El pasado 19 de enero ningún vecino en Illescas (Toledo) podía tomarse siquiera un café rápido en un bar del pueblo; en cambio, en el municipio colindante, ya en territorio madrileño, los casarrubuelenses tenían la posibilidad de desayunar, comer o cenar en los restaurantes hasta las 22h. Tan solo les separaban dos kilómetros de distancia, pero su vida social dependía de las distintas restricciones decretadas por sus gobiernos autonómicos.

Mientras que el Gobierno de Castilla-La Mancha acababa de decidir el cierre total de la hostelería junto a un estricto paquete de medidas, la Comunidad de Madrid seguía siendo una de las más laxas para frenar el avance de la tercera ola de contagios por coronavirus. Es más, ese mismo día la presidenta Isabel Díaz Ayuso fue clara con respecto a su estrategia: "Para arruinar aún más a la hostelería conmigo que no cuenten".

Como Castilla-La Mancha, Baleares, La Rioja, Galicia y Comunidad Valenciana han terminado por decretar el cierre total de la hostelería. Otras, como Cataluña o Andalucía, han restringido mucho los horarios, o bien han decidido el cierre en determinados municipios. Esta disparidad, sumada a la estrategia madrileña, siembra la duda sobre la efectividad de esta medida. ¿De verdad funciona el cierre de la hostelería?

Todas las comunidades excepto Baleares (la primera en cerrar por completo la hostelería) siguen teniendo una incidencia acumulada de casos por cien mil habitantes más alta que la de hace un mes. La Navidad sigue pasando factura a pesar del refuerzo de las medidas a lo largo del mes de enero. Pero estas han tenido efecto.

Lo que se ve en la siguiente gráfica, que recoge la incidencia acumulada del 5 de enero al 5 de febrero, es que los efectos empiezan a notarse en cinco y diez días después, sobre todo en aquellas que han aplicado medidas más duras (por orden, las cuatro primeras). Hemos anotado en cada comunidad la fecha en la que se tomó alguna medida sobre la hostelería (normalmente acompañada de otras restricciones), así como el momento en el que empieza a bajar la curva. Cuanto antes se toman las medidas, antes se notan los efectos.

Incluso Madrid, de las menos estrictas con la hostelería, ha llegado al pico de incidencia cinco días después de reducir el horario de ocio y prohibir las reuniones de más de cuatro personas. No obstante, sus resultados van muy despacio: a 5 de febrero sigue teniendo una incidencia de 860 casos por cada cien mil habitantes, más del doble que la del 5 enero. A pesar de ello, la Comunidad, a su estilo, ya piensa en ampliar el horario del toque de queda si mejoran los datos.

Por su parte, Cataluña ya está recogiendo los frutos de unas rígidas medidas impuestas desde el 7 de enero. Limitó la hostelería a franjas horarias de desayuno y comida (excepto para reparto a domicilio o para llevar) antes de las navidades y lo ha seguido manteniendo, pero las cifras no acompañaron y tras las fiestas tuvo que endurecer el resto de medidas (confinamiento municipal y cierre de gimnasios y centros comerciales, entre otras). A 5 de febrero, la incidencia en Cataluña es de 463 casos por cada cien mil habitantes, casi la mitad que la de Madrid, cuando habían arrancado enero con un índice de contagios muy similar.

Se desconoce el 40% del origen de los contagios

Por tanto, las medidas duras funcionan, y limitar o cerrar la hostelería es una más entre todas ellas. Tanto, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado un toque a toque a España para que no se precipite a abrir los bares, viendo que algunos gobiernos quieren relajar restricciones ante la mejora de los datos. En un bar, "nos relajamos y descuidamos las medidas, estamos en una mesa sin mascarillas y le damos una venta de oportunidad al virus", apunta Clara Prats, investigadora de la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC).

"Se trata de tomar medidas que reduzcan las interacciones sociales", insiste Prats: "El medio más grande de contagio es el domicilio, pero el virus tiene que llegar ahí, alguien se tiene que infectar fuera". Como responsable del grupo de Biología Computacional y Sistemas Complejos de la UPC, que ha seguido de cerca la trayectoria de la epidemia en Cataluña, asegura que las limitaciones en el ocio han funcionado las dos veces que se han implantado.

Eso sí, controlar la hostelería sirve de poco si luego nos reunimos en domicilios, como indica el epidemiólogo Joan Caylà: "Lo que te ahorras por un lado, lo pierdes por otro". En ocho comunidades (Asturias, Baleares, Comunidad Valenciana, Galicia, La Rioja, Madrid, Murcia y Navarra) y en Melilla han restringido los encuentros entre no convivientes en los domicilios, una medida imposible de controlar y que queda a merced de la responsabilidad ciudadana.

Pero fuera de casa, la incógnita es saber dónde nos contagiamos. Para conocer la incidencia de la hostelería por sí sola hay que recurrir a la trazabilidad de los contactos. Y ahí es donde flojean muchas comunidades. Según el informe semanal de seguimiento de la epidemia del Ministerio de Sanidad, se desconocen el 40% del origen de los contagios. Según estos datos el 35% de los posibles lugares de contagio se produjo en los hogares, y el 11,7% tiene que ver con encuentros sociales o de otro diferente al resto de categorías, como vemos en la siguiente visualización.

Incluso con estos datos, es difícil establecer cuáles de esos posibles lugares de exposición fueron en locales de hostelería, pues no se registra así. De hecho, solo existe la categoría de 'social', en la que se incluirían esos encuentros en bares o restaurantes, pero también en cualquier otro espacio que no sea laboral, escolar, sanitario, residencias, el propio domicilio o de fuera de España. Esa categoría no se incluyó hasta la semana 46 (9 al 15 de noviembre) de 2020, y hasta entonces solo podía asignarse a la categoría 'otros'.

Además, por comunidades, el esfuerzo por seguir la trazabilidad de los contagios también es muy dispar. Mientras que Canarias ha hecho seguimiento al 87,1% de sus casos, en Madrid y en el País Vasco se desconoce el origen del 84% y el 97% de los casos, respectivamente. La OMS establece que al menos un 80% de los casos deben estar correctamente trazados para alcanzar una situación epidemiológica controlada.

La mitad de los contagios, fuera del hogar

La Generalitat de Cataluña está llevando a cabo un estudio desde el mes de octubre para mejorar la trazabilidad de los casos. Los primeros resultados, con datos de los meses de octubre a diciembre pasado, sí profundizaban algo más en el origen de los contagios.

Por ejemplo, el 64% de los 14.461 casos estudiados indicaron que el contagio se produjo dentro del domicilio, pero a la vez el 56% aseguró que el conviviente que le contagió se había infectado fuera de casa. Como decía la investigadora Clara Prats, el virus tiene que entrar en casa para contagiar a los convivientes. Y dentro de los encuentros sociales fuera de casa, los que se producen en bares y restaurantes son los que nos exponen más, pues son los únicos en los que nos quitamos la mascarilla en algún momento.

La dificultad de la detección del origen del contagio radica en que depende de la memoria del contagiado o de su precisión en la respuesta. Del 14% que indicó que el contagio podía haber sucedido en el ámbito social, la mayoría (12% del total) dijo que se había producido en encuentros con familiares no convivientes o amigos fuera del domicilio, sin concretar más. Tan solo 160, que sobre el total del estudio apenas representan un 1%, dijeron que se había contagiado en un restaurante o bar.

Para Jacobo Mendioroz, subdirector de Emergencias de la Agencia de Salud Pública de la Generalitat de Catalunya, estos resultados coinciden con estudios similares realizados en otros países, sobre todo en la relevancia de los contagios fuera del hogar. Sobre el cierre de la hostelería al completo, considera que hay que tener en cuenta también "el perjuicio al sector económico", por eso en la Generalitat han adoptado "por un camino intermedio" para controlar la epidemia: "El cierre completo es la última alternativa", afirma en conversación telefónica con laSexta.

Se trata, según este especialista en medicina preventiva y salud pública, de tener en cuenta todos los factores a la hora de tomar medidas, también, en caso de cerrar colegios, el perjuicio que puede causar. Por eso, explica, "si eres muy estricto en un sector puedes relajar en otro". No obstante, opina que la situación epidemiológica sigue siendo "complicada", por lo que hay que seguir siendo prudentes.

¿Se puede dar ya un respiro a la hostelería?

Con la mejora de los datos de contagios, algunas Comunidades barajan ya el relajamiento de las medidas de prevención. Castilla-La Mancha permite desde este viernes la apertura de locales de hostelería y restauración y de las superficies comerciales. Madrid ha decidido retrasar una hora el toque de queda, hasta las 23h.

Pero expertos como Caylà, que fue jefe de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, piden contención si queremos llegar al verano con una situación que permita el turismo: "Vemos fatal que algunos ya hablen de salvar la Semana Santa cuando tenemos incidencias muy altas. Hay que pensar en el verano más que en la Semana Santa".

Sobre el ritmo de la vacunación, que podría controlar el índice de contagios, Caylà cree que es posible llegar al verano con el 70% de la población vacunada, siempre que los responsables políticos se pongan las pilas: "Debería ser una prioridad absoluta para que vaya bien la economía de la que tanto hablan algunos políticos".