LA VERSIÓN GSE
El Opel Mokka puede ser el urbano que buscas para el día a día, pero también un eléctrico potente si buscas un coche deportivo
Un coche capaz de acompañarte en ciudad, pero también en las experiencias más vertiginosas. Su equipamiento principal y algunas apreciaciones sobre su mecánica y conducción.

Publicidad
Existen los SUV urbanos adecuados para el manejo urbano del día a día y existen los B-SUV que, además de dominar el mercado por su esencia de ciudad, están capacitados para ir más allá de la rutina. El Opel Mokka GSE combina las dos facetas, porque, en definitiva, su sistema mecánico le permite una experiencia de conducción sin sobresaltos, pero, ante todo, está diseñado en función de su costado más salvaje.
Como tal, caería en una completa contradicción –en tiempos en que este tipo de coches eléctricos se caracterizan por exagerar sus rasgos estéticos de alto rendimiento, basta con echarle un vistazo al Renault 5 Turbo 3E o al Hyundai Ioniq 5 N– si escondiera su poder de fuego en un concepto de diseño más aproximado a los acabados más terrenales que el modelo ofrece.

Hablar del Mokka GSE es comenzar con un equipamiento exterior cuyo primer acto es imantar nuestra mirada hacia la zona baja, dadas sus imponentes ruedas con llantas deportivas de 20 pulgadas exclusivas para la versión, con pinzas pintadas, discos de 380 mm y neumáticos Michelin Pilot Sports. Y en las inserciones y placas protectores en el frontal, en la zaga y en los laterales encontramos el complemento inmediato.
Las capacidades mecánicas y de conducción del Opel Mokka GSE
Ya en la cabina, el Mokka GSE se pone futurista y orientado sin titubeos al piloto, tanto en su esquema de pantallas como en sus asientos con sujeción lateral, tapizado en alcántara –material tan anclado al confort interior como a la manifestación deportiva– y función calefactable. Ahora bien, insisto en que el costado más salvaje, el aspecto que más une a la máquina con quien toma el volante, se expresa con el coche en acción.

Estamos ante un eléctrico de calle con ingeniería alemana inspirada en la competición y, más precisamente, en el mundo del rallye. En su caso, un motor eléctrico de 280 CV y 245 Nm de par mueven las ruedas del eje delantero, pero no de cualquier manera, sino con el sistema de diferencial autoblocante Torsen, de forma que en ningún momento te quedarías sin tracción, ya que en los momentos más críticos –ruedas en el aire o patinando por pérdida de adherencia, por ejemplo– serán las ruedas con el mejor agarre las que reciban toda la potencia.
Para cuando desees portarte mal y te veas impulsado a llevar el coche a una experiencia de prueba con maniobras prohibidas en ciudad, espera un Mokka optimizado para salir de curvas a velocidad, sin riesgo de perder el control y la estabilidad y sin darle lugar al subviraje, otra de sus virtudes. Al mismo tiempo, producto de su tipo de diferencial, la tracción se realiza de forma más suave y progresiva que en otros autoblocantes, que se identifican más con el latigazo cuando se ejecuta la transferencia de potencia a la rueda más apta.
Publicidad






