"Ay, nos han pasado muchísimas cosas durante esta cuarentena, ha sido fatal, nos hemos derrumbado…". Al otro lado del teléfono responde, entre gritos de niños, Graciela, una madre que vive en el barrio madrileño de Carabanchel con su hijo de tres años, su hija de 28 y el bebé de esta. Sin comida caliente, luz ni ingresos, esta familia intenta sobrevivir como puede. Esta es una de las 850.000 familias estimadas que podrán beneficiarse del Ingreso Mínimo Vital (IMV) que se ha aprobado este viernes el Consejo de Ministros extraordinario.

Como a muchas personas, la crisis del coronavirus no ha hecho más que acrecentar su situación. Después de un error del sistema, en febrero le notificaron que ni en abril ni en mayo le ingresarían la Renta Mínima de Inserción (RMI), el único ingreso que percibía esta familia y que se traduce en 570 euros para vivir cuatro personas. "Dicen que igual ha sido error de sistema y yo, ¿qué hago? La trabajadora social me dijo que no podía hacer nada, que había esperar al siguiente trámite y me vine abajo", cuenta desmotivada.

"¡Ángel! No se mete eso a la boca, tiene caca. Perdona, es que estos niños…", dice, y continúa hablando, sin que cese el ruido al otro lado de la línea. Entonces llegó el estado de alarma, la explosión de la vitrocerámica, los cortes de la luz, el que su hija tuviera que "bajar tres calles" a calentar la leche de los niños porque en el edificio "nadie nos quiso hacer el favor" y la cuenta corriente a cero. "Ha habido muchos días que nosotras no hemos comido para que comieran los niños", confiesa.

Dos millones de pobres no verán el IMV

Con un coste anual de en torno a 3.000 millones de euros, según las estimaciones del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, el IMV tiene como objetivo principal sacar de la situación de pobreza extrema en la que se encuentra a personas como Graciela y su familia. Se prevé que llegue a 2,3 millones de individuos, pero la pobreza extrema llega más lejos. Atrás quedarán los otros dos millones de personas hasta alcanzar las 4.287.576 personas pobres que hay en España, según datos facilitados por la oficina española de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN, por sus siglas en inglés).

En marzo, la familia de Graciela "sobrevivió un poco" gracias a una cesta de alimentos que les envió la trabajadora social y una reserva de leche que tenían para los niños. Pero siendo cuatro en casa, se acabó demasiado pronto y tuvieron que buscarse la vida: "¿A quién pedíamos ayuda? Hemos llamado al 012 y todo", lamenta, asegurando que les remite siempre a su trabajadora social: "¿Tú crees que esto no es para volverse loca?".

La situación de familias así es tan extrema que el IMV no les va a sacar de pobres, aunque les va a permitir, al menos, cubrir unos mínimos. De los 850.000 hogares beneficiarios que ha calculado el Ministerio de Inclusión después de analizar la información recibida de la Agencia Tributaria y de las CCAA, 600.000 corresponden a hogares en pobreza extrema y los otros 250.000 serían considerados en "alta pobreza". Un dato que se aproxima mucho a la cifra de las familias que no ven un euro a fin de mes. En total, en España hay en torno a 597.000 hogares en los que no se ingresa nada, y en 67.000 de ellos hay cuatro miembros o más, como es el caso de la familia de Graciela.

El ministro de esta cartera, José Luis Escrivá, ha adelantado este jueves en una entrevista en 'Onda Cero' que el IMV se ingresará de oficio a unas 100.000 familias sin necesidad de solicitarlo, y que se empezará a cobrar a finales de junio.

Hasta ahora, lo más parecido a esta ayuda en nuestro país es la Renta Mínima de Inserción (RMI), que gestionan las comunidades autónomas y alcanza a 679.180 personas, el 15,8% de la población. Con la cobertura del IMV (compatible con las RMI) se llegará hasta aproximadamente al 54% de las personas pobres, según calcula Juan Carlos Llano, responsable de investigación de la EAPN y autor del informe anual 'El Estado de la Pobreza'.

Para Llano, el IMV "es un gran avance con respecto a lo que hay". Además, explica, esta ayuda corrige en cierto modo las grandes diferencias de rentas y de cobertura de la pobreza de las rentas mínimas de las CCAA, y aunque "no acaba con estas desigualdades, las estabiliza en un mínimo". De hecho, el ministro ha precisado también en la entrevista que las CCAA podrán modificar sus umbrales para "complementar allí donde nosotros no lleguemos".

En 2018 (últimos datos disponibles), las cinco comunidades más castigadas por la pobreza eran a su vez las que conseguían una menor cobertura mediante las rentas de inserción. Y al revés: Navarra consigue cubrir a muchas más personas que el 2,6% que se encuentran en pobreza extrema y alcanza a ayudar también a personas en situación de pobreza pero no severa.

Entre 461 y 1.100 euros por familia

El concepto de pobreza extrema es muy variable y cambia en función de los umbrales de referencia que se quieran tomar, pero el que utiliza la EAPN es el más extendido en Europa. En la EAPN consideran pobreza extrema o severa cuando en un hogar se ingresa menos del 40% de la mediana nacional, lo que en España se traduce en menos de 5.914 euros al año, o 493 euros mensuales de media. Por tanto, si en un país crecen los ingresos medios, también lo hará el umbral de pobreza.

El investigador de la EAPN defiende además que las rentas básicas son buenas para el país en su conjunto, ya que "generan consumo": "Nadie va a ahorrar, ni a gastárselo en gin tonics, porque son para gente que ya vivía muy por debajo de sus necesidades".

Hasta este viernes, no se ha conocido mucho más detalle sobre las cantidades a percibir, solo que estaría entre 461 y algo menos de 1.100 euros por familia. También, que habrá doce tipos de umbrales según doce tipos de hogares distintos, con un foco particular en los monoparentales, en los que "hemos visto que hay una vulnerabilidad especial", según palabras del ministro. Y es que el 43% de las familias monoparentales se encuentran bajo el umbral de la pobreza incluso después de transferencias sociales, una tasa que no ha mejorado desde 2008, y que es muy superior al 22% de la media española.

El ministro de Inclusión también ha explicado que será "una prestación dinámica", por eso se incorporarán "elementos para incentivar el trabajo", o el denominado sello social para las empresas que ayuden a los beneficiarios del IMV a encontrar trabajo.

Ser pobre es no tener para comer fruta o pescado

Los padres de Albeida son canarios y ella española, pero nunca había pisado el país. La primera vez que lo hizo fue después de tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: "Pasaron acontecimientos graves en Venezuela, mataron a muchas personas, las tanquetas nos dispararon al edificio y caían los pedazos de cemento… Miré a mi esposo y le dije: vendemos todo y nos vamos". Y así lo hicieron.

Albeida realizó el trayecto opuesto al que habían hecho sus padres 65 años atrás: "Mi mamá siempre nos contaba lo que ella pasó, pero no cómo vivirlo", se lamenta. Ahora la experiencia le ha enseñado que la realidad es peor que las palabras.

El primer año en el municipio valenciano de Paterna, Albeida, su marido y sus dos hijos vivieron en el salón de una iglesia, "en un solo salón los cuatro", un bajo que tenían reservado para charlas y encuentros en el que se habilitó una especie de cocina. "Teníamos las maletas sin abrir a un lado y la retribución que yo les daba era encargarme de la limpieza y cocinar", explica al otro lado del teléfono mientras pasea junto a su marido en Paterna, Valencia.

Al principio su marido solo conseguía "trabajillos por horas", ella estuvo limpiando en varios sitios y, cuando no, pudo cobrar el subsidio por emigrante retornado, pero apenas les daba para comer los cuatro. La situación se relajó con el contrato indefinido de su marido en una fábrica y decidieron alquilar un piso de tres habitaciones para poder traer a la abuela.

Cuando parecía que las cosas mejoraban un poco, la pandemia volvió a sacudir a la familia y su marido entró en un ERTE. Si es difícil que cinco personas sobrevivan con un único sueldo de poco más de mil euros, que lo hagan con el 70% de este complica las cosas: "Es muy grande la deuda ahora: se debe gas, agua desde empezó la cuarentena, la tarjeta de crédito…".

Durante estos meses, Save the Children les ha dado una ayuda de 200 euros y la Cruz Roja una bolsa de alimentos. Aún así, el dinero no llega para todo y hay que hacer las cuentas muy bien: "Yo no compro pescado, fruta tampoco. En vez de comprar pavo, compro jamón york… Hay que administrarse, no es fácil", reconoce.

La realidad de Albeida es sintomática de lo que es la pobreza en España: el 4% (1.866.337) de la población no puede permitirse comer carne o pescado cada dos días. Este es uno de los parámetros que calculan la denominada 'privación material severa', otro indicador de referencia para medir la pobreza.

Lo muestra el gráfico anterior: la pobreza más común es la que no puede permitirse bienes o actividades consideradas básicas en un país como el nuestro. Tras años como investigador, Llano asegura que todavía cuesta creer que haya cuatro millones de pobres en España, pues se sigue teniendo "la idea preconcebida de que pobreza es igual a estar en la puerta de la iglesia pidiendo": "Las personas pobres son las que viven de los congelados, o las que cuando dicen que han comido proteínas se refieren a alas de pollo congeladas o salchichas baratas", lamenta.

El coronavirus dispara la pobreza

Como reflejan los casos de Albeida y Graciela, la llegada del coronavirus no ha hecho sino "disparar" la pobreza en España, según el análisis de Llano: "No sabemos exactamente lo que hay, pero los 4,3 millones de pobres que tenemos se tienen que considerar un mínimo". La realidad actual no la conoceremos hasta dentro de más de un año, cuando el Instituto Nacional de Estadística publique datos de 2020 de la Encuesta de Condiciones de Vida, a partir de la que se extraen las estadísticas de pobreza. Lo más reciente que hay son datos de 2018, y en un par de meses conoceremos los del año pasado.

Lo que sí sabemos, dice, es que ha crecido el número de personas que van a los comedores sociales, "y que va gente que nunca recurrido a ellos". Pone como ejemplo a trabajadores de mercadillos, muchos de ellos sin declarar: "Esa gente no tiene posibilidad de un ERTE, porque estaba en la economía sumergida". La crisis económica derivada del coronavirus ha hecho visible la pobreza con las llamadas 'colas del hambre', y por toda España hemos visto centenares de personas recogiendo productos de primera necesidad a las puertas de organizaciones sociales.

Save the Children pide que se tome el umbral de pobreza en lugar del IPREM como referencia para recibir el Ingreso Mínimo Vital

En mitad del proceso de desescalada, la organización Save The Children pide no olvidarse de la infancia, ya afectada antes con "un 26% de pobreza antes de la crisis sanitaria". Carmela del Moral, responsable de Políticas de Infancia de la organización, reclama ir más allá de lo que alcanzará el IMV: "Estamos pidiendo que las familias tengan garantizado un ingreso que les ayude a cubrir al menos el 50% del coste de la crianza", algo que, según los cálculos de la organización, se encontraba entre 500 y 600 euros al mes por niño.

También critica que las prestaciones estén "muy centradas en las contribuciones laborales", y no en las necesidades de los niños y niñas: "Parece que con solucionar el mercado laboral ya no habría pobreza infantil", apunta, "cuando hay familias que pueden estar trabajando pero no cubriendo las necesidades de sus hijos o hijas", como es el caso de Albeida. Save the Children pide que se tome el umbral de pobreza en lugar del IPREM como referencia para recibir el Ingreso Mínimo Vital.

Una de cal y otra de arena: la lucha por sobrevivir

La historia de estas familias son de esas que no sueles escuchar en tu día a día o de las que apartas la vista para no darte cuenta de que existen. Graciela está sin trabajo desde que la despidieron después de quedarse embarazada; después de tres años y medio trabajando como interna en una casa, solo había cotizado dos meses a la Seguridad Social.

La vida de Graciela la marca un calendario de infortunios. En noviembre de 2017, el mismo día que su hijo cumplía un año, ella entraba a quirófano para ser operada de urgencia de cáncer de tiroides. La segunda operación se produjo un año después y coincidió con un desahucio, que se unió a las 14 pastillas diarias que tomaba y la radioterapia que recibía.

Ángel, Ángel, Ángel… Otra cuchara. Se acabó ya. [Suspiro]

"Si vieras, este niño no puede coger nada, tira por la ventana todo lo que encuentra. En un segundo lo hace, pasa como un rayo.", se justifica. Ángel nació con Síndrome de Down y, con tres añitos, ya necesita mucha atención. "Estoy agotada, se me han acabado las fuerzas...", dice, pero solo son palabras, la realidad es que continúa luchando a diario por sacar a su familia adelante.

Este mes Albeida ha conseguido trabajo en una fábrica: "Por ahora es solo mayo a jornada completa, pero agradecida. Hay que salir para delante como sea", dice, aunque confiesa que está siendo muy duro por la lesión que tiene en los pies: "No es fácil, los primeros días me cayeron las lágrimas. Y pensar que mi trabajo en Venezuela era tan cómodo...".

Albeida es ingeniera y a sus espaldas tiene 21 años de experiencia: "Trabajé en dos empresas, súper orgullosa", cuenta, y se oye a su marido decir algo de fondo: "Dice que te diga que él tiene dos carreras y trabajó durante 25 años en una empresa en la que llegó a ser director". Pero eso ya no vale de nada. "Cuando tocas fondo, solo puedes mirar hacia arriba".