BÉLGICA
El encanto de Brujas en invierno
Brujas en invierno es tan bella como en cualquier otra época del año pero más intima, silenciosa, romántica…

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Brujas está en la región belga de Flandes, al noroeste del país y es popularmente conocida como la Venecia del norte por su red de canales navegables; es además una ciudad medieval muy bien conservada, tanto que ha sido reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y atesora además dos tradiciones belgas de fama mundial: la cervecera y la chocolatera.
¿Por qué tiene Brujas en invierno un encanto especial? En primer lugar porque recibe menos visitantes y eso hace que resulte más auténtica a la vista y en segundo lugar porque la niebla sobre los canales crea una atmósfera de magia y misterio muy especial (y nos regala estampas inolvidables que harán las delicias de los amantes de Instagram).
A esto hay que añadir que, dado que estamos fuera de temporada alta, los precios son más bajos y que la tradición chocolatera belga se disfruta con más placer: chocolate belga caliente, gofres recién hechos… Eso además de platos contundentes como el estofado flamenco ¿regado con cerveza? Visitar Brujas y no catar alguna cerveza trapense aunque sea en invierno se nos antoja impensable.

El encanto de Brujas en febrero está en su atmósfera y su sosiego, en la imagen casi poética que nos regala la ciudad, tan medieval ella y tan atravesada por sus canales, en días grises a veces lluviosos y a veces con niebla; visitar Brujas en invierno es casi como viajar en el tiempo que al estar la ciudad menos animada que en primavera o en verano, parece más medieval que nunca.
¿Lo que no te puedes perder en Brujas particularmente en invierno? Las chocolaterías son de visita obligada en invierno (las cervecerías también), pasear por los canales aprovechando un ratito que escampe y, si la lluvia arrecia, puedes visitar el museo de arte flamenco o subir al Belfort, un campanario desde el que se ve la ciudad desde arriba; otra visita imperdible es el Begijnhof (una especie de monasterio) porque es uno de los mejor conservados de Bélgica: podrás pasear por el patio central, entrar en su pequeña iglesia y visitar su casa museo, su jardín que en invierno suele estar cubierto de escarcha e incluso de nieve junto a los árboles desnudos de vegetación ofrece una estampa también muy fotogénica.
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