Cambio climático

El último golpe de Trump a las políticas verdes tras culpar a las LED de parecer naranja o criticar las pajitas de cartón: deroga la regulación de gases de efecto invernadero en EEUU

Las consecuencias Los gases de efecto invernadero emitidos por fuentes como automóviles o plantas de energía, y que contribuyen al cambio climático, dejarán de estar regulados por el gobierno federal.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump

Donald Trump persiste en sus políticas 'antiverdes'. Su último movimiento contra las políticas climáticas es la firma este jueves de la derogación del texto que sirve como base en EEUU para luchar contra las emisiones de gases de efecto invernadero.

La regulación se implantó en 2009 durante la administración de Barack Obama, y consideraba un "peligro" estas emisiones porque representan una amenaza para la salud y el bienestar públicos.

Sin embargo, con la decisión de Trump, los gases de efecto invernadero emitidos por fuentes como automóviles o plantas de energía, y que contribuyen al cambio climático, dejarán de estar regulados por el gobierno federal.

Esta medida sigue a su propuesta de reducir los requisitos de ahorro de combustible para impulsar los vehículos de gasolina y que el sector automovilístico estadounidense pueda competir con el chino.

De las pajitas a las luces led

Porque el presidente de EEUU lo ha dejado claro muchas veces: para él, el planeta no es su prioridad. Casi le importa más su pelo: "Tengo una melena maravillosa, lleva diez minutos lavarte el pelo", ha asegurado.

Mientras se preocupa por su cabello, rechaza por completo las energías renovables. El pasado enero aseguró que su objetivo es "impedir que se construya ningún molino de viento". Aseguró que suponen pérdidas económicas, que "destruyen el paisaje, matan a las aves" y, además, "son de fabricación china".

El inquilino de la Casa Blanca lucha hasta contra las bombillas LED, a las que culpa de que se le vea naranja. "La luz no es buena, siempre parezco naranja", ha criticado.

Nada relacionado con lo sostenible o ecológico le parece bien. Entre sus críticas están también las pajitas desechables porque "en ocasiones se rompen, explotan". En su lugar, ha hecho campaña para recuperar las de plástico, aunque perjudiquen el ecosistema marino.

Se justifica simplemente diciendo que "no creo que los plásticos afecten mucho a los tiburones mientras comen, mientras se abren paso a mordiscos por el océano". Porque su comodidad va primero, y el planeta, después.

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