conflicto en irán
Jesús Nuñez Villaverde: "Por ahora, nadie sabe quién tiene más misiles y drones para sostener esta dinámica"
El analista advierte que EEUU, Israel y el régimen iraní están atrapados en una dinámica de escalada cuyo desenlace sigue siendo incierto, y también relativiza el papel del presidente iraní, señalando que "no es ni mucho menos quien tiene la última palabra" en el conflicto.

Ante la escalada del conflicto en Irán, Jesús Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), sostiene que ninguno de los actores implicados puede dar marcha atrás.
Según explica, Estados Unidos ya está atrapado en la dinámica de la guerra. "No hay marcha atrás para Donald Trump. Se ha metido, siguiendo a Netanyahu, en algo que no sabe muy bien a dónde puede llevar, pero cuyos efectos negativos ya empieza a notar: desde el aumento del precio de la gasolina hasta las dificultades para explicar a los simpatizantes del movimiento MAGA por qué está implicado en una guerra en la que no están en juego intereses vitales de Estados Unidos".
Tampoco ve margen de retroceso para Israel. "Lleva años esperando una ocasión como esta y cuenta con el apoyo y el respaldo de Washington para tratar de acabar de una vez por todas con la principal fuente de amenaza que percibe desde hace mucho tiempo: el régimen iraní. Además, tiene capacidad suficiente para seguir adelante con sucesivas oleadas de ataques, fundamentalmente aéreos".
En el caso de Irán, Núñez Villaverde subraya que la situación es aún más extrema. "Tampoco hay marcha atrás para el régimen iraní, porque se la está jugando. Es una guerra por la supervivencia, una guerra existencial en la que está dispuesto a utilizar todo lo que tiene en sus manos".
En este contexto, señala que la gran incógnita es la capacidad militar de cada parte: "Queda por saber quién tiene más misiles y más drones para sostener esta dinámica en la que estamos metidos".
El analista también relativiza el papel del presidente iraní, Masoud Pezeshkian. A su juicio, su capacidad de decisión es limitada dentro del sistema político del país. "Es solo el presidente, con la legitimidad democrática que pueda tener por haber sido elegido, pero no es ni mucho menos quien tiene la última palabra". Como ejemplo, recuerda que recientemente pidió disculpas a países del Golfo por algunos ataques, mientras que las operaciones militares continuaron.
"Eso deja en buena medida desautorizado al propio presidente", concluye. El poder real, explica, sigue estando en manos de los Jamenei y de los Guardianes de la Revolución, que marcan la agenda política y militar del país.
Además, advierte de un elemento cultural que a menudo se subestima desde Occidente: la idea del martirio. "Es una clave muy presente en su mentalidad y puede llevarles a asumir niveles de castigo que otros actores políticos no estarían dispuestos a soportar".
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