SEGÚN UNA NUEVA INVESTIGACIÓN

El síndrome de ovario poliquístico podría estar relacionado con un mayor riesgo de alzhéimer

Afecta a entre el 10% y el 15% de las mujeres en todo el mundo. Una revisión de estudios apunta a posibles vínculos con los cambios en la memoria y el pensamiento.

Ovario poliquístico

Ovario poliquístico iStock

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El síndrome de ovario poliquístico no termina en los ovarios. Este trastorno hormonal y metabólico puede afectar a la menstruación, la fertilidad y la salud cardiovascular, además de aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Ahora, una revisión de la evidencia científica hasta la fecha plantea que también podría estar relacionado con la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, una posibilidad que abre nuevas preguntas sobre las consecuencias de esta afección a largo plazo. El análisis se ha publicado en Journal of the Endocrine Society.

El síndrome de ovario poliquístico, conocido internacionalmente por las siglas PCOS y denominado actualmente y de modo formal Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (PMOS por sus siglas en inglés), afecta aproximadamente al 10%-15% de las mujeres en todo el mundo. Se trata de uno de los trastornos endocrinos más frecuentes durante la edad reproductiva, aunque su diagnóstico puede retrasarse y sus manifestaciones varían considerablemente de una persona a otra.

Pese a su nombre, no es necesario que los ovarios presenten quistes para que exista el síndrome. Entre sus características más habituales están los ciclos menstruales irregulares o la ausencia de ovulación, el exceso de andrógenos (hormonas que también están presentes en las mujeres) y, en algunas pacientes, la presencia de numerosos folículos pequeños en los ovarios. El exceso de andrógenos puede manifestarse mediante acné persistente o un crecimiento excesivo de vello en la cara y el cuerpo.

El diagnóstico se basa en la valoración clínica y hormonal, tras descartar otras posibles causas. En las mujeres adultas suele requerir al menos dos de tres características: alteraciones de la ovulación, signos clínicos o analíticos de exceso de andrógenos y ovarios con morfología poliquística, que puede evaluarse mediante ecografía. Por tanto, una ecografía por sí sola no confirma el síndrome y tampoco es imprescindible en todos los casos. En adolescentes se aplican criterios específicos, más restrictivos, por ejemplo, ciclos menstruales extremos (o muy cortos o que pueden durar meses), presencia de vello en cuerpo y rostro y la presencia de hormonas androgénicas.

No existe actualmente una cura definitiva, pero sí tratamientos para controlar sus manifestaciones y reducir algunos riesgos asociados. Las opciones dependen de los síntomas y de si la paciente desea quedarse embarazada. Pueden incluir cambios de hábitos, anticonceptivos hormonales para regular el ciclo y mejorar el acné o el exceso de vello, medicamentos para determinadas alteraciones metabólicas y tratamientos que favorecen la ovulación cuando se busca un embarazo. También es importante vigilar la glucosa, la presión arterial y otros indicadores de salud metabólica. En cada caso, el tratamiento es individual y el síndrome requiere seguimiento a largo plazo.

Es precisamente esa dimensión metabólica la que podría ayudar a explicar el vínculo con la salud cerebral. Los autores del estudio, liderados por Ricardo Azziz, realizaron una búsqueda exhaustiva en PubMed (la base de datos más exhaustiva sobre estudios médicos) desde el inicio de la base de datos hasta octubre de 2025. A partir de la literatura disponible, más de 21.000 referencias vinculadas a este síndrome, el equipo de Azziz identificó indicios de que las mujeres con PMOS podrían presentar más alteraciones en la memoria, el pensamiento y determinados aspectos de la función cerebral, así como cambios estructurales y funcionales que merecen estudiarse en relación con el alzhéimer y otras demencias.

"Desde el punto de vista clínico, las pacientes con PMOS presentan alteraciones leves, pero reproducibles, en la función ejecutiva y la memoria, junto con cambios estructurales y funcionales del cerebro, lo que podría sugerir un mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer y demencia – señala Azziz -. La evidencia actual indica que cualquier asociación entre el PMOS y la enfermedad de Alzheimer y la demencia probablemente esté mediada por comorbilidades metabólicas, en particular la resistencia a la insulina y la obesidad, y no por un efecto independiente del propio PMOS".

La distinción es importante. La revisión no demuestra que el síndrome provoque alzhéimer ni permite afirmar que las mujeres diagnosticadas vayan a desarrollar demencia. Lo que plantea es una posible asociación y señala que las alteraciones metabólicas que con frecuencia acompañan al síndrome podrían desempeñar un papel relevante. La obesidad y la resistencia a la insulina, por ejemplo, son factores que afectan a múltiples sistemas del organismo y que también se investigan por su relación con la salud cerebral.

El equipo de Azziz subraya, además, que todavía existen importantes lagunas de conocimiento. Será necesario determinar mejor qué cambios cognitivos aparecen, con qué frecuencia, cómo evolucionan a lo largo de la vida y hasta qué punto están relacionados con el síndrome en sí mismo o con otros factores que suelen coexistir con él.

"Comprender cómo se relacionan estos dos trastornos, que tienen un impacto significativo en la salud de las mujeres en todo el mundo – concluye Azziz -, ofrece la oportunidad no solo de entender qué tienen en común estas dos afecciones tan importantes, sino también de descubrir nuevas vías y causas que podrían orientar el desarrollo de tratamientos innovadores para estas enfermedades devastadoras".

Por ahora, el trabajo no establece una relación causal ni justifica considerar el síndrome de ovario poliquístico como un diagnóstico predictivo de alzhéimer. Su principal aportación es señalar una conexión posible que merece investigarse, especialmente por la frecuencia del trastorno y por sus consecuencias metabólicas a lo largo de la vida.

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