Mi madre falleció a consecuencia de un virus.

El VIH.

Tenía 43 años.

Las palabras que, como nubes oscuras preñadas de rayos, sobrevolaron su cabeza desde que fue diagnosticada fueron las de la culpa y la vergüenza.

Así es como hemos hecho sentir siempre a las personas portadoras de este virus.

Mediante el tabú.

Sin nombrarlo aunque más de 37 millones de personas viven con VIH en el mundo.

Estigmatizando.

Haciendo que una situación se tenga que querer vivir a escondidas (en soledad) por miedo a las represalias y al rechazo.

Ese es el mensaje que le hemos mandado como sociedad a las personas a las que se les transmitió un virus.

Te lo mereces.

Hablando falsamente de grupos de riesgo.

A las folladoras, a las putas, a los drogadictos, a los negros.

Siempre al otro, siempre en la alcantarilla social, siempre en el margen.

Nunca aquí, nunca a nosotros.

Como si en este planeta no conviviéramos todos y todas con ciervos, musarañas, bacterias y virus.

Como si el único requisito para que un virus te habite no fuera tener vida.

De esta manera hemos gestionado el miedo los seres humanos.

Excluyendo.

Chantajeando incluso a personas públicas con VIH.

Haciendo de sus circunstancias un arma arrojadiza.

Amenazando con revelar "un secreto" para perjudicarles.

Como si no fuera suficiente que se siembre en ti la conciencia de la muerte futura.

Como para que encima jodamos más.

Como para hacer la existencia más difícil al resto de seres humanos.

Hoy, que todo el mundo habla de un virus distinto.

Del COVID-19.

Ahora que hemos descubierto que nadie es inmune.

Que nuestra inmortalidad no es sino un espejismo.

Que da igual lo "lo bueno", lo que "te esfuerces" o lo que "sueñes".

Que hemos tomado conciencia de que nuestra carne y la carne de nuestra carne es vulnerable.

Espero que toda esta enseñanza no se evapore y quede para después.

Espero que el otro virus tenga la visibilidad y la naturalidad que siempre tuvo que tener.

Espero que dejemos de perpetuar ese odio sobre el otro.

Espero que no hagamos sentir culpa o vergüenza a nadie por lo que tenga o deje de tener en la sangre.

Espero la dignidad.

Espero que aprendamos a tratar a los demás mucho mejor.

Con todo el afecto, solidaridad y empatía que se merecen.

Por mi madre.

Por todas las personas que se fueron.

Por todas las que están y son.

Y por todas las que vendrán.