Tengo la suerte (o la desgracia) de que las ventanas de mi casa dan a una panadería de esas que, además de pan, venden todo tipo de artículos de alimentación e higiene. Lo que es un alivio para todos los olvidos e imprevistos que podemos tener en el día a día y que, con más o menos suerte, puedes solucionar simplemente bajando al portal y cruzar la calle.

Como decía, tengo la suerte (o la desgracia) que una de esas ventanas está en mi improvisado despacho, desde donde teletrabajo e intento mantener la calma y mis rutinas en estos tiempos donde la mejor prevención y el mejor gesto de solidaridad pasa por quedarse en casa. Y como mentiría si dijese que puedo estar horas y horas concentrado, trabajando sin que mi mirada se pierda por la ventana, soy un testigo silencioso de ir y venir de gente a por sus 'recados' a este establecimiento.

Lejía, arroz, una bayeta nueva, un bote de tomate triturado, o la rutinaria barra de pan. Este último, algo que ya forma parte de la rutina de muchas personas: ir cada mañana 'a por el pan'. Algo que veo cada día que no perdonamos ni en tiempos donde nos piden, por activa y por pasiva, que nos quedemos en casa. ¿De verdad no podemos pasar sin comer pan unos días? ¿Es un alimento básico diario?

¿Es el pan un alimento básico diario?

Imagen de archivo de pan | Pixabay

Desde hace mucho tiempo se ha hablado de la 'triada mediterránea': aceite de oliva, vino y trigo. Tres de los productos que han abundando en la cuenca mediterránea y sobre los cuales hemos ido construyendo nuestra famosa dieta y estilo de vida. Con las excepcionalidades que tenía cada zona, ya que, por poner un ejemplo, y para que sea más cercano, dentro de nuestro país, en Valencia cultivaban arroz, en las zonas de costa tenían pescado fresco, y en el interior, carne de cabra, ternera, conejo o pollo. Cada zona 'echaba mano' de lo que le proveía su entorno.

Pero el trigo, junto con las aceitunas y las uvas, eran casi una constante en las zonas que baña el mar Mediterráneo. Y con este trigo se elaboraba la harina, molturándola. Y con esta harina cada zona hacía sus recetas y alimentos, entre los que se encontraba el pan. Pero no todo era pan, también había pasta y otras masas que se conseguían mezclando la harina con agua y aceite, a veces fermentándola, y otras veces no.

De ahí que el pan fuera uno de los alimentos básicos de la dieta tradicional de nuestro país. Era barato, accesible y, por tradición, una de las maneras que teníamos de consumir la harina de trigo. No conocíamos ni la espelta, ni el maíz, ni la patata (vino con el descubrimiento de América y pasaron varios años hasta que empezamos a consumirla), y el arroz, dependiendo de la zona. Pero la cosa, estarán de acuerdo conmigo, ha cambiado de aquel tiempo a esta parte.

Tenemos patatas, arroz, cebada, centeno, espelta, maíz, avena. Además de diferentes tipos de pasta. Es decir, que no comer pan no supone el que no vayamos a consumir cereales o hidratos de carbono complejos en nuestra alimentación. O, dicho de otra manera, el pan ha pasado de ser un alimento de subsistencia a una constante en nuestras casas. Para que nos entendemos: ya no es un alimento básico para la alimentación de los españoles, no pasaría nada por no comer pan. Tenemos otras fuentes de hidratos de carbono.

¿Qué quiero decir con esto? Que no pasaría nada por no consumir pan todos los días ahora que está limitado el que salgamos de nuestras casas para evitar el contagio. Pero, aún así, sigo viendo por mi ventana como hay personas que no perdonan un día sin bajar a por su barra de pan. Exponiéndose. Exponiéndonos.

¿Puede el pan de la panadería transmitir el coronavirus?

COVID-19, archivo | Pixabay

La respuesta es: no lo sabemos. Este virus, como hemos repetido varias veces durante toda la cobertura informativa desde que esta crisis comenzó, es muy nuevo, no sabemos al 100% cómo se comporta (cada día vamos descubriendo cosas), y muchas de las recomendaciones o teorías son a partir de estudios recientes con él, o con otras 'especies' de la familia de los coronavirus (No, el COVID-19 no es el primer coronavirus que conocemos, aunque sí el más mediático desgraciadamente).

Es muy extraño que un virus que genera enfermedades en el tracto respiratorio infecta a través de la vía oral. Es decir, que por lo que por ahora sabemos, no estaría confirmado que por ingerir un alimento con coronavirus pudiéramos infectarnos y desarrollar la enfermedad. La teoría nos dice que este alimento, junto con el virus, llegaría al estómago y moriría entre los jugos gástricos debido a su alta acidez. Por ahora la principal vía reconocida de contagio es a través de las vías respiratorias o el contacto con cara, boca u ojos.

Tampoco tenemos del todo claro cuánto tiempo es capaz de sobrevivir en una superficie. Es decir, cuánto tiempo permanece el virus sobre una barandilla, un pomo de una puerta, o una encima si una persona infectada la toca o tose sobre ella. Lo mismo que para alimentos o envases de alimentos. No lo sabemos con certeza, por lo que, para evitar riesgos, lo que aplicamos es el principio de precaución: poner medidas de seguridad hasta que demostremos que no pasa nada.

De los pocos estudios que por ahora hay sobre la supervivencia del virus en superficies, hay uno que estudió diferentes tipos de superficies: cobre (como el de las monedas de céntimo), cartulina, plástico y acero inoxidable. Según este estudio, el virus podría sobrevivir hasta 4 horas en el cobre, hasta 24 en la cartulina, de 6 horas a 2 o 3 días en el plástico y, de 13 horas a 2 o 3 días en el acero inoxidable. Pero nada dice sobre alimentos. (Van Doremalen N, Bushmaker T et al. Aerosol and surface stability of HCoV-19 (SARS-CoV-2) compared to SARS-CoV-1. MedRxiv 2020 doi. Disponible aquí.

Aunque como ya hemos dicho, por la ingestión, por el momento, se asume que no es posible, no podemos decir lo mismo por el contacto de nuestras manos con una barra de pan que haya manipulado una persona infectada por el virus. Es verdad que el pan se hornea a altas temperaturas, por lo que no nos importa tanto el antes del horneado del pan, si no el después. Desde que sale del horno, todo el manipulado hasta que acaba en nuestras manos. Y que estas manos, luego acaben en nuestra cara.

Por eso, por precaución y hasta que sepamos más sobre el tema, lo ideal es no tocarse la cara mientras manipulamos o consumimos alimentos frescos que no hayamos pelado o higienizado (los que sea posible). Y, como ya comentamos en otros posts, lavarnos las manos nada más llegar a casa de hacer la compra y después de colocar la compra. Por supuesto, también evitar tocarse la cara mientras colocamos la compra. Por comerlo, por ahora, no debería de haber problema.

¿Qué pan podemos comprar en cuarentena?

Imagen de archivo de pan | Pixabay

Para evitar 'tener' que salir todos los días a comprarlo, si de verdad no somos capaces de comer sin pan, la respuesta obvia es: aquel pan que dure más de un día. Por ejemplo, pan tostado. Es una alternativa con unas calorías similares al pan normal, y ya que nos ponemos, mejor que sea sin sal y sin azúcares añadidos. Si lo hacemos, hagámoslo bien y compremos un pan de calidad.

Pero existen más alternativas que pueden hacernos la vida más fácil. Una de ellas es comprar varias barras u hogazas de pan, hacerlas rebanadas o raciones, y congelarlas individualmente. Cada noche podemos descongelar el pan que vamos a consumir al día siguiente y nos evitamos bajar. Además, de esta manera también controlaremos la cantidad que consumimos, ya que a veces se nos olvida que la recomendación general son dos deditos de pan en la comida y otros dos en la cena. Aunque sea 100% integral.

Otra opción es comprar el pan ya congelado en el supermercado e ir horneándolo en casa cada día. ¿Es mejor opción? Después de revisar varios supermercados (on line) y mirar etiquetas y etiquetas, la conclusión es que de todo hay en la viña del señor. Aunque en un principio el mero hecho de que estén congelados debería ser suficiente para conservar la masa hasta el momento de meterla en el horno, muchas de ellas, para mejorar su sabor, apariencia u otras cualidades, les añaden azúcar, jarabes, dextrosas, conservantes, 'mejorantes panarios', etc. Es una opción válida, pero si vamos a elegirla, mejor buscar un pan congelado de calidad: aquel que fundamentalmente está compuesto por harina de trigo (no he conseguido encontrar un pan de harina de trigo integral), agua, levadura, y sal. Esta última cuanta menos cantidad mejor.

Y, por último, pero no menos importante, está la opción de comprar pan de molde. Aguanta varios días, incluso semanas tierno, está bueno, hay variedades 100% integral, de trigo, centeno, avena, 12 cereales, etc. Toda una oferta de sabores y formatos en el lineal del supermercado. ¿Es la mejor opción? Pues como pan para todos los días nunca lo recomendaría, especialmente porque este tipo de pan suele tener mayor cantidad de grasas y azúcares que el pan normal. Pero, partiendo que estamos en un estado de excepción, podría servir. Aunque, te recuerdo, que pasaría nada si todos los días no consumes pan.

Pan integral, también en crisis

Dentro de nuestras posibilidades, si vamos a consumir pan, que sea siempre de la máxima calidad nutricional. Es decir, 100% harina integral. No porque vaya a 'engordar' menos, ya que tiene casi las mismas calorías que el pan blanco, si no porque, como ya seguramente sabemos, pero no está de más repetir, tiene más nutrientes esenciales y fibra.

Como he dicho, dentro de nuestras posibilidades. De forma general no soy amigo de que la gente se obsesione con comer siempre, a todas horas, y sin excepciones, perfectamente alineados con las pautas nutricionales. Hay cumpleaños, celebraciones y días excepcionales. Y ahora concretamente, menos. Puede ser que no siempre tengamos a mano pan 100% integral y tengamos que consumirlo blanco: no pasa nada. Siempre que lo hagamos en una ración adecuada a nuestra actividad física. Que como ahora no va a ser mucha, razón de más para ceñirnos a los 'dos deditos' de pan.

Pero, como empezaba este post, tampoco va a pasar nada por no comer pan todos los días. Especialmente si esto nos evita tener que bajar e ir a la panadería todos los días. Ni nos hace falta nutricionalmente hablando, ni tenemos por qué exponernos de esa manera. Y todo esta reflexión a causa de ver la panadería de debajo de mi ventana, que tantas veces nos ha salvado a última hora, y que ahora debe de seguir haciéndolo: aguantando un poco que nos quedemos en casa para evitar más contagios.