lado la cantidad de energía que aportan, que ya hemos visto que es mucha, si miramos sus aportes nutricionales, lo que primero salta a la vista es la gran cantidad de azúcares y grasas que aportan. Tanto por el azúcar que añadimos para infusionar la leche, como para después decorarlas, como por la grasa que aporta la leche y la fritura a la que se someten. Es verdad que son grasas de buena calidad, no lo vamos a negar. Pero por muy buena calidad de grasas que aporten, un exceso de éstas sigue siendo un exceso de calorías. No confundamos cardiosaludable con que podamos tomar todo lo que queramos.

Por decir algo positivo, aunque esto no salven a las amadas torrijas, es verdad que si utilizamos pan integral para hacerlas nos aportará una cierta cantidad de fibra. Además, también tienen un aporte de proteínas significativo (un 10% de la torrija es proteína, gracias a la leche o el huevo), y viene acompañada de vitaminas del grupo B, calcio y vitamina D (tan nombrada últimamente a causa del confinamiento). Pero existen otras fuentes de mucha mejor calidad y con menos calorías, azúcares y grasas. Lo que decimos, otras fuentes que hacen que cada bocado merezca más la pena que la torrija.

Torrijas ligeras al microondas

Nos cuesta negarnos al placer de comerlas. Todos, hasta lo más curtidos en ciencias nutricionales deben reconocer que, en cuanto a sabor, son uno de los postres más ricos de nuestra gastronomía. Y, si están bien elaboradas, su jugosidad mezclado con su dulzor hacen que sea casi imposible sólo comerse una. Aún a sabiendas que no es lo más recomendable para nosotros.

Por lo tanto, recetas que puedan quitarnos algo de calorías, azúcares y grasas siempre serán bienvenidas. Y si además nos quita de después tener que estar fregando la cocina entera, mejor que mejor. Por esto, este año, la receta de torrijas ligeras se hacen al microondas, un electrodoméstico infrautilizado en nuestras cocinas, y que la cantidad de bulos y leyendas que giran a su alrededor no le hacen justicia.

Imagen de las torrijas saludables | Luis Alberto Zamora

Para elaborarlas vamos a necesitar:

  • Pan 100% integral (del cereal que más nos guste o tengamos a mano)
  • Huevos
  • Leche
  • Edulcorante líquido apto para horno
  • Esencia de vainilla
  • Canela en rama
  • La piel de una naranja
  • La piel de un limón
  • Canela en polvo
  • Coco rayado
  • Film transparente

Y para elaborarlas, no tenemos nada más que seguir la receta paso a paso:

1. Vertemos la leche en un cazo y añadimos una rama de canela, la piel de la naranja, la piel del limón, un chorrito de edulcorante y, para evitar no añadir demasiado y que pueda tener un sabor amargo o raro, añadimos un chorrito de esencia de vainilla. Las cantidades al gusto. Lo mejor es que añadamos poco a poco y probemos hasta dar con el punto que queramos.

2. Calentamos la leche a fuego medio sin que llegue a hervir. En cuanto veamos que empieza a hervir, retiramos del fuego y dejamos templar. Es importante que cuando vayamos a utilizar la leche esté templada para no romper las torrijas

3. Mientras vamos cortando el pan en rebanadas de unos 2 o 3 dedos de grosos y colocamos en una bandeja que tenga fondo.

4. Una vez esté la leche templada, vamos regando el pan con un cazo o cuchara honda. Poco a poco, esperando a que absorba la leche que ya hemos echado antes de añadir más. Incluso, dando la vuelta a los trozos de pan para que absorba por igual en ambas caras.

5. Mientras el pan va absorbiendo la leche poco a poco, batimos dos huevos para, cuando el pan esté listo porque ha absorbido toda la leche, pintarlo con un tenedor o un pincel de cocina con el huevo. Habrá que cubrir las torrijas bien por todos lados para que, al cuajar, evite que se nos escape la leche del interior y no nos queden jugosas.

6. Una vez pintado el pan, lo colocamos en un plato apto para el microondas y cubrimos con film transparente, asegurándonos que no hay huecos por donde se pueda escapar el vapor que se va a generar.

7. Introducimos en el microondas y programamos 2-3 minutos a una potencia aproximada de 800 W. Cuando termine, si queremos dorarlas un poco, podemos ponerlas en el grill unos 5-7 minutos por ambos lados.

8. Una vez terminado el proceso, podemos decorarlas con canela y coco rayado, o acompañarlas con frutos rojos.

Es verdad que no son como las torrijas tradicionales. No nos engañemos. Simplemente estamos haciendo una versión que puede llegar a tener un 40% menos de calorías respecto a las tradicionales, que no lleva azúcares añadidos y que hemos conseguido reducir la cantidad de grasas al no someterlas a un proceso de fritura.