Alberto Muñagorri tenía 10 años cuando una mochila bomba de ETA casi termina con su vida en Rentería. "Muchos niños de aquella época nacieron y crecieron con la advertencia de que tuvieran cuidado, que no tocaran nada no fuera a ser que les pasase lo mismo que al niño ese de Rentería", cuenta el propio Muñagorri.

El atentado que ETA negó

Fue a finales de junio de 1982. Acababa de terminar el curso escolar y se dirigía a jugar al fútbol con sus amigos. Fue entonces cuando se topó con una mochila apoyada en un murete. En su interior, medio kilo de goma 2. La explosión le arrancó una pierna y le cegó un ojo. Eso, entre las secuelas que se pueden ver. Al principio, ETA negó la autoría del atentado.

"Que ningún joven crea que las ideas se defienden con violencia"

"A los dos días lo tuvo que reconocer en un comunicado larguísimo en el que le dedicaba dos o tres líneas a Alberto Muñagorri", relata Ander Izagirre en La mochila, una crónica que narra la vida de un chaval de 10 años que se convirtió en un niño incómodo, tal y como él mismo reconoce, "porque fue una muestra de que ETA atentaba, hería y mataba a niños de Rentería".

Años de dolor y silencio

El libro repasa no solo lo que ocurrió aquel día, la negligencia de la policía y la mala suerte de Alberto, sino que pone en contexto todo lo que ocurrió aquellos años. Y cómo fue posible que la violencia se colara en el día a día de tanta gente, que aprendió a convivir con el dolor y el silencio.

"Una víctima de ETA podía tener un familiar que estaba en ETA"

"Es increíble como en el día a día estaba mezclada una víctima de ETA que en su familia podía tener un familiar que estaba en ETA", dice Izagirre. Hoy recuerdan su historia junto a Alberto Muñagorri "para que a ningún joven se le vuelva a ocurrir que la mejor manera de defender una idea es por medio de las armas, por medio de poner bombas".

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