SEVILLA
Pocos saben que Antonio Machado nació aquí: el palacio de Sevilla ligado a la Casa de Alba
Ponemos rumbo a Andalucía, concretamente hasta Sevilla, para conocer la espectacular historia que esconde el impresionante Palacio de las Dueñas.

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En pleno centro de la ciudad de Sevilla podemos encontrarnos con el Palacio de las Dueñas, uno de los conjuntos monumentales más singulares de la ciudad y propiedad histórica de la Casa de Alba. Levantado en el siglo XV y remodelado entre ese siglo y el siguiente, combina el estilo gótico-mudéjar con el renacentista y, en la actualidad, custodia un valioso patrimonio artístico (pintura, escultura y artes decorativas) que abarca desde el siglo XVI hasta el XX. Su relevancia le valió ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1931.
El edificio guarda además una fuerte carga simbólica, puesto que entre sus muros, en 1875, nació el poeta Antonio Machado y, por si fuera poco, fue la residencia sevillana favorita de Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba de Tormes. De hecho, allí celebró tanto el banquete de su boda en 1947 como su enlace de 2011, pero también fue donde falleció en 2014. Desde 2016, su hijo Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, actual XIX duque de Alba de Tormes, decidió abrir las puertas de este Palacio al público.
Palacio de las Dueñas de Sevilla, a través de su historia
Para comenzar, debemos tener en cuenta que el solar sobre el que se asienta perteneció originalmente a la familia Pineda, oriunda de Valdegovia (Álava) y afincada en Sevilla desde comienzos del siglo XV. Fue Juan de Pineda, funcionario del cabildo municipal, quien poseía allí unas casas en la collación de San Juan de la Palma, cerca del antiguo Convento de Santa María de las Dueñas (fundado en 1251 y derribado tras su exclaustración en 1868), de donde procede el nombre actual del palacio.
Cabe destacar que, pese a la leyenda que atribuye la venta de la propiedad a un rescate de guerra, los documentos confirman que fue Pedro de Pineda quien transmitió las casas a Catalina de Ribera en 1496. De hecho, fue ella quien emprendió la gran transformación del recinto hacia el estilo gótico-mudéjar, obra continuada tras su muerte por su hijo Fernando Enríquez de Ribera, bajo cuyo mandato se decoró la capilla y se encargaron, en 1516, las pinturas de las galerías del patio principal. Ampliaciones sucesivas entre 1515 y 1522, entre las que destaca la compra de unas casas colindantes a la Hermandad de San Bernardo en 1517, convirtieron la antigua vivienda en un auténtico palacio renacentista con toques platerescos, continuado por Inés de Portocarrero.

Ahora bien, el vínculo con la Casa de Alba se estableció en 1612, cuando Antonia Enríquez de Ribera, heredera del palacio, contrajo matrimonio con Fernando Álvarez de Toledo y Mendoza, IV duque de Alba de Tormes. Desde entonces, el inmueble ha permanecido en manos de esta familia, aunque compartiendo protagonismo con el Palacio de Liria de Madrid como residencia principal de los duques.
No podemos dejar de mencionar que, en el siglo XIX, el XV duque de Alba, que residía habitualmente fuera de España, fraccionó el palacio en apartamentos que alquiló a una docena de familias, entre ellas la de Antonio Machado. Las labores de restauración se iniciaron hacia 1885 y se prolongaron durante el siglo XX, impulsadas tanto por el XVII duque de Alba como, más tarde, por Cayetana Fitz-James Stuart.
En años recientes, el palacio ha ido ganando una enorme notoriedad internacional. De hecho, en 2018, fue recomendado por The New York Times y Lonely Planet. Por si fuera poco, en enero de 2024, recibió la visita de la política estadounidense Hillary Clinton, acompañada por el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, y por la duquesa de Montoro, Eugenia Martínez de Irujo.
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