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NO SÓLO ES EL CALOR O LA DEPRESIÓN POSTVACACIONAL

El verano impacta en tu salud (no sólo para bien)

El verano nos hace más felices: dormimos más, descansamos, nos ponemos morenitos y todas esas cosas buenas. Pero también trae consigo unas cuantas malas que amenazan nuestro bienestar. No es por ponernos agoreros, pero…

Las exóticas playas solitarias de Fuerteventura

Las exóticas playas solitarias de FuerteventuraViajestic

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Con un poco de suerte estés leyendo esto de vacaciones, con los pies en alto en algún paraje estupendo donde lo último que haces es pensar en trabajo (en ese caso, hazme el favor de cerrar esto y dedícate a descansar, que es lo que toca). Pero las vacaciones no son sólo el mejor momento del año para no hacer nada, sino que también pueden suponer un riesgo para la salud por cosas que no siempre tenemos en cuenta.

Vale, no vas a morir ni ninguna de las cosas que vamos a decirte quitan que el verano sea el mejor invento del mundo después de la cerveza, pero igual estaría bien que las tuvieras en cuenta. Aquí van diez ejemplos.

- Cuidado con la tensión. Si vives lejos del mar y pasas estos días en la playa posiblemente notes más sueño y cierto estado de embriaguez mental. Sucederá seguramente si eres hipotenso, ya que notarás más que los demás un cambio significativo de presión atmosférica que puede repercutir en tu tiempo. Ideal ese estado (transitorio e irrelevante en la mayoría de los casos) para dormir más y hacer el perro con ganas.

- Bebe mucho, pero no a lo loco. En verano hace calor (un aplauso a la deducción científica del día), y eso tiene muchas consecuencias. Por ejemplo, lo más normal es que sudes más y, además, tu cuerpo pierda líquidos de otras formas. Por eso es importante beber más de lo normal ¿Cuánto? Los vendedores de aguas embotelladas dicen que mucho, pero no hay que pasarse: hay que beber antes de tener sed, pero no beber por beber. De hecho, un exceso de agua (por beberla o por ingerirla en alimentos con agua) puede ser perjudicial. Ante todo, sentido común.

- Cuidado con el sol. Normalmente las campañas de concienciación se dirigen a tu piel: que la cubras, que no salgas de casa en las horas de más sol, que te pongas cremas con factores de protección elevados al tomar el sol y que ante cualquier pequeño cambio en los lunares o manchas de tu piel acudas al médico. Todo eso es así, pero no sólo tienes piel: también tienes ojos. El exceso de luz, la ausencia de nubes y el clima más seco puede dañar tu visión, a veces de forma irreversible (prueba a conducir hacia el oeste en una puesta de sol y posiblemente sigas viendo una mancha durante días). Ojo, eso sí, con la protección que se usa: no todas las gafas de sol son adecuadas, algunas son lo contrario.

- Acusamos perder los hábitos. Una de las mejores cosas del verano es que dejamos de hacer lo de siempre y hacemos otras cosas, pero eso nuestro cuerpo no siempre lo lleva bien. Comer y cenar a horas distintas, contenidos distintos y en distintas cantidades puede acarrear consecuencias, y luego desandar el camino puede ser costoso. Pasa con la alimentación y la bebida, pero también con los horarios, las rutinas y demás.

- Horas de sueño. Cabe esperar que en las vacaciones puedas dormir más, y eso es genial. De hecho, el sueño es una de las primeras necesidades de nuestro cerebro, más inmediata y acuciante incluso que el comer. Lo que pasa es que en vacaciones a veces se sigue también el camino contrario: se duerme menos porque se alargan los días... y las noches. Cuidado con las consecuencias de forzar la máquina.

- Excesos físicos. Muy unido a lo anterior, el verano puede ser una época de excesos. Sea porque alargas las noches más de la cuenta, porque te sometes a temperaturas extremas o a prácticas poco recomendables (abusar de determinadas sustancias, descuidar las precauciones con los ligues de verano...), pero tu cuerpo sigue siendo el mismo.

- Picaduras. No abundan las serpientes venenosas, los mosquitos mortales o los escorpiones en esta parte del mundo, pero es cierto que en vacaciones sueles estar más expuesto a las picaduras de insectos y animales variados. Básicamente pasa por dos razones: una, no estás en la ciudad y dos, hay más bichos que en invierno. Aunque no suponga normalmente un riesgo para tu salud, no está de más tener cuidado con esto, especialmente si eres de los de montaña (o bueno, si eres de los de mar y encuentras, por ejemplo, medusas)

- Hongos. El calor y la humedad son los ambientes perfectos para determinado tipo de seres vivos que nos pueden dar un disgusto. En general los hongos crecen como hongos (valga la redundancia) en verano. Pueden ser externos, como los que puedes coger en una piscina al ir descalzo si hay poca higiene, o internos, como los que conlleva practicar el deporte de riesgo de pedir mayonesas en según qué chiringuitos. Cuidado con esto: el frío y la higiene son claves, tus pies y tu estómago lo agradecerán. De otro tipo de hongos no hablamos, que el capítulo ligoteo ya lo cerramos un poco más arriba.

- Trauma postvacacional. Suena a coña, pero es verdad: ser feliz durante un tiempo hace que haya gente incapaz de soportar el dejar de ser tan feliz. Volver al trabajo (si tienes la suerte de tenerlo), a la rutina, a los días cortos, al frío, a los madrugones... nada de eso es fácil. Y hay gente que necesita apoyo psicológico para sobrellevar la ansiedad por la pérdida de vacaciones. No descuides tu salud mental tampoco (pero no lo hagas a costa de ser un poco menos feliz en vacaciones para que el batacazo sea más llevadero, anda)

- No tener vacaciones. Eso sí que es jodido. No sólo por lo obvio, sino por los efectos mentales que puede tener ver en redes sociales lo felices que son tus amigos haciendo cosas fantásticas en lugares geniales mientras tú sigues pringando. Por eso y porque, aunque exista el riesgo del bajón descrito en el punto anterior, necesitamos romper rutinas y descansar de vez en cuando. Ya llegarán las vacaciones, si no es esta vez será en otra. A no ser que seas autónomo, claro. Eso sí que es un problema.

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