DESCÚBRELO
El pueblo de Burgos donde reposan los restos de los primeros reyes de Castilla y tiene uno de los monasterios más espectaculares de España
Con apenas mil habitantes, en Burgos hay un pueblo con una importancia histórica enorme. Durante siglos fue uno de los grandes centros de poder de Castilla y hoy conserva un impresionante monasterio en un entorno natural privilegiado.

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En el norte de la provincia de Burgos, a las puertas de Las Merindades, se encuentra Oña, una villa que pasa desapercibida para muchos viajeros pese a haber desempeñado un papel fundamental en la historia de Castilla.
Su principal tesoro es el Monasterio de San Salvador, un conjunto monumental fundado en el año 1011 por el conde de Castilla Sancho García (primer conde castellano independiente del reino de León) que llegó a convertirse en el monasterio benedictino más poderoso del reino castellano.
Durante la Edad Media, la abadía ejercía su influencia sobre cientos de pueblos e iglesias, acumulando un enorme poder económico y político. Esa riqueza quedó reflejada en un edificio que sorprende por sus dimensiones -ya que parece una catedral en cuanto a tamaño- y por la variedad de estilos artísticos que reúne, desde el románico hasta el barroco, pasando por el gótico y el renacimiento.

Uno de sus espacios más singulares es el Panteón Real y Condal, donde descansan algunos de los primeros monarcas de Castilla, como Sancho II el Fuerte, considerado como el primer rey de castellano ya que él hereda el condado de Castilla como reino. También reposan los restos de Sancho III el Mayor, rey de Pamplona y Conde consorte de Castilla que fue considerado el rey más poderoso de la península ibérica en la primera mitad del siglo XI.
Sus sepulcros son únicos en Europa por el material empleado (madera de nogal y boj) y por la calidad de su talla. A ello se suman la espectacular sillería del coro, el claustro gótico y una iglesia abacial de casi 85 metros que refleja el poder que llegó a concentrar este edificio.
Pero Oña no es solo su monasterio. Pasear por sus calles es recorrer una villa medieval que conserva puentes históricos, soportales, antiguas casas blasonadas y rincones que recuerdan su pasado como importante enclave comercial entre el centro de la Península y los puertos del Cantábrico. Su ubicación estratégica convirtió a la localidad en un punto clave de paso desde época romana y favoreció el crecimiento de una próspera comunidad durante siglos.
El entorno natural es otro de sus grandes atractivos ya que la localidad se encuentra junto al desfiladero de La Horadada, una espectacular garganta formada por el río Oca, que está muy cerca de los montes Obarenes, un espacio ideal para practicar senderismo y observar aves rapaces.
Además, cada verano la villa revive su pasado con El Cronicón de Oña, una representación histórica en la que cientos de vecinos recrean algunos de los episodios más importantes del lugar y del nacimiento del Reino de Castilla. Un espectáculo que lleva 38 años celebrándose y que se ha convertido en una de las citas culturales más destacadas de la región.
Por tanto, la combinación de patrimonio cultural y naturaleza que se dan cita en Oña, convierte a este pueblo burgalés en una escapada muy especial para quienes buscan destinos alejados del turismo masificado.
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