Por Epi

La reacción de Jordi Évole al descubrir el origen del nombre artístico de Loquillo: "Es la anécdota más mierda del rock and roll"

Jordi Évole recorre junto a Loquillo las calles más míticas de Barcelona, empezando por las Ramblas. El mítico rockero, leyenda viva de la música, se sincera acerca de sus orígenes en el mundo de la música y desvela la anécdota que se esconde tras su nombre artístico.

La reacción de Jordi Évole al descubrir el origen del nombre artístico de Loquillo: "Es la anécdota más mierda del rock and roll"

En la Barcelona de 1978, los chavales compraban los cigarros sueltos. Eso es lo que hacía José María Sanz Beltrán, un adolescente del Clot que entonces tenía 18 años. "Charnego", "milleches" e hijo de "un perdedor de la Guerra Civil", aquel joven nunca pensó cuando actuó por primera vez en la Tabú que 46 años más tarde pondría en pie al Liceo. Hoy, Loquillo, protagonista de este nuevo programa de Lo de Évole, vuelve a recorrer Las Ramblas como lo hacía hace medio siglo y con la nostalgia de quien observa cómo todo aquello que un día significó tanto para él hoy se convierte en un parking.

Pero él también ha cambiado. Hoy es una leyenda viva del rock. Pero antes, le ponían "a parir", aunque eso para él sea lo mejor que le puede pasar a alguien que se dedica a la música. "Generalmente, cuando te ponen bien, duras poco", le explica a Jordi Évole. "Las críticas iniciales fueron terroríficas", recuerda: "este no sabe cantar", "¿este qué hace aquí?". Pero él tenía algo que la mayoría de los artistas españoles no tiene: "Antes había trabajado en radio y en prensa y fui promocionero de una compañía de discos". Así, al grabar el primer disco ya había hecho "lo más importante para conocer el negocio".

Una compañía de discos de rockabilly le pidió que buscara a músicos para hacer un playback de un artista americano llamado Sleepy LaBeef. Y ahí surgió la gran oportunidad que él supo aprovechar con astucia: "Llamé a Los Rebeldes, a dos rockers amigos míos, y pregunté que cuál era el solo del tema. Era uno de piano y yo me pedí el piano para que la cámara me enfocara a mí". Así se aseguraba salir en la televisión, cuando solo había dos canales. Toda España lo estaba viendo en ese momento. Corría el año 1979... o quizá 1980, no recuerda con claridad ese detalle.

Lo llamaron a la semana. "Se empezaba a hablar de una tal Movida Madrileña y me llamaron de una compañía de discos independiente, barcelonesa, y dijeron: '¿Tienes un grupo, verdad?'. Yo no tenía grupo, no tenía nada", cuenta hoy todavía con una sonrisa canalla. Tampoco tenía maqueta, aunque dijo que sí a todo. También aseguró que en un mes tendría el repertorio preparado para hacer un disco. Al menos, en eso no minitó. "¿Y qué ocurre? Que se lo tragaron. Llamé a Los Rebeldes, hablé con Sabino, con Los Intocables, y llamé a otra banda, Los Cepillos, que era un grupo pseudomod también de Barcelona, y en un día grabamos 'Los tiempos están cambiando', el disco. Y al siguiente día lo mezclamos. En dos días hicimos ese disco", asegura.

Para él, "hay una parte de fábula en todo", y por eso, no dudó en crear un personaje en el instante en el que quiso ser parte del mundo del espectáculo. También un logo. "Era muy importante, porque yo había crecido con el logo de los Stones, de los Who. Una banda de rock tenía que tener un logo, que te identificase. En el primer disco ya aparecía el logo. Tenía que haber un hecho diferencial y tenía que haber una historia detrás. Tenía la historia, tenía el personaje, solo tenía que ponerle la mecha para que saliera", explica.

Lo de Loquillo empezó a finales de los setenta. "En el 67, 68, venía la Sexta Flota americana. Los pandilleros, rockers… muchos nos dedicábamos al pequeño comercio y engañábamos a los marines". Al "menudeo", de hachís, o de "puntas de lápiz" que hacían pasar por ácido. "Recuerdo que un marine americano, que iba con una beisbolera -esas chaquetas de universidad americana- llevaba un pájaro loco aquí grabado en el pecho. Entonces yo le entré y conseguí hacer un 'change'. Total, si no le iba a subir nada. Era mentira. Era Avecrem o yo qué sé qué le di, ¿entiendes? Entonces el tipo se la quedó, o sea, se quedó con eso, y yo fui a clase con la chaqueta", rememora.

Él iba a un colegio en el que estudiaban la mayoría de los chavales que jugaban en divisiones inferiores o estaban de prueba en el Barça, como Sibilio, Pedro César Ansa o Epi. Epi un día le vio la chaqueta y le dijo: "Hombre, ¡pájaro!". Y todo el mundo empezó a llamarle Pájaro. "Entonces, creo que en un campeonato de España, de escolares o de Cataluña, él me lanzó el balón en un contraataque y me lo tiró con tanta mala leche que me dio en el estómago. Entonces me caí. Se me acercó: 'Ya no eres un pájaro, eres un loquillo'". Y todo el mundo empezó a llamarle Loquillo.

"Es la anécdota más mierda de una estrella del rock and roll", lamenta Évole, que quizá esperaba otra cosa. "Se va a enfadar Epi", advierte El Loco.

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