DISEÑOS PARA OLVIDAR
Hace casi 40 años existió un coche tan extraño como el Ferrari Luce, pero una diferencia salvó aquella vez la reputación de la compañía
Con el lanzamiento del primer eléctrico de Maranello, me ha venido a la mente el Ferrari 408 4RM de 1987. Rarezas con puntos de conexión. Al menos, aquel se limitó a proyecto de desarrollo tecnológico.

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Perdurará la polémica, las voces de los detractores tardarán en callar y es lógico. Tras meses de espera, el Ferrari Luce fue revelado y me es imposible no pensar en la honestidad brutal que habrá recorrido las mentes de Leclerc y Hamilton, quienes, por protocolo, pusieron sus caras como referentes de la empresa. Otros nombres relevantes, justificados por el peso de su historia en la compañía, se pronunciaron sin pelos en la lengua.
"La destrucción de un mito", sentenció Luca di Montezemolo entre contundencias varias. En paralelo, tal vez con ánimos de ver el vaso medio lleno, no faltará quien considere este lanzamiento como una declaración de intenciones: destinar el peor diseño al primer eléctrico, propulsión antítesis de la esencia de Ferrari y sus tradiciones. Lo cierto es que la reputación se ha visto tocada. Cuando lo vi por primera vez, de inmediato recordé un biplaza que la marca italiana desarrolló casi 40 años atrás.
Es que, salvando las distancias y las diferencias de tratamiento, encuentro en el Ferrari 408 4RM de 1987 una clara similitud del concepto general del lenguaje visual. Para hacer posible este paralelismo, resulta clave cómo se pronuncian las líneas de cintura y cómo contrastan con las del techo. Ya concentrándonos en aquella olvidada rareza de los ochenta, su diagnóstico arrojaba sensaciones encontradas.

Ferrari Luce y Ferrari 408 4RM 1987: aproximaciones materiales, pero también simbólicas
Ves su frontal y notas un capó alineado con el concepto de los modelos de serie de aquella época, pero pones la lupa y descubres llamativos elementos, como una calandra decididamente rectangular, unos faros que se extendían horizontalmente por detrás y un spoiler delantero interrumpido en ambos extremos.
Mención especial para la forma del parabrisas y de la sección superior toda, incluyendo una luneta cuya finalización le daba al 408 4RM una forma de cápsula. El sector trasero se complementaba con este gesto y concretaba un deportivo extrañamente futurista.
Por apariencias, pero también por lo que ambos terminaron siendo a los ojos de las modas del momento es que me ha nacido vincularlos: ser dos coches fuera de contexto. A pesar de que los dos se realizaron bajo propósitos específicos –el Luce como primer eléctrico y el 4RM como un proyecto de Ferrari con tracción total–, hay un punto de partida en el que coinciden: dos vehículos inconcebibles por el paladar de Maranello.

Ferrari 408 4RM: la diferencia con el Ferrari Luce
El 408, al menos, se limitó finalmente a prototipo experimental y de desarrollo tecnológico para modelos de producción posteriores. Si en la condición de rarezas de diseño y esbozos desproporcionados difícil de digerir encuentran un parecido, en su diferencia de no destinarse al cliente aquel Ferrari contemporáneo al F40 marca contraste con el Luce.
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