(*) Tras las últimas noticias sobre el retraso de la distribución de la vacuna de Janssen en Europa después de la decisión de EEUU de pausar temporalmente su pauta, laSexta recupera este reportaje del pasado 28 de marzo en el que un voluntario en el estudio de la vacuna nos cuenta cómo fue su experiencia.

España tiene puestas las esperanzas en Janssen para acelerar el ritmo de vacunación contra el COVID. Espera recibir a finales de abril las primeras dosis de la vacuna. Y de ahí, hasta las ocho millones que se espera que lleguen en el próximo trimestre. La fórmula de Johnson & Johnson se encuentra aún bajo el estudio de ensayos clínicos encargados de medir la precisión, efectividad y seguridad de las dosis. En España lleva en marcha desde el pasado 14 de septiembre y participan alrededor de 190 voluntarios divididos en dos grupos, uno de 18 a 55 años y otro con personas mayores de 65.

Yo, que participo en esta investigación, me encuentro en el primer grupo. Accedí a través de redes sociales. En concreto, a partir de un mensaje que publicó en Twitter un sanitario que anunciaba la búsqueda de voluntarios para este ensayo clínico en el Hospital La Paz de Madrid. Tras meditarlo unas horas, me interesé por el proyecto. Más bien me sentí 'obligado' porque dos familiares han fallecido a causa del coronavirus, y cuando una situación así te toca tan de cerca, el deseo de que la pandemia termine se torna en ansia. Es la razón por la que llevo siete meses sin ver a mi familia, y una de las razones por las que decidí unirme a la investigación. La otra, compartida por el resto del país, es volver a la normalidad, aunque sea esta relativa.

No tardaron en contactar conmigo. En principio, debía esperar un mes para realizar una entrevista con la que evaluarían mi ingreso. Unas horas más tarde después de escribir el primer correo, me llamaron para informarme de que era urgente poner en marcha el proceso, no sé si por la gravedad de la situación o por la falta de voluntarios. Así, unos días después de interesarme y de recibir la documentación necesaria donde se explicaba todo lo relativo al ensayo (cómo es la vacuna de Janssen, cómo se administra, cuáles son los plazos de seguimiento, cuántas las dosis, qué efectos secundarios tiene, qué sucede si puedo acceder a otra vacuna mientras continúo en el ensayo), fui a la entrevista.

Antes, acudí a un curso de formación de una hora con otras personas interesadas en el ensayo donde se explicaba de forma más accesible la información que se recogía en dichos documentos. Cuando se certificó que no había remuneración directa por participar, esas otras personas interesadas se marcharon. Sólo quedé yo, así que el proceso posterior fue rápido.

Me hicieron varias pruebas médicas para comprobar mi salud y me preguntaron si había sufrido en algún momento síntomas relacionados con el coronavirus. Y, después, un cuestionario sobre mi vida privada para conocer detalles como el número de personas con las que mantengo contacto presencial a lo largo de la semana, afecciones del pasado o el nivel de consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias perjudiciales. Todo fue bien. Y si bien cuando me inscribí albergaba dudas sobre el ensayo, porque era mi primera vez y porque era de los primeros ensayos contra el COVID-19, salí de la entrevista aliviado por la información, confiado por el trato y, por qué no decirlo, agradecido por la posibilidad de aportar, por poco que fuera, en la lucha contra una pandemia mundial.

Me confirmaron así que formaría parte del grupo de voluntarios y me volvieron a explicar todo antes de empezar: que me inyectarían dos dosis, que podía ser tanto de la vacuna como de placebo, que no lo sabría hasta finalizado el estudio y que me harían un seguimiento periódico a través de una aplicación móvil para estar al tanto de mi evolución.

Efectos de la vacuna y seguimiento

Un miércoles al mediodía, a las 12:30 horas, me presenté en el hospital. Allí firmé junto a otros voluntarios un papel de autorización. Después me hicieron una PCR para confirmar nuevamente que todo estaba bien, y seguidamente me administraron la primera dosis de la vacuna de Janssen (aunque en España se empleará una dosis de esta vacuna, en el ensayo se emplean dos). Mientras aguardaba unos minutos obligatorios para ver si causaba en mí una reacción instantánea, me dieron un KIT que bien podría denominarse 'primeros auxilios contra el COVID', puesto que, entre otros aparatos, contaba hasta con hisopos para hacerme una PCR en caso de ser necesario y no pudiera asistirme ningún sanitario. He de reconocer que me sorprendió no haberme puesto nervioso en ningún momento.

Escalofríos, dolor muscular y náuseas, entre los efectos sufridos

Una vez acabado el proceso de vacunación -o de inyección de placebo- de la primera dosis, me notificaron que debía volver en dos meses para la segunda dosis y regresé a casa. Durante las siguientes horas, por miedo a 'obedecer' al placebo y ver en mí inconscientemente los efectos de la vacuna, y pese a que me lo repitieron en varias ocasiones, hice lo posible por no saber o recordar qué efectos podría producir.

En la noche de ese miércoles y a lo largo de la mañana del jueves empecé a notar los resultados. Al menos me parecían muy reales y difícilmente provocados por mi subconsciente: sufrí dolor muscular extendido, fatiga, un poco de náuseas y especialmente escalofríos, pero todo fue llevadero. Como cuando uno se pone malo y le cuesta todo. A última hora de ese jueves casi todos los síntomas, a excepción de los escalofríos, que aguantaron un poco más, desaparecieron. Durante el tiempo en que mi cuerpo reaccionó a la vacuna -o al placebo- obtuve una atención completa a través de la aplicación móvil, midiéndome la temperatura, el nivel de oxígeno en sangre y la frecuencia cardiaca cada pocas horas, y notificando si seguía sufriendo síntomas relacionados.

Una vez los efectos se dispersaron completamente, el seguimiento médico volvió a ser normal. En los dos meses posteriores, no volví a notar nada relacionado con la vacuna -o el placebo-. Durante ese tiempo me llamaron por protocolo en un par de ocasiones para medir mi temperatura, para preguntarme con mayor precisión sobre mi salud y para confirmar la nueva cita para la segunda dosis. Pasados dos meses, volví al hospital y, tras cumplir los pasos de la primera ocasión, me inyectaron la segunda dosis de la vacuna de Janssen -o el placebo de Janssen-, y me marché a casa. Esta vez sí había releído previamente los documentos para saber todos los efectos secundarios que podría sufrir.

Esa noche, después de llamar a mi madre para contarle que estaba participando en este ensayo clínico (no quise hacerlo antes para que no se preocupara, pero eso no evitó la bronca por no contárselo antes, no por participar, y la posterior preocupación), volví a sufrir efectos. Sin embargo, en esta ocasión fueron mucho menores que la primera vez. Una sensación de malestar generalizada que no tardó en desaparecer, no sé si porque mi cuerpo se había adaptado para dar una respuesta o porque verdaderamente me inyectaron placebo.

Ahora, salvo un giro inesperado por las circunstancias sanitarias, sólo me queda seguir enviando informes rutinarios sobre mi estado de salud y mi evolución el tiempo que dure el ensayo hasta que me confirmen si he recibido la vacuna o el placebo. Por supuesto, desde que comencé a participar en el ensayo y hasta día de hoy he seguido cumpliendo con todas las normas sanitarias establecidas para evitar el contagio por coronavirus. Es decir, el uso de mascarilla en todos los espacios que sea necesario, respetar distancia de seguridad y evitar lugares con aglomeración y reuniones de un número mayor al que determine la Comunidad.

Características de Janssen

A comienzos de 2021, la compañía Johnson & Johnson detalló que los ensayos clínicos de la vacuna de Janssen demostraron una efectividad del 66% con una sola dosis para prevenir el COVID-19 de moderado a grave, 28 días después de su aplicación. Además, esta efectividad se elevó hasta el 85% en la prevención casos de hospitalización o muerte de personas que contrajeron la enfermedad de forma grave. Según las primeras investigaciones, la protección de la vacuna comenzó a observarse tras pasar 14 días desde su aplicación. Según Janssen, si en el futuro se produjera una infección por el patógeno responsable del COVID-19, nuestro organismo sería capaz de responder de forma más rápida y efectiva.

La vacuna de Jannsen es de tipo vector viral no replicante. Usa un adenovirus humano, el del catarro común, que se modifica genéticamente para que no pueda replicarse y para que exprese en su membrana la proteína spike (S) del virus, que nuestro organismo va a reconocer como extraña y contra la que va a crear anticuperpos. De esta forma, impide que pueda replicarse en el organismo y que desarrolle enfermedades. Esta vacuna se administra en una dosis única de 0,5 ml por inyección intramuscular únicamente, y por el momento no cuenta con datos sobre los índices de seguridad y eficacia en su aplicación en menores de 18 años.

*El texto está publicado con un seudónimo para preservar la intimidad del voluntario.