OTOÑO EN EXTREMADURA
El valle de Cáceres que demuestra que no hace falta ir al norte para ver un otoño de cuento
Con ocho pueblos, castaños de hasta 800 años y un barrio judío en Hervás, celebra cada año su particular "Otoño Mágico".

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En el norte de Cáceres, en Extremadura, se esconde uno de esos lugares que muy pocos viajeros tienen en el radar cuando llega el otoño: el Valle del Ambroz.
Aquí conviven bosques de castaños centenarios, rutas de senderismo y un patrimonio histórico notable, pero por alguna razón sigue siendo uno de los grandes desconocidos del mapa extremeño.
Dónde está exactamente
El Valle del Ambroz se encuentra al norte de Cáceres y al sur del Sistema Central, entre Las Hurdes, las Tierras de Granadilla, el Valle del Jerte, la ciudad de Plasencia y la provincia de Salamanca, ya en Castilla y León.
Su ubicación no podría ser mejor para desmontar un cliché muy extendido: el que dice que para ver paisajes otoñales de cuento hay que viajar al norte de España. Compite de tú a tú con lugares como la Selva de Irati, en Navarra, o el Parque de Somiedo, en Asturias.
Un otoño declarado de Interés Turístico Internacional
El Valle del Ambroz está reconocido como Destino Europeo de Excelencia (EDEN), y cada año celebra su famoso Otoño Mágico: senderismo, mercados artesanales y actividades culturales para disfrutar del cambio de estación.
La celebración se desarrolla al mismo tiempo en los ocho pueblos del valle (Abadía, Aldeanueva del Camino, Baños de Montemayor, Casas del Monte, Gargantilla, Hervás, La Garganta y Segura de Toro) con más de 70 actividades entre naturaleza, gastronomía, música, teatro, micología, deporte y tradiciones populares.
Es una fiesta tan singular que está declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, la cuarta celebración extremeña en conseguirlo, precisamente por implicar a todo el valle y no a un solo municipio.
De castaños centenarios a termas romanas
El paisaje del valle no está formado por hayedos, como ocurre en otras zonas del norte, sino por robles y castaños rodeados de dehesas y gargantas de montaña. Uno de los rincones más icónicos son los castaños del Temblar: solo cinco árboles, pero declarados singulares de Extremadura por su longevidad, con entre 500 y 800 años de edad.
En cuanto al patrimonio, Hervás es una parada obligatoria gracias a su barrio judío, con calles estrechas y casas de entramado de madera, adobe y piedra que ganan aún más encanto con los colores del otoño.
Y en Baños de Montemayor, otro de los ocho pueblos del valle, se conserva una tradición termal que se remonta a la época romana, ideal para visitar en casi cualquier momento del año.
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