a los 95 años
Muere Taty Almeida, madre de Plaza de Mayo y símbolo de la lucha por los Derechos Humanos en Argentina
¿Por qué es importante? La muerte de Taty Almeida, a los 95 años, deja una de las voces más reconocibles de la lucha por los derechos humanos en Argentina. Referente de Madres de Plaza de Mayo, convirtió la desaparición de su hijo en una causa colectiva y en memoria activa.

Resumen IA supervisado
La muerte de Taty Almeida, a los 95 años, deja un vacío profundo en la lucha por los derechos humanos en Argentina. Reconocida por su pañuelo blanco, símbolo de memoria y justicia, Almeida se unió a las Madres de Plaza de Mayo en 1979 tras la desaparición de su hijo Alejandro, secuestrado en 1975. Su muerte fue confirmada por su familia, evocando la cifra de 30.000 desaparecidos. Despedida con mensajes de cariño y reconocimiento, figuras como Cristina Fernández de Kirchner y Juan Diego Botto destacaron su lucidez y optimismo. A pesar de su ausencia, su legado y lucha perduran en la memoria colectiva.
* Resumen supervisado por periodistas.
Hay muertes que dejan una silla vacía. Otras dejan una ausencia más difícil de medir: la de una voz que insistía cuando muchos callaban, la de una mujer que convirtió el dolor en una forma de resistencia. La muerte de Taty Almeida deja uno de esos huecos. Se apaga una de las figuras más reconocibles de la lucha por los derechos humanos en Argentina, pero queda su pañuelo blanco, convertido ya en símbolo de memoria, justicia y perseverancia.
La organización Madres de Plaza de Mayo anunció este domingo la muerte, a los 95 años, de su presidenta e histórica referente. Lidia Stella Mercedes Miy Uranga de Almeida, conocida por todos como Taty Almeida, se incorporó a la organización en 1979 para denunciar la desaparición de su hijo Alejandro Almeida, secuestrado en 1975 por un grupo parapolicial pocos meses antes del inicio de la última dictadura argentina.
Su familia confirmó la noticia a través de un comunicado. "A las 19:20 del 14 de junio falleció en el Hospital Italiano nuestra querida Taty Almeida. ¡30.000 detenidos desaparecidos presentes ahora y siempre!", señalaron, evocando una cifra que sigue siendo bandera de memoria y reclamo de justicia para los organismos de derechos humanos del país.
Los restos de Almeida serán velados este lunes en la sede del sindicato de telecomunicaciones de Buenos Aires.
La lucidez y el optimismo
Mientras tanto, los mensajes de despedida comenzaron a multiplicarse. "Con un dolor muy profundo, nos toca compartir la noticia más triste: hoy partió nuestra querida Taty Almeida", escribió Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, la organización que presidía. Después llegaron palabras que parecían más un abrazo que un comunicado: "Gracias por enseñarnos que amar es resistir, que la única lucha que se pierde es la que se abandona y que no existe fuerza más grande que la del amor".
A ese coro de despedidas se sumó la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, que la definió como una "luchadora incansable" y le dedicó un breve mensaje en redes sociales: "Honraste la vida. Hasta siempre, querida Taty".
También el actor y director Juan Diego Botto quiso recordarla. Lo hizo poniendo el foco en dos de los rasgos que quienes la conocieron más destacan de ella: su lucidez y su optimismo. "Gracias por enseñarnos el camino. Gracias infinitas. Recogeremos el testigo y seguiremos luchando por tu hijo Alejandro y por el resto de compañeros y compañeras, por los 30.000", escribió en X.
La búsqueda de Alejandro, su hijo
Con apenas 20 años, Alejandro Almeida —estudiante de Medicina y militante en el Partido Revolucionario de los Trabajadores— fue secuestrado y nunca encontraron sus restos, algo que su madre vivió con gran dolor hasta su último día.
Ella misma contó que, cuando se acercó por primera vez a las Madres de Plaza de Mayo, temió que las demás mujeres la vieran con desconfianza. Procedía de una familia vinculada a las Fuerzas Armadas y había crecido en un entorno muy distinto al que terminaría abrazando. Años después resumió esa transformación con una frase que quedó para la historia: "Yo me siento parida por Alejandro. Me bajó de esa burbuja en la que toda la vida había vivido".
Junto a otras mujeres como Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto, convirtió el dolor individual en una causa colectiva. Desde 1979 marchó cada jueves frente a la Casa Rosada con un pañuelo blanco sobre la cabeza. Primero para denunciar los crímenes de la dictadura. Después para impedir que el paso del tiempo borrara los nombres de los desaparecidos.
Casi medio siglo después, aquellas rondas continúan. Son menos numerosas. Muchas de sus protagonistas ya no están. Ahora tampoco estará Taty. Pero su pañuelo blanco, el mismo que durante décadas desafió al olvido, seguirá ocupando su lugar en la plaza.