¿Kiwis nacionales de cultivos intensivo, ecológicos de Nueva Zelanda, o ninguno? ¿Pollo más barato, aunque sea de jaula? ¿Jamón york a 7 euros el kilo o cocido natural por el doble de precio? ¿Y si dejo de comprar aguacate, por su impacto ambiental? En tiempos de inflación desatada, hacer la compra en estos días es un auténtico quebradero de cabeza si tenemos una economía ajustada y queremos triangular los euros con productos saludables y sostenibles.

Mirar etiquetas, carteles de procedencia animal, analizar envases, y tener que ir a varios establecimientos para que tu compra reúna todas esas condiciones, o bien comprar lo más barato porque el bolsillo y el tiempo no dan más de sí pero cargando con el peso de la conciencia de no estar optando por lo mejor.

Lo que ponen en cuestión los defensores de la compra ecológica es que no siempre lo sostenible es más caro, e incluso cuestionan qué significa caro si tenemos en cuenta los efectos medioambientales a largo plazo. Lo mismo argumentan los nutricionistas sobre las consecuencias para la salud de elegir siempre lo más barato.

"Nunca se puede penalizar lo saludable", apunta el nutricionista Luis Alberto Zamora: "El dinero que te estás ahorrando lo vas a pagar en bajas laborales". No obstante, y entendiendo el contexto de subida de precios salvaje en el que vivimos, este experto en dietética recuerda que hay productos baratos y que son saludables, como las legumbres en conserva o las verduras congeladas. En esta línea entra también el recetario que creó el Ministerio de Consumo junto con la farmacéutica y dietista Boticaria García de recetas saludables y baratas.

Pero claro, si además añadimos el criterio ambiental, la cosa se complica. Amante de los mercados y mercadillos, Zamora anima a los consumidores a "empoderarse" y a volver a prácticas de antaño que hoy suenan a retro, como la de comprar productos de proximidad y en diferentes establecimientos: "Compras lo que necesitas y no la bandeja preparada y repartes el gasto; es sostenibilidad económica y social", apunta.

Si comparamos precios, la etiqueta 'eco' encarece la lista de la compra. Hemos comparado los precios de dos supermercados de productos ecológicos con productos convencionales de grandes hipermercados sin tener en cuenta ofertas ni promociones y la diferencia es importante en buena parte de los productos. Aun eligiendo la versión más barata, los productos ecológicos pueden hasta superar el doble del precio de los no 'eco', como vemos en los pimientos, zanahorias o en un producto tan básico como el arroz.

Cuestión de prioridades

Chus tuvo una tienda de productos ecológicos en Collado Villalba (Madrid) y comprobó lo difícil que es mantener un negocio donde el producto es "muy caro". Eso sí, descubrió que es una cuestión de prioridades: "Descubrí mucha gente que económicamente no es muy solvente pero que pone por delante su forma de vida y la alimentación a otra cosa".

En ese perfil encaja Begoña, que recién separada y con dos hijos ve cómo su economía está más limitada ahora. Reconoce que su compra no es todo lo 'eco' que quisiera, y que también acaba comprando productos que no le "convencen", pero no renuncia a su conciencia con otras decisiones que no tienen que ver con el precio: "Me pasa con los aguacates, me encantan, pero no los compro porque son un palo medioambiental", explica. Tampoco compra frutas que vengan de muy lejos, "y me mosquea que pongan que son ecológicas y están envasadas en plástico y vengan de Sudamérica", añade.

El del aguacate es uno de esos cultivos en discordia que ha sido señalado a menudo por el desgaste ambiental que produce. Además de ser un árbol que necesita mucha agua, el aumento intensivo del consumo del llamado 'oro verde' hizo crecer la extensión de su cultivo en México, principal productor mundial, contribuyendo a la deforestación de espacios naturales del oeste del país.

Este aumento de demanda llevó a la extensión de este cultivo en España, por lo que en el mercado no es difícil encontrar aguacate nacional. El mismo problema presenta el mango, o peor, ya que consume más agua el mango que el aguacate.

Según la Water Footprint Network (Red de la Huella Hídrica), plataforma internacional que ha estudiado e implantado el concepto de huella hídrica, una ración de aguacate necesita 132 litros de agua y una de mango 204 litros, mientras que una ración de pepino requiere solo 41 litros y una de melón o sandía, 26. Con presencia principalmente en Andalucía, la empresa que tiene mayor cuota de mercado de frutas tropicales en España, Troops, ya plantea la necesidad de construir desaladoras para hacer frente a la sequía y mantener así la producción.

La Water Footprint Network tiene una guía de productos y una calculadora para conocer tu huella hídrica. Por supuesto, esto son promedios, y el gasto de agua depende de la eficiencia y de la tecnología de su cultivo.

No escapa a nadie que encajar toda esta información en cada producto de cesta de la compra puede ser una odisea imposible de cumplir y es el motivo por el que muchas personas prefieren taparse los ojos. Si abrimos debate entre los cercanos, seguramente alguien acabe diciendo que lo que hacemos como individuos apenas supone cambios. Begoña piensa lo contrario: "Como consumidores creo que somos una voz importante para cambiar la forma de producción y de consumo", afirma.

Como consumidores somos una voz importante para cambiar la forma de producción y de consumo

En la misma línea está Ángela, granadina residente en Madrid, y que participa junto a su pareja en uno de los llamados "grupo de consumo" que compran a productores de la zona. A la hora de hacer la compra, la sostenibilidad está presente todo el tiempo: "Lo tenemos en cuenta en absolutamente todo, es un quebradero de cabeza, pero no porque sea más caro, sino porque es muy difícil encontrar opciones", opina. Los grupos de consumo suelen funcionar como una gran compra conjunta que se hace una o dos veces a la semana, lo que obliga a tener una buena planificación.

Pero una compra sostenible no solo consiste en adquirir productos ecológicos, sino en tener en cuenta otros factores: procedencia y cantidad de plástico del envase, bienestar animal, en qué medio de transporte nos desplazamos... Y todo además de cuestiones nutricionales que nos llevan a echar un ratito añadido en el súper: "Es el eterno dilema de todo, una etiqueta 'Eco' muy grande pero viene de Francia o envuelto en plástico y de cerca, envase reutilizable o no, etc.", apunta Ángela.

No obstante, asegura que no nota que la factura suba tanto por comprar sostenible y que toda esta 'tarea' es una cuestión de hábitos: "Es mucho más cómodo ir a bajo coste y comprar lo más barato, pero una vez que te acostumbras ya sale solo, solo que a veces vuelves con la ansiedad de haber comprado algo que no es sostenible", reconoce.

La conciencia ambiental en España

Los productos ecológicos están cada vez más presentes en la cesta de la compra de los españoles, pero con un crecimiento lento. En el año 2020 cada persona consumió unos 53 kilos de productos ecológicos al año, casi doce veces más de lo que lo hizo en el año 2000. Pero si lo compramos con el total de la cesta de la compra, apenas ha aumentado un 1% desde 2012. Solo un 2,5% de nuestro gasto alimentario recae en productos ecológicos, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

A pesar de esa mejora en kilos, quedamos muy lejos de los daneses, que lideran el consumo ecológico con 383 kilos al año, o de los vecinos franceses y sus 188 kilos al año. España se encuentra en la mitad del listado de países europeos, según datos del Instituto de Investigación de la Agricultura Orgánica (FIBL, por sus siglas en inglés), que recoge datos públicos de cada país. En la siguiente gráfica puedes ver la evolución de los últimos años en todos los países de Europa.

"¿Qué significa caro?"

En centros como la cooperativa Bio Libere, en Getafe (Madrid), es donde encontramos legión de consumidores concienciados con hacer una compra sostenible. Aquí el objetivo está por encima de los inconvenientes mencionados. Es un supermercado sin ánimo de lucro que compra productos ecológicos certificados, de producción local o de comercio justo. Priman el granel al envase y devuelven los sobrantes vegetales a un hortelano del municipio para que haga compost. Por eso, cuando hablamos de precios, surgen los matices.

"¿Qué significa caro?", apunta Emilio Lázaro, uno de los fundadores de esta iniciativa. Lázaro considera que el producto ecológico es de más calidad y es más saludable, incluyendo en el concepto de salud la medioambiental además de la personal. Para Lázaro, hay una cuestión que no vemos detrás de los bajos precios de los productos convencionales: "Un agricultor que echa nitratos y contamina las aguas freáticas, no paga la cisterna de agua que hay que llevar después al pueblo; lo paga la diputación, y sale de los impuestos de todos".

En lo que insisten en este centro es en comparar entre sus productos y los de grandes superficies. Dentro de los productos 'eco' también hay diferencias entre estas y pequeños centros como Bio Libere, según un estudio comparativo propio que menciona Lázaro. Según su comparativa, los diez productos más vendidos de Bio Libere -plátano, tomate pera y patata, entre ellos- son más baratos que los mismos productos en su versión ecológica de tres grandes hipermercados. Una dificultad más a sumar en esta compleja cesta de la compra de nuestros días.