Ante el inexorable avance de las tropas rusas en Ucrania tras 14 días de guerra, occidente sigue implementando todo tipo de paquetes de sanciones con el objetivo de frenar la escalada de violencia orquestada por Putin. A la congelación de activos del Banco Central ruso, la expulsión de distintas entidades del sistema SWIFT o a la prohibición de que operen aerolíneas rusas en el espacio aéreo europeo se suma un nuevo golpe económico que podría ser decisivo en esta batalla: acabar con la dependencia del petróleo y del gas ruso.

Este martes, Estados Unidos anunciaba un veto a las importaciones de petróleo y gas procedente de este país al tiempo que ya reconocía que esta sanción iba a acabar afectando a los bolsillos de los norteamericanos. Muy poco después, Reino Unido hacía lo propio al desvelar que está explorando la posibilidad de vetar la compra de gas natural ruso, que representa solo el 4% del mercado británico. Esa misma tarde, la Unión Europea daba a conocer su intención de poner en marcha un plan para reponer las reservas de gas de cara al próximo invierno con la intención de poner fin a la relación con Rusia en este aspecto.

Y este mismo miércoles, el alto representante Josep Borrell ha llamado directamente a los ciudadanos europeos a actuar: "Los europeos necesitamos enfrentar los desafíos que no hemos buscados, pero que el mundo proyecta sobre nosotros, y Ucrania es el primero. Corten el gas en sus casas, disminuyan la dependencia de quien ataca Ucrania". Así, comparando este movimiento con el esfuerzo ciudadano colectivo durante la pandemia, Borrell ha añadido que "lo que hemos hecho durante el coronavirus hay que hacerlo con Ucrania: un compromiso colectivo ante una tarea histórica".

A estas acciones ha respondido Putin. El presidente ruso ha firmado un decreto de "medidas especiales" en el que autoriza al Gobierno a prohibir exportaciones de productos y materias primas con el objetivo de "garantizar la seguridad de la Federación Rusa y el funcionamiento ininterrumpido de la industria". Horas antes de su aprobación, el viceprimer ministro ruso Alexander Novak ya dejó claro que Rusia tiene todo el derecho a tomar medidas si se imponen sanciones a sus exportaciones energéticas, como establecer un embargo al gas que llega a través del gasoducto Nord Stream 1.

Pero ¿se puede permitir Rusia cortar realmente el suministro de gas? ¿Qué consecuencias tendría para la UE y el resto de territorios de occidente esta hipotética acción? Lo cierto es que el escenario es bastante más complejo de lo que puede parecer en un principio, dados los diferentes intereses y negocios que mantienen los países con Rusia y, por defecto, entre ellos mismos. Los expertos no creen en principio que el Kremlin pueda optar por este camino, dado que afectaría más a la propia economía rusa que a la europea o la estadounidense.

Rusia provee un 45% del gas que importa la Unión Europea; países como Finlandia consume el 100% de esa importación

Es decir, no suministrar el producto implica del mismo modo no recibir beneficios de su venta. En este sentido, con el cerco económico creado a Rusia como castigo por la invasión de Ucrania, la situación financiera de este país no pasa ni mucho menos por su mejor momento a pesar de los lazos comerciales que sigue manteniendo con otras potencias, como China. Además, actuar de este modo podría llevar a occidente a poner en marcha otro paquete de sanciones y restricciones aún más duras -si cabe- contra Rusia, dejando al país al borde de una gravísima crisis.

Sin embargo, en caso de encasillarse en esa posición tan arriesgada, las consecuencias no tardarían en notarse en aquellos que dependen de forma notable de las exportaciones energéticas rusas. Sin ir más lejos, los países que conforman la Unión Europea. Según Bruselas, actualmente Rusia provee un 45% del gas que importa la Unión Europea. Aquí cabe destacar que, aunque la dependencia de Francia o de España es relativamente baja -del 20% y del 10%, respectivamente-, en Alemania un 60% del gas que se consume procede de Rusia y en otros países como Finlandia es el 100%.

España, ¿en una posición clave?

Así, si bien Europa ya ha puesto en marcha el estudio de alternativas para reducir esa dependencia, implementar estas llevará tiempo -como se ha dicho, no todos los países tienen las mismas relaciones ni la misma facilidad para la obtención de materias fósiles-. Y un corte abrupto del suministro como el que podría darse provocaría consecuencias inmediatas en la economía no solo de los territorios que más necesitan ahora mismo estas importanciones; también, en la de los países interconectados con los primeros.

Por poner un ejemplo de situación, que las estructuras económicas de Alemania o Finlandia puedan verse resentidas por el fin del suministro acabaría afectando, aunque sea a menor escala, a España y todos los países miembros de la UE. No obstante, esta nueva situación, dicen los expertos, podría colocar a nuestro país en una posición esencial para salvaguardar los intereses de la Unión. Precisamente porque contamos con otros canales para la obtención del gas, la Península se convertiría en "un elemento estratégico para salvar esa dependencia energética que sufren, sobre todo, los países de Europa central".

Así lo ha indicado José Manuel Corrales, profesor de Economía y Empresa de la Universidad Europea, en un análisis ofrecido al diario El Mundo, donde sin embargo ha advertido que, aunque España "está en una situación muy positiva" en este terreno, ello no implica que, por ejemplo, Argelia "va a dar el gas que necesita la UE de hoy para mañana". De momento, los planes de Europa pasan por la ampliación de sus reservas de gas antes de la llegada del invierno y que Europea sea independiente de los combustibles fósiles de Rusia antes de 2030.

De hecho, la Comisión pretende presentar una propuesta legislativa para abril que requiera que el almacenamiento de gas en toda la Unión Europea deba llenarse hasta al menos el 90% de su capacidad antes de octubre de cada año, en la línea de lo expresado por Francia. Asimismo, ha planteado un nuevo esquema basado en diversificar el suministro de gas y reducir más rápido el uso de combustibles fósiles. "Simplemente, no podemos confiar en un proveedor que nos amenaza explícitamente", advirtió la presidenta de la CE, Ursula Von der Leyen. Está por ver cómo actuará Rusia y, en consecuencia, cómo maniobrará el mundo entero.