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10 destinos imprescindibles para los amantes del queso

Pueblos medievales, cuevas naturales y mercados históricos convierten estos diez destinos en auténticos paraísos para quienes nunca dicen que no al queso.

Mercado de queso

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Hay personas que eligen sus vacaciones por las playas, los monumentos o los paisajes. Otras, sin embargo, necesitan saber primero qué se come en el destino. Si eres de quienes consideran que una tabla de quesos puede justificar por sí sola un viaje, existen lugares capaces de convertirse en tu particular paraíso.

Algunos conservan quesos en cuevas naturales, otros celebran mercados tradicionales o permiten entrar en las fábricas para contemplar todo el proceso de elaboración. Desde los Picos de Europa hasta los Alpes suizos, estos son diez destinos imprescindibles para los amantes del queso.

Gruyères, Suiza

Cuñas de queso Le Gruyère AOP
Cuñas de queso Le Gruyère AOP | Imagen cortesía de Quesos de Suiza

El nombre de este precioso pueblo medieval ya ofrece una pista bastante clara sobre su producto más famoso. Gruyères se encuentra rodeado por las verdes colinas de los Prealpes de Friburgo, donde se produce el conocido queso Le Gruyère AOP.

En La Maison du Gruyère se puede observar directamente cómo los maestros queseros trabajan la leche alpina en grandes cubas de cobre. La visita termina con una degustación de quesos con diferentes tiempos de maduración. También merece la pena acercarse hasta la quesería alpina de Moléson, donde durante los meses de verano todavía se elabora sobre un fuego de leña.

Gouda, Países Bajos

Gouda
Gouda | Pixabay

Gouda no solo ha dado nombre a uno de los quesos más consumidos del mundo, sino que ha convertido su tradición quesera en uno de sus principales atractivos turísticos. Su lugar más emblemático es la plaza del Markt, presidida por el antiguo edificio de pesaje conocido como De Goudse Waag.

Durante los jueves de primavera y verano, la plaza recupera su mercado tradicional, con grandes ruedas amarillas, carros y comerciantes negociando los precios. La ciudad también alberga la Gouda Cheese Experience, una visita interactiva que permite conocer cómo se fabrica y madura el queso antes de terminar, inevitablemente, con una degustación.

Arenas de Cabrales, Asturias

Cabrales queso
Cabrales queso | istock

Los Picos de Europa esconden bajo sus montañas uno de los grandes tesoros gastronómicos de España. El queso Cabrales madura en cuevas naturales donde la humedad y las corrientes de aire favorecen el desarrollo de los microorganismos responsables de su característico color azul y su intenso sabor.

En Arenas de Cabrales se encuentra la Cueva del Quesu, un espacio natural en el que se explica la elaboración tradicional, el trabajo de los pastores y las condiciones necesarias para su maduración. La experiencia termina con una degustación y puede combinarse con una excursión a pueblos de montaña como Sotres o Bulnes.

Roquefort-sur-Soulzon, Francia

Roquefort-sur-Soulzon
Roquefort-sur-Soulzon | istock

Bajo este pequeño pueblo del sur de Francia se extiende una red de cuevas que funciona como una gigantesca catedral subterránea del queso. En su interior madura el Roquefort, elaborado con leche de oveja y reconocido por su textura cremosa, sus vetas azules y su potente sabor.

Las bodegas se mantienen ventiladas gracias a las fleurines, unas grietas naturales formadas en la roca de Combalou que permiten circular el aire. Varias casas productoras abren sus instalaciones al público para recorrer los túneles, conocer el proceso de maduración y probar distintas variedades directamente en el lugar donde nacen.

Parma y Emilia-Romaña, Italia

Queso Parmagiano
Queso Parmagiano | istock

Parma es conocida internacionalmente por su jamón, pero también se encuentra en el corazón del territorio del Parmigiano Reggiano. Este queso solo puede producirse en las provincias de Parma, Reggio Emilia y Módena, además de determinadas zonas de Bolonia y Mantua.

Muchas queserías de la región permiten asistir a las primeras horas del proceso, cuando la leche se transforma en enormes ruedas que después permanecerán madurando durante meses o incluso años. La visita puede completarse con los museos dedicados al Parmigiano Reggiano y con una degustación para descubrir cómo cambia su textura y sabor según el tiempo de curación.

Menorca, Islas Baleares

Menorca queso
Menorca queso | istock

El queso Mahón-Menorca está profundamente unido al paisaje rural de la isla. Su peculiar forma cuadrada procede del fogasser, el paño de algodón con el que tradicionalmente se moldea la cuajada antes de prensarla y atarla.

Numerosas fincas y queserías menorquinas ofrecen visitas para conocer al ganado, entrar en los espacios de elaboración y probar quesos tiernos, semicurados, curados y añejos. Mahón y Ciutadella también cuentan con mercados y tiendas especializadas donde descubrir pequeñas producciones artesanales difíciles de encontrar fuera de la isla.

Normandía, Francia

Normandía queso
Normandía queso | istock

Las praderas, el clima húmedo y la abundancia de ganado convierten Normandía en otra de las grandes regiones queseras de Europa. De aquí proceden variedades tan conocidas como el Camembert de Normandie, el Livarot, el Neufchâtel y el Pont-l’Évêque.

El recorrido puede comenzar en Camembert, una diminuta localidad que cuenta con un museo dedicado a su famoso queso, y continuar por el Pays d’Auge. En esta zona se pueden visitar queserías como la Fromagerie Graindorge, donde se observa el proceso de elaboración de varias denominaciones normandas. Para completar la experiencia, nada mejor que combinar los quesos con sidra y manzanas de la región.

Cheddar, Inglaterra

Cheddar
Cheddar | istock

Mucho antes de convertirse en un tipo de queso fabricado por todo el planeta, el cheddar estuvo ligado a un pequeño pueblo del condado inglés de Somerset. Su nombre procede precisamente de Cheddar, situado junto a un espectacular desfiladero de paredes calizas.

Las cuevas de Cheddar Gorge ofrecían las condiciones frescas y húmedas necesarias para conservar y madurar el queso. Actualmente se puede recorrer el desfiladero, visitar sus cavidades y probar cheddar elaborado en la propia localidad. Una oportunidad para descubrir que el producto original poco tiene que ver con muchas de sus versiones industriales.

La Mancha, España

Queso manchego
Queso manchego | Imagen de cyclonebill, licencia: CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons

La Mancha es una parada obligatoria para descubrir el queso manchego en su lugar de origen. Este producto se elabora exclusivamente con leche de oveja manchega y se reconoce fácilmente por su característica corteza con dibujos en zigzag y espiga.

En localidades como Manzanares se puede visitar el Museo del Queso Manchego, ubicado en una antigua casa solariega. Además, numerosas queserías de las provincias de Ciudad Real, Toledo, Cuenca y Albacete organizan recorridos por sus instalaciones y catas de piezas con diferentes tiempos de maduración.

Auvernia, Francia

Auvernia queso
Auvernia queso | istock

Pocas regiones concentran tanta variedad quesera como Auvernia, una tierra de volcanes, montañas y extensos pastos situada en el centro de Francia. La zona cuenta con cinco grandes quesos con denominación de origen: Cantal, Saint-Nectaire, Bleu d’Auvergne, Fourme d’Ambert y Salers.

La conocida Ruta de los Quesos de Auvernia conecta granjas, queserías, bodegas de maduración y museos repartidos por la región. Además de probar variedades muy diferentes, el viaje permite descubrir paisajes volcánicos, pueblos rurales y platos tan contundentes como el aligot, un puré de patata mezclado con queso hasta adquirir una textura elástica.

Estos diez destinos demuestran que detrás de cada queso existe mucho más que una receta. Hay paisajes, animales, técnicas transmitidas durante generaciones y comunidades enteras que han construido su identidad alrededor de este producto. Una excusa tan buena como cualquier otra para preparar la maleta y viajar con bastante espacio libre para la vuelta.

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